Martín Palermo: el goleador que no quiso San Martín y casi cambia la historia de Boca para siempre

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La historia del no de los “santos” al hombre de los 181 festejos con la camiseta de Boca.

Durante la preproducción de esta nota, se cruzó un hincha de San Martín y se preguntó: “¿para qué? Si está Campodónico”. La respuesta a cuánto habrían festejado si Martín Palermo hubiera jugado La Ciudadela surgió con la sonrisa acorde a estos tiempos, tan cercanos al regreso a Primera, luego del descenso hasta nuestra Liga. Esos años duros fueron una consecuencia de decisiones dirigenciales. Como muestra, el increíble “no” a Palermo durante la presidencia de Ricardo Seoane. ¿Hubiera triunfado “La Garza”, como le decían en el 95, en La Ciudadela? Con sus goles, ¿se hubieran lamentado el exilio del mapa futbolero? ¿Palermo se hubiera disfrazado de travesti en una provincia tan futbolera? Imposible saberlo. El tiempo, maldita daga, se clava en la historia de lo que no fue. La realidad indica que “Loco” es el máximo goleador en la historia de Boca.
Hasta la asunción de la Gerenciadora del NOA fue política habitual cambiar planteles completos, producto de fuertes inversiones. Sin embargo, una vez la mesura censuró al espíritu visionario: nadie quiso pagar los $ 20.000 que costaba el préstamo a Estudiantes de La Plata, donde el DT Miguel Russo no tenía en cuenta a Martín.
Fue entonces que Palermo, con 21 años, armó el bolso y probó suerte en La Ciudadela. Lo que no sabía era que también iba a prueba. “Sí, dirigía Héctor Jesús Martínez, y en el equipo estaban Juan Amador Sánchez, Turdó, el Pato Míguez… Hice una práctica y metí un gol, asistencia de Hernández, que era el 10. Me fue bien, el DT estaba contento. El sábado arrancaba el torneo y ya estaba en el equipo. Era jueves, si firmaba el viernes, jugaba”, recordaba Palermo en “Olé”, hace un año y medio, previo a jugar por única vez en Bolívar y Pellegrini, en un amistoso.
Hace dos domingos, cuando alcanzó el récord de Franciso Varallo, muchas cosas se cruzaron por la cabeza del goleador. Y una de ellas fue qué habría sido de su vida si se hubiera quedado en San Martín. “Quizá hubiera cambiado mi carrera”, reconoció. “El dirigente que lo dejó ir, después nos decía que se quería matar”, contó Juan Amador Sánchez, compañero de pieza del “Loco” durante esos días.
El defensor, al igual que Palermo, nunca dio el nombre y apellido del directivo. “Yo quería jugar, pero nadie se movía. Hasta que me reuní con un dirigente. Lo primero que me dijo fue: ?¿quién sos? ¡¿Cómo?! Yo ya había entrenado y el tipo no me conocía. Le comenté la situación y me preguntó: ?¿qué hay que hacer?? Le contesté que había que pagar un préstamo a Estudiantes y se negó”, contó Palermo. Sí, para agarrarse la cabeza.

 

La edición del diario “Clarín” del 26 de agosto del 95 anunció a Martín Palermo entre los titulares de San Martín para debutar contra Deportivo Morón, en el oeste bonaerense. “San Martín (Tucumán): Irusta; Jiménez, Sánchez, Turdó y Míguez; Vaquel, Di Risio, Pereyra y Hernández; Palermo y Salgado”, decía la información, pero como contó “Petete” (ver punto de vista), “El Loco” integró la delegación en Buenos Aires pero nunca jugó oficialmente en el “santo”
Para colmo de males, el técnico Héctor Jesús Martínez duró pocas fechas. “En ese torneo fuimos un desastre y Palermo empezó a meter goles en Estudiantes”, recordó Juan Amador Sánchez, que después de la primera rueda pasó a Atlético.

 

Recién habíamos perdido la final con Colón. Se había ido Gareca y había asumido Martínez como técnico. Buscábamos un 9 de jerarquía. Nos manejábamos entre Wensel y Palermo. Al final, ante el pedido del entrenador nos tuvimos que inclinar por Wensel, que era muy querido por la hinchada, venía de ser ídolo en Banfield y tenía la ventaja de conocer la categoría. ¿Si no fui un visionario? Esta clase de situaciones ocurren a montones en el fútbol. ¿Creen que Quilmes hubiera vendido a Villa a Atlético? Es más, les cuento algo que ocurrió en los 90. Por medio de un empresario, nos ofrecieron un pibe que pintaba bien y que en las inferiores de Newell?s era goleador, pero el técnico de turno decidió traer un delantero de experiencia. Ese pibe era Gabriel Batistuta.

 

Además de Martín, en esa temporada llegaron varios jugadores. Palermo estuvo tres semanas previas al debut en el Nacional “B”. En los partidos de práctica de la pretemporada, Palermo formaba la delantera con el “Cachi” Zelaya. El equipo formaba con Irusta; Jiménez, Sánchez, Llop y Míguez; Vaquel, Di Risio, Pereyra y yo; Martín y Zelaya. Nunca supimos la verdadera razón de su partida, sobre todo teniendo en cuenta que en los amistosos había conquistado varios goles. Recuerdo que un viernes estábamos en el aeropuerto antes de viajar para jugar con Morón, todos con ropa deportiva, menos Palermo, que estaba de civil. Le pregunté por qué y él no supo contestarme. Viajó con nosotros a Buenos Aires y allí le dijeron que no iban a contratarlo.

Fuente La Gaceta