Un gran escandalo: A tres años del doping que conmocionó a River

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En 2017, los casos positivos de Martínez Quarta y Camilo Mayada en plena Libertadores fueron un duro golpe para el equipo de Gallardo. Acá, un repaso de lo vivido en aquellos días.

Fue un mazazo. Un golpe durísimo de digerir para todo el mundo River y que sin dudas marcó a aquella Copa Libertadores, en la que fue eliminado por Lanús en semifinales. El 22 de junio de 2017, en Núñez recibían la confirmación de un segundo caso de doping: Camilo Mayada se sumaba al de Lucas Martínez Quarta​, a quienes en los análisis de orina que le realizaron en sendos controles se les detectó una sustancia llamada hidroclorotiazida, un diurético que se utiliza para eliminar líquidos del cuerpo debido a que provocan una pérdida de agua por la paralización parcial de la reabsorción.

Y entre descargos y explicaciones de cómo fue que esa sustancia ingresó en los organismos de ambos jugadores, la Conmebol resolvió sancionarlos con siete meses de inactividad, más una multa de 20 mil dólares a cada uno. Ahora bien, las suspicacias que se generaron alrededor de estos casos de doping llegaron a niveles insólitos, al punto que algunos medios especularon con que la cantidad de positivos habían sido siete y que se habían ocultado. Algo totalmente falso, ya que hasta el propio presidente de la Conmebol, Alejandro Domínguez, se encargó de dejarlo en claro en su momento: «Lo de los siete casos de doping en River fue morbo, nunca fueron más de dos». Y en Olé hacemos un repaso de cómo sucedieron los hechos, paso a paso.

Lucas Martínez Quarta dio positivo el 10 de mayo de 2017 contra Emelec, al cabo de un partido en el Monumental que terminó 1-1. Mientras que a Camilo Mayada, le ocurrió el 18 de mayo, en el triunfo 3-2 sobre Melgar en Arequipa y en el que el uruguayo convirtió un gol. A ambos se les detectó la sustancia hidroclorotiazida, tipo de diuréticos que ocupa el quinto lugar en la tabla de las drogas más utilizadas, con el 6,7% de todos los resultados positivos en el mundo.

Desde un primer momento, desde el club atribuyeron el episodio a una «contaminación generalizada». Más precisamente, le apuntaban a los suplementos vitamínicos que contienen dosis permitidas de cafeína que algunos jugadores de River (sólo lo hacían los que querían) tomaban desde hacía tres años. En River adoptaron la teoría de la contaminación: ese cóctel vitamínico, que toman en la mayoría de los equipos de fútbol del mundo, había pasado controles antidoping en más de 100 partidos. En ese momento River mandó a analizar estos suplementos al Departamento de Toxicología y Farmacología de la Universidad de Buenos Aires a la espera de encontrar la fuente y el origen de una contaminación, pero no pudieron hallarlo: por una cuestión cronológica (los resultados saltaron más de un mes después de los partidos), las muestras enviadas fueron de otra partida a la que tomaron los jugadores por entonces.

River hizo una investigación interna que en algún momento puso en el foco al Doctor Pedro Hansing y al nutricionista Marcelo Pudelka, pero rápidamente se descartó cualquier culpabilidad. De hecho, en River​ siempre apuntaron al complejo vitamínico en sí mismo: para entonces habían cambiado de farmacia ocasionalmente para comprarlos.

Fuente Ole

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