La historia de El Raton Ayala que le decían que era Pele,le daban un sandwich de mortadela y ganaba solo los partidos

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Rubén Ayala: “El Toto Lorenzo me decía Pelé y me compraba un sánguche para motivarme”
El “Ratón” fue campeón con San Lorenzo y con Atlético de Madrid y se destacó en la Selección. Desde hace dos décadas, trabaja en el fútbol de México.

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El entrenamiento de San Lorenzo sucedía con calma en la pretemporada de 1972. Era un martes cualquiera, en la antesala de un equipo destinado a los mejores recuerdos. Era el nacimiento de un plantel bicampeón.¡Vení, Pelé! ¡Vení para acá!”. La voz mandona de Juan Carlos Lorenzo, El Toto, era lo único que se escuchaba en esa mañana. En ese mundo que apenas cabía en la avenida La Plata, Rubén Ayala era ese “Pelé”. Su talento era el que lo acercaba al crack brasileño. Su aspecto resultaba estrictamente lo contrario: pelo largo, cara de asombro, bigote de Pancho Villa, sonrisa módica. Aquel momento marcó un antes y un después. Y así lo recuerda el Ratón desde México: “El Toto me decía ‘Pelé’ para motivarme. Porque decirte ‘Pelé’ era decirte que eras el mejor”.

-¿Y hacía algo más para motivarlo?

-Y, sí… En la concentración me compraba un sánguche. Era como una cábala. Me acuerdo y me río. Teníamos un equipazo. Ganamos todo, pero también teníamos esas cosas, esos momentos…

-Aquel San Lorenzo marcó una época. ¿Se lo recuerdan cuando anda de regreso por Buenos Aires?

-La verdad es que me reconocen más en Madrid que en Boedo. En los taxis, en las calles, en el club mismo… Pero no creo que la gente de aquel tiempo se haya olvidado.

-Lo del Atlético fue muy fuerte: el ciclo más exitoso hasta la llegada del Cholo Simeone como entrenador. ¿Cómo fue aquello?

-Teníamos un equipazo. Competíamos mano a mano con Real Madrid y con Barcelona. Y también en Europa siempre estábamos ahí, en la pelea. Era un grupo con una gran personalidad.

-Ganaron la Liga, la Copa del Rey, estuvieron a casi nada de la Copa de Campeones, lo que hoy llamamos la Champions…

-Sí. Se armó algo grande. Con gente muy valiosa, de experiencia, todos convencidos.

Otra vez el Toto Lorenzo lo tenía ahí como su Pelé. “Fue un gran entrenador para todos los que lo conocimos”, dice Ayala.Resultado de imagen para raton ayala y toto lorenzo

-También los dirigió Luis Aragonés, el hombre que marcó un antes y un después, junto a Vicente del Bosque, en el fútbol de España…

-Un fenómeno, un sabio del fútbol. Un tipo que siempre entendió de qué se trataba el club. De él tengo los mejores recuerdos. Fue el que se animó a hacerme capitán del Atlético.

-¿Cuáles eran sus rasgos más salientes?

-Un tipo de primera, muy recto. Un señor. Tenía la moral por el cielo. Y eso te lo trasladaba. Sabía lo que significaba el Atlético, como el Cholo ahora.

-¿Cuánto tiene que ver en su éxito que Simeone conozca al club?

-Todo. Es la clave.

-¿Por qué?

-Porque se crió ahí, porque es de ahí. Porque sabe todo: qué decir, cómo manejarse, cómo motivar. También por eso le gustan jugadores con largo recorrido en el club. Como Gabi, como Juanfran, como Godín, como Koke… Es difícil que lo entienda aquel que no jugó en el Vicente Calderón.

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-¿Sigue la campaña del Atlético?

-Claro. Uno se hace hincha para siempre en un lugar así.

Rubén Hugo Ayala Zanabria nació en Humboldt, en el Departamento de Las Colonias, en el centro de Santa Fe, en el verano de 1950. Desde aquel 8 de enero fundacional hasta hoy, el hombre se hizo conocido en el mundo del fútbol por sus logros y por sus destrezas. Y en los otros mundos se lo conoce a través de publicidades que siguen latiendo en ámbitos universitarios. “En Europa no se consiguen”, decía. La frase que se hizo cliché nació de su boca de joven deportista. Se refería a su calzado “Interminable”. Se ríe ante el recuerdo de ese puñado de palabras que lo trascendieron.

