Ilusiona a los hinchas que lo aman: “En todos los recesos pienso en volver a River”

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Desde Rusia, Driussi : su pelea interna por aguantar en Europa contra las ganas de regresar al club de sus amores, el sueño de que lo vuelva a dirigir Gallardo, el gaste eterno a Boca por Madrid y varias perlitas más. Imperdible.

Está acostumbrado Sebastián Driussi. A esta altura es casi un experto en esto de extrañar, de no poder ver a los seres queridos personalmente sino sólo a través de videollamadas. El mundo que millones de personas en Argentina y en todos lados están descubriendo desde hace unas semanas él lo conoce hace años. También el del encierro: en Rusia las temporadas de frío y el choque cultural hacen que el jugador del Zenit muchas veces opte por no salir y quedarse en su casa. Hoy el contexto es otro a nivel global por la emergencia sanitaria causada por el coronavirus, pero el tipo sigue haciendo lo de siempre: extrañar a los suyos mientras disfruta de su mujer y su hija. Y entre los suyos, claro, está River: a sus 24 años, el Gordo pelea internamente semestre a semestre por aguantar allá en el Norte, por hacer un sacrificio para el bienestar de su familia, y así refrenar las ganas de regresar a casa, a Núñez, aunque a veces el deseo se torna incontenible. La disputa entre el corazón (River) y la cabeza (aprovechar estos años de su carrera para seguir en Europa) es tenaz. Por ahora gana la cabeza. Sólo por ahora. Así se lo cuenta Driussi a Olé.

-¿Cómo están las cosas allá?

-Y, mirá, ahora supuestamente por lo que dijo Putin está todo bajo control: no estábamos en la cuarentena obligatoria hasta el 29/3 (y durante 9 días), pero el club ya nos había obligado a los jugadores a no salir por precaución o para cuidarnos porque el virus está: hay 1.200 y pico de casos en 140 millones de habitantes, es poco y parece estar controlado, pero estamos cuidándonos. El 14/3 fue el último partido que jugamos (7 a 1 del Zenit al Ural, con un gol de Driussi) y después paramos: el torneo se frenó hasta el 10 de abril pero seguramente va a ser bastante más.

-La gran mayoría de los casos están, lógicamente, en Moscú. ¿Y en San Petersburgo?

-Acá es distinto. Moscú es el centro de todo, hay mucha gente, muchos turistas, vuelos de todo el mundo, y es la ciudad más comprometida. Pero ésta es la segunda ciudad en importancia, digamos, y por ahora hay pocos casos.

-¿Cómo pasás la cuarentena?

-Con mi hija Franca, mi familia. Entrenando: tengo mi propio gimnasio acá y entreno todos los días para no perder el estado físico. Y después disfruto mucho de mi nena, por ahí cuando te toca entrenar o jugar, con viajes que suelen ser muy largos por lo grande que es el país, puede pasar que la veo poco, así que aprovecho eso ahora, que está en una linda etapa. Se la pasa haciendo dibujitos por todos lados, corre al lado nuestro cuando estamos en el gimnasio, ja. Yo juego bastante el counter strike y ella se me queda al lado gritando “¡pum, pum, pum!”. No sé, pega stickers, está aprendiendo a pintar. Decí que usa lápices y crayones porque si no me viene una multa terrible del dueño de la casa que alquilo, ja, porque pinta todas las paredes.

-¿Y la familia en Argentina?

-Uf, se extraña mucho. Y ellos también están ahí aislados, creo que en ese sentido estuvo bien la decisión que se tomó: porque esto es serio, no son vacaciones, si no alcanza con ver lo que está pasando en España o Italia. Pero claro que extraño a todos, a mis amigos… El otro día un amigo me preguntaba qué tal llevaba el encierro y yo le decía que hace tres años que estoy en cuarentena. Y, más allá de todo, es la realidad: porque salimos poco, vemos poco a la familia porque son muchas horas de viaje, es muy lejos. Estoy acostumbrado. Es un sacrificio para todos, pero es para el bienestar de la familia, lo hago por eso. Acá antes de esta cuarentena cada tanto tratábamos de salir a cenar con mi esposa para distraernos un poco, porque vivimos encerrados, pero realmente el frío es muy incómodo. Las temperaturas que hay acá no te dan tantas ganas de salir. Acá conocí bien de qué se trata el frío, ja.

