El drama de una figura de River: “En la despensa me preguntan cómo se nos escapó esa final…”

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De vacaciones en Paraguay y mientras da una mano en el negocio familiar, Robert Rojas charla con Olé y cuenta que sufre cada vez que los vecinos le hacen recordar la caída con Flamengo. Vida y objetivos de un tipo simple. Pase y vea…

Robert Rojas, con familia en su Paraguay natal

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-Bueno, ahora me vine para la ciudad de Horqueta a lavar el auto. Acá hay muchos caminos de tierra, así que me tuve que acercar hasta este lugar para poder poner el coche en condiciones.

Kilómetros y kilómetros manejando bajo el sol abrasador, levantando el polvo colorado de los caminos y observando sólo plantaciones de mandioca, melones o algodón a los costados… Pobre Rojas. Su buena intención por mantener impecable ese auto alquilado (sí, el hombre no cuenta con vehículo propio en Peguahomi, su pueblo natal) choca de frente con la realidad: en un abrir y cerrar de ojos, la carrocería vuelve a quedar tapada por una nube oscura y espesa.

Pero al tipo no le importa, se lo toma con tereré. Piensa en ese viaje relámpago como una salida con su primo para cortar la rutina en sus vacaciones, que por cierto no son como el común de la gente imagina que armaría un futbolista que juega en River, que viene de integrar la lista en una final de Copa Libertadores y que además ya consiguió debutar en la Selección de Paraguay. No.

En donde está el bueno de Robert no hay playas caribeñas, ni arena blanca, ni aguas transparentes, ni tampoco fotos en cuero para mostrar el lomo y luego subirlas a las redes sociales para sumar likes. A lo sumo, para graficar cómo transcurre el descanso en su tierra natal, el defensor le envía a Olé una foto sin retoques de luz ni nada que se le parezca: ahí está él junto a algunos familiares, en ojotas y con la chacra de fondo. “Esta vez no me tocó ir tanto a trabajar en la chacra porque no había mucho para hacer, je”, cuenta el joven de 23 años mientras el celular le vibra. “Es mi madre que me está llamando, no me deja en paz cuando salgo de casa, ja. Me dice que vuelva rápido así tomamos tereré”, agrega, sonriendo, y disfrutando de ese reencuentro familiar que no piensa cambiar por nada del mundo…

-¿Ninguno de tus compañeros que se fueron a la playa te invitaron a pasar unos días junto a ellos?

-(Risas) La verdad es que en este tiempo de descanso casi no hablé con ninguno de mis compañeros. Sólo me entero de que están disfrutando cuando veo sus historias en Instagram…

-¿Y no te dan ganas de tener un poco de ese descanso?

-Yo disfruto estando acá con mi familia, ayudando en lo que pueda, y encontrándome con amigos y primos.

Al parecer, la palabra “ayudar”, en la lengua guaraní, es sinónimo de “laburar”. Porque es eso lo que Rojas hace cada vez que termina una temporada y viaja hacia sus pagos. No bien pisa la casa de sus padres, en ese pueblito ubicado en las afueras de la ciudad de Belén, papá Nicolás le da las llaves de la despensa y el defensor cambia el chip: se viste de vendedor y atiende a los vecinos que van en busca de algunos alimentos (arroz, fideos, etc) y hasta de sombreros de paja para hacerle frente al sol a la hora de ir a los campos para cosechar. De hecho, él también mete mano en los cultivos cuando la mano de obra no da abasto para recolectar los frutos en la chacra. Ya lo había hecho a mitad de 2019, luego de su primer semestre en River, y este verano no fue la excepción.

-¿Se siente mucho la distancia con la familia? Porque este año fue la primera vez que dejaste tu país…

-La familia siempre está presente pero sí, a veces se extraña mucho. Por suerte en la Argentina vivo con mi novia Karen, que me ayuda mucho y es una gran compañera.

-¿Te resultó sencilla la adaptación a un plantel tan ganador como el de River?

-Al principio noté que los partidos eran muy intensos, y ni que decir las prácticas… Pero estoy muy agradecido con todos porque desde el primer me han tratado de maravillas. A veces me toca concentrar con Pinola, otras con Nacho Fernández, y me siento muy a gusto.

-¿Sos más famoso en Paraguay o en la Argentina?

-¡No! No soy famoso, je. Acá en el barrio ya me conocen todos desde pequeño, aunque quizás haya alguno que otro que llega a la despensa y me pide una foto…

-¿Pero qué te dicen cuando te ven?

-Y, me preguntan cómo es Gallardo, cómo es jugar en River… Pero esta vez muchos vinieron y me preguntaron cómo se nos escapó esa final de la Copa Libertadores. Y yo les digo que no me hagan ni acordar porque me vuelvo loco…

-Y ahora que pasó un tiempo prudencial, ¿encontraste la respuesta?

-La verdad es que es difícil… Estuvimos muy cerca de ganar la Copa Libertadores pero como siempre digo, esto es fútbol. Y en el fútbol todo puede suceder. Pero estamos fuertes y pensando en lo que viene.

-¿Ese traspié es lo que también alimenta el espíritu de no rendirse y buscar otros objetivos en el 2020?

-Claro. Este club te obliga a pensar de esa manera, a ir siempre por más. En este año aprendí muchas cosas del mundo River, y todas fueron buenas. Salí dos veces campeón (Recopa Sudamericana y Copa Argentina) y crecí mucho al vivir el día a día con este plantel.

-¿Qué tenés que mejorar para ser titular?

-Los profes me dicen que cuando me toca jugar debo aprovechar más la oportunidad. Tengo que estar preparado siempre.

-¿Y qué le decís a la gente cuando te consultan sobre Gallardo?

-Les digo que es uno de los mejores técnicos a nivel mundial. Es un entrenador que habla con todos, siempre es frontal y te exige mucho en cada práctica. En cada momento se aprende algo de él.

Fuente Ole