Fue un protagonista fundacional en el territorio de los apodos. El es el Ratón Ayala original. Desde entonces, casi todos los Ayala se convirtieron en “Ratones”. Incluido Roberto Fabián, defensor emblemático de la Selección, el segundo que más jugó en la historia del equipo nacional: 115 partidos). “Yo fui el primero con ese apodo. Me decían así por cómo jugaba. Me escurría”, señala.

Vivía en Lanús cuando todos los que vivían cerca de su casa le contaban que jugaba mejor que todos los vecinos. Que cada uno y que todos juntos. Había otro de los buenos ahí cerca, en los barrios del Sur del primer cordón bonaerense. Le llegaban ofertas para jugar por ahí. Le quedaban más cómodas las canchas de Racing y de Independiente. Pero el destino quería otra cosa. “Me quedaba lejos la Capital. Era más fácil que me probara en Racing, como me habían dicho. Pero un tal Fernández me dijo de ir a probarme a San Lorenzo -recuerda-. Con mi amigo Cacho Heredia, que vivía a dos cuadras de mi casa, fuimos. No sabíamos que todo quedaba tan lejos. Teníamos que ir con él hasta Comunicaciones, donde nos probábamos”.

En esos días adolescentes comenzó la carrera de crack. “Martes y jueves íbamos a Comunicaciones. En colectivo hasta Pompeya y después otro hasta Agronomía. Nos daban 150 pesos de la época, un sánguche y una Coca Cola a los que jugábamos bien. También me ayudaban mis hermanas para viajar”, señala con una memoria que los años vividos no dañaron ni un poco.

-Con Cacho Heredia jugaron juntos desde San Lorenzo hasta la Champions, pasando por la Selección…

-Éramos como una pareja del fútbol. Fue un recorrido imborrable. (Se ríe, otra vez, abordado por el recuerdo)

-Le tocó ser parte de equipos estupendos…

-En el ’68, con Los Matadores, ya estaba con el plantel de Primera. Me tocó jugar con monstruos como Albrecht, como el Lobo Fischer, como Cocco.

-Arrancó a la altura de las estrellas. ¿Cómo fue eso?

-Cuando uno arranca, se siente que está en las nubes. Pero la consolidación en Primera es muy difícil. Nos pasó a muchos, también en ese tiempo: a mí, a Brindisi, al Beto Alonso, a Babington. No era fácil. Siempre es difícil la adaptación cuando llegás tan joven a Primera.

“¡Corré, nene!”, le gritaban en las prácticas. Y él corría. Escuchaba, aprendía, se adaptaba. Ya estaba a punto de explotar.

-Y en el ’72 fueron bicampeones…

-Se armó un equipazo. Nos acostumbramos a ganar. Y cuando eso pasa todo es más fácil.

Ayala dialoga con Clarín desde ese lugar que lo cobijó como si allí hubiera nacido: México lindo y querido. “Acá me hacen sentir como en mi casa. Es una sensación muy linda la que genera el pueblo mexicano”, dice. Se percibe su gratitud en cada sílaba.

Recorrió equipos, ciudades, fue campeón. Sus pasos por ese territorio, ya como entrenador, comenzaron Justo después de que las bellezas de la Ciudad de México conocieran las bellezas del mayor de los magos: Diego Maradona.

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La lista es larga: Querétaro, Tampico, Ciudad Juárez, Correcaminos de la UAT, Pachuca, Universidad del Fútbol, Titanes de Tulancingo, Murciélagos y ahora León. Trabajó con planteles profesionales, como asesor, como formador de juveniles. Vivió desde adentro el proceso de crecimiento del fútbol mexicano. Ese que derivó en títulos: desde la Copa de las Confederaciones de la FIFA en 1999 hasta el oro olímpico en Londres 2012.

-¿Cómo vivió ese proceso desde adentro? ¿Cómo sucedió?

-Se hizo un muy buen trabajo desde abajo, desde las fuerzas básicas.

-¿Y qué es lo que le falta para dar el salto en los Mundiales?

-Terminar con el fantasma del quinto partido. Tiene con qué.

-¿Cómo les puede ir en Rusia 2018?

-Son optimistas. Y me parece bien. No será fácil. Pero en algún momento tiene que pasar ese quinto partido.

Fuente Clarin