El ex Racing que hoy vende golosinas: «voy a laburar de lo que haga falta para alimentar a mi familia»

0
5816
Se encarga de manejar la caja.

Diego Villar, aquel barbudo que jugó en Racing, Arsenal y el Tomba, hoy atiende un local de golosinas en Mar del Plata: “Hay que entender que hay otra vida después del fútbol y hay que salir a laburar de lo que sea”. Y cuenta: “Yo ni sabía cómo ponerle el precio a una gaseosa”.

Así como algunos ex jugadores siguen ligados al fútbol (ya sea como entrenadores o dirigentes), otros deben salir a trabajar de algo totalmente ajeno al mundo de la pelotita. Y el presente de Diego Villar es similar al de muchos: pelearla día a día. Es que luego de colgar los botines en Aldosivi en 2018, aquel volante que arrancó en Newell’s allá por el 2001, fue un referente en Godoy Cruz, pasó por Gimnasia LP, Arsenal, la Acadé, Unión y llegó en 2011 a la Selección convocado por Sabella para unos amistosos contra Brasil, decidió abrir una tienda de golosinas en Mar del Plata (sobre Güemes y Alberti).

-¿Cómo surgió lo de este negocio?

-Arrancamos ni bien me retiré, a la semana ya estaba funcionando. Eso fue una de las cosas importantes para poder seguir viviendo: acá encontré un sustento. Me ayudó a calmarme, luego de todo lo que implica el retiro.

-¿Te costó dejar el fútbol?

-Lo tenía asimilado, pero no es fácil. Igual, no hay que quejarse. Hay que salir y laburar de lo que sea. No es todo fútbol, yo voy a hacer todo lo que haga falta para alimentar a mi familia. Hoy me toca salir a trabajar y lo hago.

-¿Y fue difícil entrar en este rubro?

-Me fui adaptando. Esto era jugársela en la Argentina. Me tocó abrir con un dólar a 25 y hoy en día se fue por las nubes. Acá todos los días es aprender algo nuevo. Me puse a estudiar todo lo que era el mercado y lo que conlleva la organización a partir de un Excel. Imaginate que no sabía ni cómo ponerle el precio a una gaseosa. Lo mío siempre era patear una pelota, no vender un chocolate. Pero le agarré la mano y así cómo me peleaba con los árbitros, ahora me peleo con los proveedores.

-¿Qué dice la gente cuando te ve?

-Se sorprende bastante. Quizá me encuentran atrás de la caja atendiendo y se re quedan. Hay que trabajar y entender que después del fútbol hay otra vida. Uno siempre quiere vivir del fútbol, pero a veces no se puede. Todos tenemos una familia y a mí hoy me toca esto. Y me gusta. Soy un laburante más, como me enseñaron de pibe.

-¿Les va bien con el negocio?

-No nos podemos quejar. Ahora estamos en plena temporada, es verano, así que trato de estar y atender todos los días. Es un local familiar y bienvenida sea la gente, porque hasta el momento nos fue como esperábamos.

-¿Seguís mirando fútbol?

-Estoy alejado de las canchas, pero uno no perdió ese gustito de seguir viendo fútbol y argentino. Me encanta verlo y la manera que se juega. Fijate cómo lo sufren los hinchas. Yo hoy lo miro desde otro costado y es hermoso poder disfrutarlo. Los equipos grandes están en un nivel muy alto y se armó una liga muy competitiva. Me gusta mucho.

-¿Pensás en dirigir?

-La verdad que sí. Hace un año estoy trabajando con Fernando Ortiz, el Tano, para tratar de dirigir algo. Somos una dupla técnica donde él es el entrenador y yo el ayudante. Tuvimos varios ofrecimientos, pero por una cosa u otra no se dieron. Estamos a la espera.

-¿Y qué entrenador te gusta?

-Hoy todos miramos a Gallardo. Es el técnico ideal: desde su estilo de juego hasta cómo maneja al grupo. Es muy completo en todos los aspectos, está en un club grande y les dio mucha confianza a futbolistas que no estaban rindiendo. Fijate De la Cruz o Nacho Fernández, los potenció de una gran manera.

-Fuiste campeón con Alfaro en el Arse, ¿cómo viste su paso por Boca?

-Gustavo es un gran profesional. No le fue muy bien en Boca porque los resultados mandan. En ese tipo de clubes hay una fuerte necesidad de ganar y si no lo hacés te tenés que ir.

-Sos fanático de Maradona…

-Totalmente. Nunca fui de pedir fotos, pero cuando estuve con Diego, me acerqué como un nene más a pedir la foto. Fue único porque me recibió en su habitación, es como uno lo conoce: con su gorra y habano. Pudimos tener una linda charla de fútbol, en ese momento me temblaban las piernas.

Fuente Ole

Publicidad