La columna de Farinella con dolor pero con esperanza titulada: «queda la heroica»

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River volvió a dar ventajas defensivas y después no fue contundente para levantar un resultado muy cuesta arriba. Independiente resultó bastante parecido a Palmeiras…


Las derrotas duras dejan su huella. También es un sello de este ciclo de tantas alegrías. Cuando viene la mala, viene y necesitamos una muy importante para dar vuelta la página. Evidentemente, el 0-3 con Palmeiras tuvo consecuencias. Vimos en Banfield un River descolorido, apagado, lento, sin fuego, hecho ceniza. Un rival que venía con más problemas que los epidemiólogos con el Covid y que jugó un poquito incentivado, seguramente por la motivación de enfrentar a River, se hizo un festín. Un golazo del pibe Velasco y otro un poco del mismo prometedor joven y más de Armani, nos dejaron casi afuera en el PT de la posible final de este torneíto.

Más parecido a haber quedado casi afuera de la final de la Copa en los primeros 90 no puede haber. Estamos obligados a revisar para entender y poder mejorar.

River perdió eficacia defensiva y viene siendo un equipo demasiado frágil en defensa. La inseguridad de Armani es por contagio. La defensa da tantas ventajas que a veces parece mentira. Cuando un equipo defiende tan mal y facilita tanto la tarea del rival, hace la cosa muy cuesta arriba para los de adelante, que además tienen que combatir contra rivales con el cuchillo entre los dientes, dispuestos a dejar hasta la última gota de sudor para sacarse el premio mayor de ganarle a River.

Un equipo que apuesta al juego como River, cuando tiene a sus creadores en un nivel bajísimo, como fue el caso de Nacho y Carrascal en esta oportunidad, lo padece inmensamente. Es decir, estamos mal atrás, eso condiciona a los de adelante y el juego no fluye. O sea, estamos complicados.

Este golpe nos llega en un momento inconveniente. El Muñeco habló de limpiar la cabeza antes de la revancha con Palmeiras y evidentemente este partido con Independiente no ayudó en esa búsqueda. Hasta él mismo se enojó y lo echaron, algo no habitual salvo en la persecución sufrida por la Conmebol en los últimos años, que incluyó haberlo desterrado de las finales con Boca.

Queda la heroica
Sumamos fragilidades, una nueva derrota contundente y la impresión de que el arco de enfrente está cerrado por un gualicho intergaláctico. El rival hace goles de cualquier lado y nosotros no la metemos ni haciendo jugadas del Barsa de Guardiola.

Ahora queda intentar la proeza en San Pablo. Será muy difícil. Para la gran mayoría, imposible. Está claro que no llegamos bien y también que este equipo merece jugar un gran partido. Guardia alta, frente alta, defender duro y a ser contundentes arriba. Somos 11 para arrancar y tenemos que terminar con 11. Creer en este River siempre vamos a creer, no por optimismo extremo o por fanatismo desmedido, sino porque este equipo se merece ser acompañado hasta el final.

Fuente TyC Sportsw

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