¡Unos Carlitos! Un boca sin juego ni lideres,con errores defensivos y sin Tevez como figura le costo la eliminación

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Un Boca sin juego ni líderes entregó la semifinal por sus propios errores ante un rival pillo que no lo perdonó. Tevez no apareció ni para patear el penal…

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Las derrotas estrepitosas, chotas, vergonzantes con la historia, son como esos perros malolientes que nadie quiere adoptar ni hacer suyo. El síntoma más claro del fracaso de Boca -no hay otra palabra que mejor retrate lo que pasó anoche- es lo huérfano que quedó el equipo, lo desnudo de figuras, de líderes, de ideas futbolísticas… Sacando a Pavón, Boca fue un conjunto vacío, con jugadores consagrados rifando prestigio y el resto mirando la debacle sin reaccionar… Es difícil de explicar por qué Tevez no fue a patear ese penal. Amén de lo mal que lo ejecutó Lodeiro -lo entregó, literalmente-, esa pelota era suya, esa instancia era una obligación ineludible para él. Era mejor patearlo horrible -como Lodeiro, vamos- que sacarle el cuerpo al compromiso. Al menos ayer, Carlitos se bajó solo de la bandera.

Boca tuvo la serie servida en bandeja. Arrancó ganando allá y acá. Se puede aceptar que en la altura se juega un poco a otra cosa. Pero ayer… Ponerse 1-0 a los tres minutos es un regalo que la Copa no siempre da. Lo que sucedió después fue una tormenta perfecta de infortunios, malas decisiones, errores impropios de jugadores de Primera, renuncios mentales, desorden táctico. Apenas Pavón hizo el primer gol, Boca se desenchufó del partido. Marcó mal en el medio, eligió siempre mal y apurado… Hasta fue displicente en esa jugada en la que, insólitamente, Pavón y Tevez quedaron mano a mano con Azcona. El centro del 7 no fue el mejor, la definición de Carlitos fue menos que eso. En la jugada siguiente Sarnosa quedó mano a mano con Orion, y en la otra llegó el 1-1…

Independiente, está claro, es un equipo bien aspectado, como tantas Cenicientas que a lo largo de la historia dan mucho más de lo que indican el pedigree de sus futbolistas. Pero es injusto desnudarlo de méritos y atribuirle todo al culo de su arquero y sus centrales. Independiente fue bicho para explotar las espaldas de los laterales rivales. Metió tres pelotazos como dagas: uno lo salvó Orion, el segundo fue gol, el tercero también, error del arquero mediante. Suele defender sobre el filo de decisiones temerarias (¡mucho rechazo al medio!), coquetea con el milagro, pero tiene algo que a Boca le faltó: fe, convicción, hambre de gloria, espíritu soñador. Y eficacia… Cuando tuvo la pelotita frente al arco no dudó. Boca complicó solo ante cada chance -otra vez, el único que zafa es Pavón- como si se hubiera comido el cuentito de la imbatibilidad de Azcona. Quedó más traumado que Higuaín en la Copa América…

Perder en la final no hubiera dolido tanto, caer ante Nacional en los penales tampoco… Este tipo de porrazos suelen dejar heridas a largo plazo, subcutáneas, que hacen metástasis aquí y allá. Guillermo, que hizo un trabajo magnífico de reconstrucción para sacar al equipo del pantano, se fue al pasto cuando parecía tener las cuatro ruedas en el pavimento. Habrá que admitir que Boca llegó más lejos de lo que el equipo podía dar y una noche quedó expuesto. El escenario -la mítica Bombonera- y la humildad del rival agravan el desenlace y sus consecuencias… Y de esos mazazos es difícil salir…

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