Pezzella cayo a los Xeneizes:“A mis amigos de Boca no les dio ni para cargarme”

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Germán Pezzella no sólo revivió con Olé el durísimo momento que pasó tras contraer el coronavirus, sino también habló de su amor por River. Las ganas de volver, Gallardo, la final de Madrid y el rival superclásico… Mirá.

Pezzella tiene sueños de fútbol. “Jugar un Mundial y volver a River. Los pongo a la misma altura”. Qatar es su desafío y regresar a Núñez, su ilusión. “No es River un club de fútbol y se acabó: es un mundo en el que tenés que estar bien, preparado, te tienen que necesitar. Porque ninguno de nosotros quiere ser un peso ni un compromiso para el club. El otro día leía una nota a Crespo en la que decía ‘no es que no quise volver: no se dio’. Ojalá en mi caso se dé. Somos muchos los de River que estamos por el mundo. ¿Cómo hacemos para volver todos juntos?”, dice. Mano a mano con Olé, además de hablar corazón abierto de lo que vivió tras enterarse que había dado positivo en el test del Covid-19, Pezzella también charló de fútbol. De River.

-De hecho en estos días Driussi, el Pity y Kranevitter dijeron que les gustaría volver cuando aún tengan buen nivel.

-Y sí, porque crecimos ahí y sabemos que hay una exigencia máxima, que no se puede regalar ni medio entrenamiento. Si uno quiere volver, tiene que estar bien. Te llevo al discurso de Pablo Aimar: si no se sentía pleno físicamente, ¿por qué iba a volver para no ser él? ¿Sólo para decir estoy en River? No, porque para nosotros no es así.

-¿Y más con Gallardo, no?

-Sí, claro. Yo creo que ésa es una de las claves de su éxito: el que se entrena al máximo se gana su lugar sin importar el apellido. Eso genera una competencia interna sana y un ambiente en el que todos se sienten representados: el que está jugando siempre es el mejor y el que está afuera entiende que tiene que ganarse el lugar.

-¿Te marcó alguna charla con el Muñeco en el famoso confesionario?

-Ni bien llegó fuimos de pretemporada a Miami. Yo no venía jugando mucho y tenía alguna posibilidad para cambiar de club. Y él lo sabía. No quería irme, pero ya tenía una cierta edad y necesitaba jugar. Me llamó al confesionario y me preguntó directamente, como es él: “¿Qué querés hacer?” Y le dije: “Mirá, Marcelo, ya no me siento un pibe, porque en ese momento tenía 22 años para 23, y necesito un poco más de rodaje, porque uno tiene que jugar y equivocarse para crecer”. Y me contestó: “Quiero que te quedes. Si estás en buen nivel vas a jugar, porque no tengo parámetros fijados de quién tiene que jugar”. Y después de esa charla y lo que me transmitió, me acuerdo que estaba bajando la escalera del confesionario y pensé: “¿Adónde me voy a ir si estoy en mi casa?”. Y resultó bien.

-Te tocó competir con jugadores muy afianzados, como Maidana.

-El hijo de puta estuvo jugando 8 años en River y fue el tipo más regular, porque cambiaron todos y él seguía ahí. Era la bandera de esa defensa. Es muy difícil así, ja. Cuando llegó Marcelo, Eder (Balanta) estaba en el Mundial y Funes Mori venía corriendo de atrás.En la pretemporada de Miami el Melli estaba que volaba, no sé qué había tomado en las vacaciones, ja. Y se ganó su lugar, y así era para todos.

-Hoy es igual. ¿Cómo ves a los defensores actuales de River?

-Me hace acordar un poco a nuestra etapa. Hay competencia entre cuatro buenos centrales: Paulo Díaz, el Chino, Rojas y Pinola.Eso le da la posibilidad al técnico de tomar decisiones según el partido, poner línea de tres, línea de cuatro… Y eleva la confianza del equipo a otro nivel. Rojas este año arrancó a jugar y de repente es el mejor todos los partidos, pero eso es porque hay todo un trabajo detrás.

-¿Viste los partidos finales del torneo pasado? ¿Te sorprendió cómo se escapó el título? ¿Sufriste como hincha?

-Sí, obvio, en este momento ya estamos como hinchas a pleno. Me he puesto a ver partidos a las 3 de la madrugada y mi jermu me quería echar de casa porque gritar goles en medio de living mientras ella estaba dormida. Pero bueno, lo del torneo son cosas que se dan, el fútbol es demasiado imprevisible. Se dio de esa manera y dolió por todo lo que implicaba, que atrás venía Boca… Pero no pasa nada, es un equipo que lleva seis años llegando a finales.

-¿Reaparecieron amigos de Boca que estaban desaparecidos?

-(Se ríe). Sacaron la cabeza de abajo de la alfombra, ja, ja. Pero no, te digo que ni eso, eh, porque obviamente no les alcanzó para salir a cargarnos. No abrieron mucho la boca porque inmediatamente tenían la respuesta…

-¿La final de Madrid mata todo, no?

-¿Y qué querés? Esa final fue la frutilla del postre y quedará en la historia para siempre. Pero te juro que cada vez que me acuerdo de ese día me pego la cabeza contra la pared, porque estaban el Melli, Mercado, todos los chicos en la cancha y me mandaban fotos y videos y a mí me coincidió justo que ese día jugaba. Lo vi acá, solo, pegándole a las paredes.

-¿Con la Selección qué ilusión tenés?

-Quedarme afuera del Mundial fue bastante duro. Sabía que estaba dentro de las posibilidades pero en ese Mundial, en mi puesto, decime si me equivoco, fueron tres centrales nada más: Marcos (Rojo), Nico Otamendi y Fazio. Entonces me veía adentro, porque uno hace números y pensaba que era mi chance. Obviamente que me quedé con una sed de revancha impresionante y hoy me siento orgulloso de poder formar parte de este proceso que arrancó.

-¿Quedó alguna bronca con Sampaoli?

-Obviamente que sí estaba con bronca, pero no soy de agarrármela con el técnico. Uno no es boludo y se da cuenta, hay señales que uno va leyendo, ¿viste? No puedo decir que me quedé con bronca con Sampaoli porque él me hizo debutar en la Selección, que era el sueño de mi carrera. Si yo hubiese sido el técnico me habría llevado, ja, pero es Argentina, cualquier otro chico puede pensar que se merecía estar.

-Las vueltas de la vida: ahora tenés como compañero de zaga a Otamendi, que también quiere jugar en River…

-See, ja,ja: sacó su faceta millonaria. Cuando vamos a la Selección nos reímos mucho porque entre las cargadas que van y vienen están los de Boca y estamos los de River, pero siempre con buena onda…

-¿Cómo es jugar con Messi?

-Uffff. Impresionante. Impresionante. Transmite cosas… Es difícil de explicar. Entra él y su aura al lado. Pero así y todo es un pibe totalmente normal que se encontró con un par de descarados: De Paul, Paulo, el Tucu Pereyra. Él se acercó mucho a nosotros.

-¿O sea que está bueno que alguno le falte un poco el respeto, por decirlo así, para romper el hielo?

-Sí, porque al fin y al cabo estamos todos para lo mismo. Llegar a un lugar donde puede hacer lo que se le cante y ser él mismo está bueno. Hay buen clima, la pasamos bien y, además de estos que hablamos, hay gente con muchas ganas, ja.

Fuente Ole

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