-¿Qué cosas son las que más extrañás?

-Uh, todo. Principalmente la familia y mis amigos. Comer un asado, pasar un buen momento. Eso es lo que más extraño. Y suelo hacerlo en las vacaciones, pero los primeros días cuando vuelvo a Rusia son muy difíciles. Te soy sincero: a veces mariconeo un poco en ese sentido, se hace complicado. Si te digo la verdad… Todas las vacaciones cuando vuelvo se me pasan mil cosas por la cabeza. Pienso: quiero volver a River, quiero volver a River, quiero volver a River, quiero estar en Argentina. Después de unos días de entrenamiento y con la cabeza un poco más fría se me pasa. Y estoy un poco más preparado, porque me pasa en todos los recesos: por ejemplo, esta última vez se me hizo más tranquilo, porque además sabía que mi familia iba a venir de visita después durante la pretemporada.

-¿Lloraste muchas veces por extrañar?

-Uf, sí, muchísimas. Cuando llegué acá estaba solo, fue bastante duro. En un lugar en el que no entendés el idioma, además. Pero te vas adaptando de a poco. Es inevitable igual extrañar mucho y sufrir por eso.

-¿Y en lo futbolístico? ¿Se extraña el fútbol argentino también o el ruso te llena?

-Claro que se extraña, pero lo que noté en Rusia es que el fútbol creció muchísimo en los últimos dos años por el tema del Mundial. La liga se hizo mucho más competitiva, está muy buena. Por suerte ahora vamos primeros a nueve puntos del segundo, pero más allá de eso puede pasarte que te gane el último de la tabla como pasa en Argentina. A nivel europeo, igual, todavía le falta un poco: es otro ritmo. Y de eso nos dimos cuenta en la Champions cuando nos enfrentamos a otros equipos como el Lyon o el Benfica: nos falta una marcha más. Pero a medida que pase el tiempo va a seguir mejorando.

-Ah, eso ni hablar, y lo sufro en carne propia. La pasión es muy distinta: a veces parece que perder es lo mismo que ganar. Por ahí los propios jugadores no le dan importancia al tema: les da lo mismo, o lo toman con más tranquilidad. Acá lo que nos pasa es que en el equipo somos varios sudamericanos, a nosotros nos da bronca perder un partido, o si perdemos un clásico nos queremos matar, entramos al vestuario pateando botellas o lo que nos encontremos, re calientes. Y ellos lo viven distinto: te dicen “tranquilo, ya pasó”. Lo vivimos diferente, son otras culturas. Pero por eso hay tantos sudamericanos: a los hinchas rusos les gusta que los jugadores nos enojemos, ja.

-¿Eso es lo que más se extraña de River?

-En River era muy distinto. Pero no sólo en los partidos: en los entrenamientos también. Esa competitividad en el plantel era tremenda, y nos pasó en todos los equipos de Marcelo (Gallardo). Podías hacer tres goles el fin de semana, pero si él te veía mal en un entrenamiento no jugabas, es así. Tenés que entrenarte al máximo, no te podés relajar un segundo porque los demás se mueren de ganas de jugar también.

-Hace poco el Pity decía que en algún punto es difícil seguirle el ritmo de laburo a Gallardo, más allá de lo agradecido que estaba. Barovero admitió que se fue un poco por eso: ¿el nivel de exigencia a veces te puede quemar?

-No sé, a mí no me pasó eso, es muy personal de cada uno. Yo no me permitía relajarme, y Marcelo tampoco te dejaba. Creo que era muy bueno que te estuviera encima permanentemente. Y eso no lo encontré todavía en ningún otro técnico. Por eso digo que me encantaría tenerlo de nuevo en algún otro momento de mi carrera, que me vuelva a dirigir, es algo que pienso muchas veces, ojalá pase. Me dejó muchas enseñanzas, como jugador de fútbol y como persona también. Sería muy lindo que la vida nos vuelva a juntar.

-¿Y de los jugadores que tuviste como compañeros a quiénes extrañás más dentro de la cancha?

