y su “hilo rojo” con River
El actual delantero de River fue buscado por el “Xeneize” hace un tiempo: los motivos por los que se negó a llegar al equipo dirigido por el “Virrey”

Nacho no aguantaba más. Se había ido de Argentina hacía seis años y aunque las cosas no le estaban yendo mal en el Al Ain, jugaba en el destino más exótico que le había tocado. El canterano de Newell’s fue transferido al fútbol mexicano después de consagrarse campeón del Apertura 2004 de la mano del Tolo Gallego, su mentor. Y luego había probado suerte en Grecia con el AEK Atenas. Ya en Emiratos Árabes, los lujos y excentricidades jamás lo terminaron de embelesar.

Un llamado de Gerardo Martino, que había agarrado a la Lepra hacía un semestre, lo terminó de movilizar. Ignacio Scocco movió cielo y tierra para regresar al país y al club que lo vio nacer. Se unió a un conjunto que tenía al Tata y referentes como Gabriel Heinze, Lucas Bernardi y Maximiliano Rodríguez. Y volvió a exhibir su faceta de goleador de alta calidad.

Newell’s fue escolta de un Vélez campeón en el Torneo Inicial 2012 y se preparó para afrontar la Copa Libertadores 2013 en el primer semestre de ese año. Mientras tanto, Scocco la rompía e inflaba redes: se consagró goleador del campeonato junto a Facundo Chucky Ferreyra (13 tantos cada uno), del Fortín.

Tan elevado fue el nivel futbolístico que mostró el oriundo de Hughes (pueblo situado a unos 150 kilómetros de Rosario) que le valió una convocatoria para la Selección local que armó Alejandro Sabella de cara a los clásicos amistosos contra Brasil. Y con un doblete suyo, Argentina se impuso -paradójicamente en la Bombonera– frente al team de Mano Menezes, que había ganado la ida en Goiania y celebró en la tanda de penales pese a que Nacho marcó el suyo.

El elenco de Martino daba que hablar: marchaba líder en el torneo doméstico y había eliminado a Vélez en los octavos de final de la Libertadores. Se le venían tres encuentros cruciales contra Boca.

Con el regreso de Carlos Bianchi y el liderazgo de Juan Román Riquelme, el Xeneize metía miedo en el certamen continental. Había eliminado al Corinthians (su verdugo en la final de la edición anterior y vigente campeón) en San Pablo y era favorito, por historia, ante Newell’s.

Fue una serie en la que pasó poco y nada durante los 180 minutos. Boca insinuó más pero la ida finalizó 0 a 0 en la Bombonera. En medio, Newell’s goleó 4-0 a un equipo de Bianchi plagado de suplentes en Rosario y se mantuvo en la cima del campeonato local. Y llegó el turno de definir la clasificación a semifinales en el Parque Independencia.

Fue cerrado y, en la cabeza de Nicolás Blandi -tras un centro de Riquelme-, Boca tuvo la victoria: el palo se la negó. Los del Virrey soportaron la igualdad con inferioridad numérica por la roja a Clemente Rodríguez más de media hora y se selló otro empate sin goles.

Scocco no pesó. Los resúmenes de aquellos duelos apenas muestran una gran volea despejada por Orión en la Bombonera y sus dos penales acertados en la interminable y emotiva serie que depositó al Rojinegro en la siguiente ronda. Bianchi masticó bronca y tragó veneno por la eliminación, pero anotó el nombre del punta de Newell’s en su libreta personal: estaba decidido a buscarlo en el siguiente mercado de pases.

Concluida la temporada 2012/2013, Nacho estaba en boca de todos. El celular de su representante, Fabián Soldini, no dejaba de sonar. Y en uno de tantos llamados se oyó del otro lado del teléfono a un miembro importante de la secretaría técnica de Boca.

– Hola, Fabián. Me gustaría reunirme con vos para hablar del pase de Scocco. Carlos lo quiere…

– ¿Cómo andás? Lo veo difícil, pero dejame que lo consulte y te aviso.

Muchos piensan que Boca buscó a Scocco en 2014, cuando jugaba en el Sunderland inglés. Pero las tratativas reales se hicieron a mediados de 2013, justo antes de que el Inter de Porto Alegre desembolsara más de 6 millones de dólares por su ficha.

Los brasileños se convirtieron en un competidor imposible para el mercado local. Scocco fue tentado por equipos de varios países hasta que firmó su contrato en suelo gaúcho, donde fue recibido por cientos de hinchas con bombos y platillos que, en un extraño portuñol, gritaban “Dale, dale Scocco”.

A Boca se le iba a hacer imposible acercarse al monto por el que se efectuó su venta, aunque hubo un detalle no menor que incidió en su llegada frustrada al Xeneize. Como aclaró públicamente en más de una ocasión, gran parte de la familia y amigos de Scocco son fanáticos de River. Y el hecho de vestir los colores azul y oro era considerado por él mismo como una traición a su círculo íntimo.

– Nacho, me llamaron de Boca… ¿Qué hacemos?

– Olvidate, ni te juntes. No juego ni en Central ni en Boca.

– Está bien, quedate tranquilo.

Su agente sabía cuál iba a ser la respuesta de su representado, pero por obligación profesional, hizo el intento. Scocco lo tenía más que claro y estudiado: las únicas camisetas que no se ponía en Argentina tenían azul y amarillo, a bastones verticales y con tres franjas horizontales. Su prioridad en el país siempre fue Newell’s pero nunca dejó de perseguir la ilusión de hacer felices a los suyos y ponerse la banda roja, algo que cumpliría un tiempo después.

En definitiva, desde la Ribera hicieron las gestiones y se movieron para contratarlo de cara a la temporada 2013/2014, pero el no de Nacho fue rotundo. Quiso el destino que a Boca llegaran en ese mercado para reforzar la ofensiva Emmanuel Gigliotti, Claudio Riaño, Diego Perotti y Franco Cángele, futbolistas que no terminaron de convencer o rendir.

Bianchi duró poco más de un año en su tercer ciclo en Boca: fue destituido tras perder con Estudiantes de La Plata por la cuarta jornada del torneo de Transición 2014.

Para ese entonces, Nacho ya habría regresado a Newell’s tras un semestre en Brasil y otro en Inglaterra, donde actuó en el Sunderland. Jamás se adaptó al Brasileirao ni a la Premier League y resignó un dineral con tal de vestirse otra vez de rojo y negro.

Enterados de su negativa por cuestiones afectivas el año anterior, a mediados de 2014 la directiva xeneize echó por tierra la chanca de buscarlo: estaban dispuestos a invertir en su pase pero la cúpula quedó ofendida después de que el jugador pateara la mesa de negociación. Por ese motivo jamás se entablaron nuevas charlas.

En 2016, River estuvo a punto de comprárselo a Newell’s, que atravesaba una crisis institucional importante con fuego cruzado entre dirigentes y referentes del plantel, incluido Nacho. No hubo acuerdo económico entre los clubes, algo que sí sucedió al año siguiente.

Mientras él planifica retirarse en la Lepra cuando termine su contrato en Núñez, está latente la posibilidad de ganarle la Libertadores nada menos que a Boca (al que le convirtió en el último Superclásico doméstico) y disputar el Mundial de Clubes en Emiratos Árabes a fin de año.

Casualmente en tierra asiática existe una creencia mitológica que afirma que “un hilo rojo invisible conecta a aquellos que están destinados a encontrarse, sin importar tiempo, lugar o circunstancias”. La historia de Scocco con River parece tener algo de eso.

Fuente Infobae