Ole y su columna fuerte: «La revancha no es la final de Madrid sino son cinco al hilo «

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Para que Boca se desquite frente a River, además de ganar una hipotética final en esta Libertadores deberá levantar un tortuoso récord adverso: cinco mano a mano perdidos seguidos. La paternidad de Gallardo es histórica, algo que no consiguieron ni Carlos Bianchi ni el Toto Lorenzo.

Maidana, Gallardo, Enzo Pérez, Ponzio y Juanfer Quintero, protagonistas la final de la Copa Libertadores de 2018, un partido sin mañana que quedó para siempre en la historia del futbol mundial.

Si los hinchas de Boca sintieron los goles de Gabigol en la final de Lima como propios, allá ellos. Si más acá el tiempo, en marzo de este año, festejaron y celebraron como una revancha el campeonato que tres fallos impresentables del línea Gabriel Chade y el árbitro Patricio Loustau le sacaron de las manos a River frente a Atlético Tucumán, también allá ellos.

Cada uno afronta las cosas como puede, nada que reprochar. Pero hay una sola verdad: la revancha que tiene Boca por delante va más allá de lo que pasó en Madrid, es un recorrido más largo y tortuoso. Es remontar el Everest de las cinco palizas seguidas que el River de Gallardo le pegó. Es ese combo completo, a no engañarse.

Pero bueno, con el permiso de Paranaense, Inter de Porto Alegre, Racing, Nacional de Montevideo y tantos otros enormes equipos, el juego de una hipotética final entre River y Boca en la Copa Libertadores está planteado. Y ante eso hay que empezar por algo que todos ya conocen: lo que ocurrió el 9/12 quedará en la historia del futbol mundial. El Bernabéu y unos 4.000 millones de futboleros alrededor del planeta fueron testigos de un partido sin mañana, algo que nunca volverá a suceder.

Luego hay que llevar las cosas al llano. Cualquier hincha de Boca sabe -pero lo oculta- que esas cinco heridas a las que todos los días les cae sal siguen abiertas. “Si Boca le gana a River en la final se toma revancha”, escucho decir por estas horas. Y un poco de ternura causa de verlos tan conformistas de repente. No muchachos, no es así.

Se habrán olvidado que también deberán tomarse revancha de otra final perdida en Mendoza, de otras dos semifinales internacionales memorables y de una eliminación más en octavos (los hinchas de River prometemos no abandonar ni tirarles gas pimienta en la cara a los jugadores xeneizes que lo intenten). Recién ahí las cosas se emparejarían. Pero si omiten eso en el recuerdo, que se queden tranquilos los primos que siempre habrá una gallina cerca para refrescarles la memoria con el penal de Barovero, los goles del Pity y Scocco, o la paliza de la noche en que el Boca de Alfaro fue al Monumental al colgarse del travesaño.

Si hasta hace pocos años bancamos estoicos las verdugueadas exprimidas a más no poder de la muleta de Palermo o la gallinita de Tévez, ahora que se preparen porque tenemos con qué darles.

La paternidad del River de Gallardo nunca ocurrió en la historia de ambos clubes. Ni dos gigantes como Carlitos Bianchi y el Toto Lorenzo alcanzaron algo así. Recién el día que Boca ponga al Millo de rodillas durante seis años seguidos, mano a mano, con un “cinco al hilo” similar al logrado en el ciclo del Muñeco, podremos todos volver a hablar de revancha.

¿Puede ocurrir algo así? Por supuesto que sí, Boca es un grande. Además, la calesita nunca deja de girar. Pero mientras tanto el desquite ahogado será comprando la hermosa casaca del “Mengao”, prendiéndole velas al Ruso Zielinski, jugando a la Play o contándole al psicólogo aquello que les queda pendiente.

Fuente Ole

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