-Y, con muchos teníamos muchas sociedades. Con el Pity, con Lucas (Alario), el Cabezón D’Alessandro, Nacho Fernández. Fueron jugadores con los que me sentía muy cómodo en la cancha, había buena energía, muy positiva. Y después se extraña el vestuario argentino: acá con el idioma es medio jodido, pero tratamos de hablar lo que sabemos y hacer algunas jodas, si no todo es muy serio, ja…

-Hablando de jodas, ¿cómo es tu relación con Barrios en Rusia? ¿Hubo cargadas por Madrid?

-Normal. No hablamos de la final… Cuando vino tratamos de ayudarlo a que se sienta cómodo, éramos muchos argentinos, él es un poco introvertido. Y ahora está un poco más adaptado también.

-¿Te volviste más hincha de River de lo que ya eras estando afuera?

-Sí, totalmente. Aunque ya era muy fanático, ja, pero uno siempre se hace más hincha cuando no estás en el club, lo ves más desde afuera y más en la lejanía de un lugar como Rusia. Obviamente veo todos los partidos, no me pierdo uno, y tengo un grupo de amigos de la infancia en el que nos volvemos locos todo el tiempo: somos cinco de River y cuatro de Boca. Nos matamos todo el tiempo. Y las cargadas son picantes: ellos cuando les ganamos no aparecen, jaja. Pero bueno, extraño ir a ver al equipo. Hace poco justo estaba de vacaciones y tuve la suerte de ir a la final de la Copa Argentina a Mendoza con mi representante y con mi hermano, que nunca había viajado en avión, fue muy lindo. Y por suerte ganamos, ja.

-¿Y la última final de la Libertadores cómo la viviste a la distancia?

-Uf, la Copa la sufrí mucho, fue un golpe muy duro, así que imaginate para los que jugaron… Son cosas que pueden pasar: hasta que no suena el silbato no se terminan los partidos. Y lo viví con bronca, pero tranquilo porque sabía que los chicos lo dieron todo, llegaron dos veces seguidas a la final, volvieron a eliminar a Boca, no hay ningún reproche, solo agradecimiento: nos han representado fuera del país de la mejor manera.

-¿Y la Superliga con Boca dolió tanto como hincha?

-Mirá: cuando haya un enfrentamiento directo y nos ganen, ahí va a doler, pero nunca tanto como la final en Madrid, ja. Cuando nos ganen como en la época dorada de ellos va a doler. La Superliga ni se compara, no se enfrentaron de manera directa, no fue un mano a mano contra el clásico rival, menos una final, es otra cosa. En estos años cada vez que juegan contra River les agarra algo que les hace no poder ganar…

-El otro día con el Pity bromeaban sobre volver juntos a River. ¿Te gustaría hacerlo a una edad en la que todavía tengas varios años de carrera por delante?

-Claro, yo decía a los 27, 28… Me gustaría volver a una edad en la que no esté para el retiro. Quiero volver y estar bien, no me gustaría hacerlo a los 30 ó 31 y que esté con lesiones y que sufra el fútbol. Quiero ir a disfrutar: eso lo tengo decidido. Como te decía antes, muchas veces se me pasa por la cabeza el regreso. En cada libro de pases pienso en volver a River, porque vuelvo de las vacaciones y extraño. A veces pienso en cumplir el contrato acá, que me quedan un par de años, y ahí volver. Pero después de un tiempo estoy más tranquilo, por ahí ésa no sea la decisión correcta.

Por el momento, el torneo en Rusia está parado hasta el 10 de abril, aunque seguramente se extienda ese plazo.

-¿Lo correcto sería jugar en otro club de Europa antes, tal vez?

-Me gustaría dar ese salto en algún lugar de Europa donde agarre ritmo, sí. Es una ilusión que tengo en algún momento también. Pero bueno, por el momento estoy acá tranquilo. Más adelante veremos, nunca se sabe…

-¿Y la Selección?

-Es un sueño, lo tengo desde chico: hice todas las juveniles, Sub 15, 17, 20, y estar ahí es lo más. Ojalá en algún momento me toque, uno siempre piensa en la Selección. Y por más que no me lo digan yo sé que si hago las cosas bien me van a estar mirando, eso me motiva. Pero tampoco tengo que estar desesperado porque me juega en contra…

Fuente Ole

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