¿Un elegido o tiene suerte? Cristiano no jugo un gran partido pero metió el penal decisivo para ganar la Champions

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Ronaldo no participó activamente ante el Atlético de Madrid y estuvo muy lejos de su nivel pero metió el penal decisivo para que el Real alcance la undécima Champions de su historia. Y, lógicamente, lo celebró con todo.

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El portugués celebró con todo.

Parado casi en línea recta a la pelota, con las piernas separadas y la mirada clavada en el arco de Oblak, el delantero empezó a palpitar lo que aconteció luego. Lo anticipó. Y, también, tapó lo (poco) que hizo antes. Porque hasta que emprendió la carrera hacia el punto de penal y sacó el derechazo a media altura que el arquero del Aleti no pudo sacar (se tiró a su derecha pero el balón fue hacia el otro costado) para, posteriormente, sacarse la camiseta y gritar el gol con alma y vida, no había tenido una gran jornada. Todo lo contrario.

Pese a que el propio Cristiano aseguró en la previa a la final que llegaba en plenitud física al duelo, su participación en los 120 minutos de duración del cotejo fue escasa. Ciertamente, nula. A diferencia de lo que tradicionalmente acostumbra, Ronaldo se mostró ausente en el encuentro de mayor relevancia a nivel internacional para el Real Madrid: no protagonizó los ataques, no se asoció ofensivamente ni tampoco mostró demasiada lucidez en varios pasajes. Tanto fue así que ni siquiera se encargó de las pelotas paradas.

Pero, a decir verdad, la supuesta fatiga muscular que lo aquejaba (se especuló que su condición física no sería la mejor para la final) no le impidió sacar pecho en el punto de inflexión porque el portugués, como si se tratase de un guiño del destino, tuvo a su cargo el último disparo en la serie de penales ante el Atlético de Madrid: consumada la falla de Juanfran (estrelló su remate en uno de los postes), CR7 contó con la chance de tapar su magra y floja actuación en el desarrollo del juego. Sí: con una pelota parada. Ante la atónita mirada de todo de público presente, Ronaldo se paró casi en línea recta a la pelota, con las piernas separadas y con la mirada clavada en el arco Colchonero.Comenzó el trote hacia la gloria y, con su derechazo letal, dejó (casi) en el olvido su pobre participación en la final de la Champions. Poco importaba a esa altura porque, con el festejo generalizado, el Real Madrid ya había alcanzado la undécima Orejona en su historia con un grito más que razonable: ¡Acá está Cristiano!

Fuente Ole

 

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