Viajó sin permiso para jugar ese partido con Dinamarca y fue el comienzo del fin de su relación con el club andaluz.

Estaba feliz en los albores de ese 1993. Más delgado (había bajado 10 kilos). Con el pelo corto. Y muy motivado: se entrenaba en doble turno. En una nota aparecida en la Revista Gente, por entonces, titulada “Cómo vive Maradona en Sevilla”, se puede leer: “Tranquilo, sale poco, juega con sus hijas y nunca llega a su casa (que perteneció al torero Espartaco) después de las 10 de la noche. ‘Sevilla es mágica’, dice Diego. Su familia, sus compañeros, la gente y su psicólogo hicieron el milagro”.

Duró poco el milagro… En febrero, todo se rompió. Otra vez Diego se enfrentó con el poder y se peleó con el presidente del Sevilla (Luis Cuervas) y con el vice (José María del Nido) para ir a jugar dos partidos con la Selección contra Brasil y Dinamarca. Con su “amada” camiseta celeste y blanca que defendió en 91 partidos, gritó 34 goles (aunque oficialmente le computen 87 encuentros y 32 tantos) y se alzó con tres títulos (Mundial juvenil de Japón 1979, Copa del Mundo México 1986 y la Copa Artemio Franchi 1993).

 

Esos partidos fueron el comienzo del fin de su relación con el club andaluz, que terminó quebrándose un poco más tarde. Los Diego (Maradona y Simeone) vinieron a jugar el clásico contra Brasil por el centenario de la AFA, viajaron a Logroño para jugar por Sevilla ante el local y la Junta Directiva del club les prohibió volver a viajar a la Argentina para el partido con Dinamarca. Diego arrastró a Simeone, se tomaron un taxi al aeropuerto y de allí el avión a Buenos Aires.

Inmediatamente, a ambos futbolistas argentinos le abrieron un expediente por tres faltas graves: “llegar 24 horas más tarde de lo previsto tras el primer partido (Argentina-Brasil), irse sin permiso tras jugar el partido en Logroño y efectuar declaraciones contra el presidente Cuervas”. Poco le importó a Maradona…

“Todos saben que mi amor por la Selección argentina nació conmigo. Defender la celeste y blanca fue mi siempre mi bandera. Y lo que, como capitán o como técnico, les inculqué al resto de los jugadores”, le dijo hace poco Diego a este periodista. No hacía falta. Los ejemplos sobran. En tres días se cumplirán 41 años del comienzo de esa historia de amor entre Diego y la Selección.

Fuente Clarin