Coppola y sus anecdotas sobre el cumple mas extravagante de Diego

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Guillote para celebrar los 60 de Diego y abrió el baúl de los recuerdos. El cumpleaños al que no llegaron los invitados, el día que el Diez se llevó la túnica de Gadafi, locuras de Bilardo y más.

Coppola y Maradona.

«Fuimos una pareja sin sexo, a pesar de que algunos partidos juntos jugamos eh. Me hizo goleador en el mundo, ja». Diego Maradona cumple 60 años y para Guillermo Coppola también es una fecha muy especial. El ex repre del Diez, hombre de la farándula y fana de Boca no pierde su particular sentido del humor, aunque la emoción sea inevitable. Cuando agarra la llave y abre el baúl salen recuerdos que mezclan los sentimientos: «Es alegría por un nuevo cumpleaños, satisfacción por los festejos juntos y agradecimiento por haber vivido cosas que hubiese sido imposible sin estar a su lado».

Guillote, que forma parte de la organización de la Copa Argentina y que trabaja en La 100 (FM 99.9) «con un conductor de la puta madre como Guido Kaczka», compartió una extensa charla con Olé y reveló anécdotas desopilantes, como sólo él sabe contarlas: «¿Cuántas religiones hay? Muchas. En la Católica Apostólica Romana está el Papa, uno de los tipos más conocidos del mundo, pero otras religiones no lo registran por sus diferentes creencias. Somos más de siete mil millones de personas en el planeta, imaginemos que al 20% no le gusta el fútbol. Todo el resto, miles y miles de millones, saben quién es Maradona y aplaudieron un gol suyo».

-¿Cuál es la palabra que mejor refleja tu cariño hacia Diego?

-Reconocimiento. Es muy profundo lo que siento porque son muy pocos los que lograron algo así. Los contás con los dedos de la mano y te diría que ninguno llegó al lugar en el que está Maradona. Lo digo objetivamente, desde el análisis, sin fanatismo. Viví 16 años con el tipo, en ese momento, más conocido del planeta. Yo era un riñoncito, un apéndice de esta figura que trascendía fronteras. Artistas, líderes políticos, reyes, deportistas… Todos querían conocerlo, llegaron a ofrecer miles de dólares para sacarse una foto con Diego y yo estaba al lado jugando una vida de película. Compartí los momentos de mayor proyección deportiva de su carrera.

-Entre tantos momentos inolvidables que vivieron juntos, ¿hay alguno que te haya dejado un sabor especial?

-En enero de 1986, Diego se acercó y me dijo: «Voy a ser el mejor del mundo, me voy a preparar para eso». ¿Qué tengo que hacer, Diego? Le dije así, con la lapicera en la mano. Sólo me pidió que lo acompañara. Estaba Fernando Signorini al lado, su preparador físico, que también merece un gran reconocimiento. Entrenaba en el Napoli varias veces por día, convirtió la cochera de su casa y algunas oficinas en gimnasios… Lo máximo que me hizo hacer fue subirme arriba de la panza para probar la fuerza de sus abdominales. Decidió ser el mejor y tiene tantos huevos que lo hizo y encima lo avisó seis meses antes.

-¿Fue difícil separarte de Diego?

-En 1990 fue el primer divorcio. Estrés, cansancio… El romance que la gente de Napoli tenía conmigo se había acabado. Creada la figura de Dios siempre hay que buscar otra para justificar alguna equivocación de ese ser supremo. San Genaro es el santo patrón de la ciudad de Napoli, pero para los fanáticos era Maradona. Muamar Gadafi, líder de Libia, puso miles de dólares por una cena y al final Diego se quedó con su túnica y su sombrero. Logró cosas magníficas. A pesar de ese primer alejamiento, siempre estuve cerca de Maradona hasta que ese doping raro del Mundial 1994 nos volvió a unir.

-¿Cómo fue el reencuentro?

-Largamos otra vez, pero fue otro período. En la vuelta a Boca yo generé el interés del Santos del Pelé. Una cosa atada con alambre, pero yo necesitaba demostrar que a Diego lo buscaban y que Boca no se lo podía perder. Nos fuimos a ver a Pelé a Río de Janeiro y volvió a la Bombonera con bombos y platillos. Pero a Diego le costaba cada vez más, había mucho control, se sentía muy ahogado y dejó la práctica profesional. En ese momento, sentí la necesidad de seguir a su lado. Lo acompañé en los días de gloria y entendí que en ese período también.

-¿Cuándo fue el último cumpleaños que pasaste con Maradona?

