Farinella saco su columna en TyC titulada «El orgullo más grande» dedicada a Boca

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River jugó un partido perfecto, goleó a Palmeiras y la Conmebol decidió eliminarlo para que Boca hoy pase tranquilo a la final. Pero cómo se asustaron eh…


Hay partidos que quedan en la historia y hay ciclos que son históricos. Lo que hizo River anoche, el fenomenal River del Muñeco, no tiene precedentes. El baile que le dimos a Palmeiras, la convicción con la que salió, creyendo en el discurso de Napoleón, fue suficiente para ir minando de a poco la resistencia de un equipo brasileño que después del maravilloso salto de Rojas se hizo cada vez más chiquito.

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River jugó para llegar a la final. Jugó como un campeón. Ratificó que es el mejor equipo de Sudamérica, que tuvo una mala noche en la ida y la pagó demasiado cara. Pero anoche hizo lo suficiente para dar vuelta la historia y la Conmebol, como casi siempre, decidió perjudicarnos.

Va a saltar el coro de bosteros que viene llorando, por supuesto con mentiras incalificables. Que digan lo que quieran. A River lo vienen perjudicando groseramente. Tuvo una a favor y mil en contra. Mil. Siempre decisivas. La última semifinal contra Boca fue tan vergonzosa como ésta, sólo que esa vez ni así nos pudieron sacar. La final en Madrid podríamos escribir un libro de las jugadas todas para ellos. Y anoche la cosa fue clara: buscaron cómo hacer para anular a River y para pararlo de alguna manera.

Es una pena que pasen estas cosas, pero ya estamos acostumbrados. Lamentablemente es tan fuerte el coro mediático bostero que la Conmebol les viene dando el gusto con arbitrajes a favor de Boca y en contra de River, en algunos casos escandalosos. Como anoche, contra un equipo brasileño que, a diferencia de Santos la semana pasada en la Bombonera, fue enormemente ayudado.

Si ganara el mejor, River tendría alguna Copa más. Podemos quedarnos con el lamento de haber cosechado mucho pero no tanto como merecimos en estos años. O podemos inflar el pecho orgullosos por este equipo que tan bien nos representa, que deja la piel, que siempre dice presente en las difíciles y que, con la guardia alta, con todo en contra, ganó demasiado hasta molestar.

River jugó el mejor partido del año cuando debía jugarlo. El Muñeco pidió un partido perfecto y el equipo le respondió. Lo paró el arbitraje, con sus fallos y haciendo tiempo para los brasileños. No hay nada para reprochar al equipo y sí mucho para aplaudir.

Orgullo. Grandeza. Emoción. Reconocimiento y admiración para el Muñeco y para los jugadores que dejaron todo en la cancha. Dejaron la vida por los colores. No se puede pedir más.

Fuente TyC spoorts

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