Después de cuatro años en Cuba la cosa se hizo pesada y vino el divorcio definitivo, justo después de festejar su cumpleaños el 30 de octubre de 2003. Fue el último que compartimos. Vinieron amigos de Buenos Aires, lo pasamos genial, pero al otro día le dije que me volvía. Mis viejos estaban grandes, enfermos al igual que mi hermano, tal es así que fallecieron al poco tiempo, y la estructura Coppola se derrumbaba. Nos veías en Cuba y uno era una pelota en la playa y el otro el profesor de Volver al Futuro, dos pícaros sinvergüenzas.

-¿Se puede decir que generaste amor y odio en el Diez?

-Diego me dedicó frases inolvidables. «Después de separarme de Guillermo dejo de existir la amistad para mí» y «el hombre que me salvó la vida». Eso último no lo hice, lo hicieron los médicos y profesionales que lo asistieron. Pero fui también «el hombre que me robó la plata de las hijas». Ojo, me lo había anticipado. «Te voy a enmierdar en el mundo», fueron sus palabras. La realidad es que al que te roba la plata de tus hijas no le das la manija del cajón de tu padre el día que se muere. En el Mundial de Rusia me abrazó y no dudó en salir a decir que nunca había dejado de amarme… La despedida en aquel entonces fue dura y me la banqué porque lo dijo desde el amor duro y por la separación. ¿Qué le voy a robar?

-Entonces esa frase no tapa los grandes momentos que compartiste al lado de Diego…

-Nosotros vivíamos al revés. Ibamos a los restaurantes cuando cerraban, a comprar pizza cuando en el negocio no había nadie, en los aeropuertos lo metíamos en oficinas por el acoso que recibía en todo el mundo, y eso que no estaban los teléfonos. Compartimos miles de cumpleaños con Maradona: Napoli, Cuba, Buenos Aires. Eran lo máximo, venían todos. Y el casamiento con Claudia fue único. Bilardo se puso a medir jugadores para el Mundial de México que se venía… ¡Lo mandó a Ruggeri a bailar con Gareca para ver la altura en el cabezazo en los tiros de esquina!

-¿Cuál fue la anécdota de cumpleaños de Maradona que más recordás?

-Siempre celebramos la vida, a veces de manera exagerada porque todo tiene que tener un límite. Metíamos festejo y festejo. Te cuento uno. En Napoli vivíamos enfrente del salón de fiestas más importante del lugar. Preparamos el cumple con Claudia, todo Napoli invitado. Fuimos a esperar a los invitados y cruzó primero la familia. Doña Tota, Don Diego, su hermana… Eramos como 12 más o menos. La fiesta estaba preparada para 150 personas y terminamos festejando solos. ¿Qué pasó? No pudieron llegar los invitados de la cantidad de gente que se agolpó en la puerta. Era una manifestación de miles de personas y nos comimos todo nosotros, ja.

-¿Todos los festejos eran así de caóticos?

-Al año siguiente se dio otra anécdota increíble. Para que no se repita, mandé a los invitados primero a un barco entre Capri y Napoli. Hice que salieran fuegos artificiales del Vesubio, ja. Fueron dirigentes, jugadores, sus esposas vestidas de fiesta y mantuvieron el secreto. Estaba todo listo y al final no pudimos salir porque todas las embarcaciones que estaban cerca nos vieron y nos rodearon. Nos tuvimos que quedar un día más en el barco. Más allá de los divertido de la situación, era imposible esa vida…

-Antes de la pandemia nos vimos dos semanas seguidas. Nos encontramos en el partido por Copa Argentina que ganó Gimnasia. Entramos y salimos de la cancha de la mano. Fue una hora a pura risa, llantos, anécdotas. El disfruta, hasta que un día se enoja y te insulta por contarlas. ¡Rocío Oliva estuvo presa en Ezeiza por unos relojes y después estuvieron varios años juntos! ¡En el último amistoso elogió a Tinelli después de todas las cosas que dijo de Marcelo! Ese es el Maradona auténtico, no hay que cambiarlo. El día que me convocó para ofrecerme laburo fue en una concentración de Argentina, en 1985. Tirado en la cama, me habló y me pidió exclusividad. Así lo conocí. Es un ser humano con independencia y libertad para elegir. La última palabra siempre es suya.

-¿Lo vas a llamar para saludarlo?

-Siempre intento llamarlo en sus cumpleaños. Tengo dos numeritos nuevos que me dieron. Yo lo invado… Siento, quiero y deseo que siga festejando, con quién quiera, cómo quiera y dónde quiera. Nos dio muchas cosas. Maradona es una religión. Están los que la profesan y los que saben que la pelota no se mancha. Se equivocó y pagó y es un grande. ¡Feliz cumple, maestro!

Fuente Ole

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