Se cumplen 50 años del partido por el que a River le empezaron a decir “gallina”

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El 20 de mayo es una fecha que el hincha de River querría borrar del calendario. Ese día, en 1966, El conjunto que dirigía Renato Cesarini perdió ante Peñarol la final de la Copa Libertadores. Pero, además de eso, ese partido de hace 50 años fue aquel por el cual al equipo de Núñez comenzaron a llamar “gallina”.

El recorte de diario en el cual se ilustra la gallina por la cual se carga a River.

El encuentro en cuestión fue el tercero que ambos equipos rioplatenses jugaban entre sí luego de la victoria de los uruguayos en Montevideo por 2 a 0 y del triunfo local en Buenos Aires por 3 a 2. River se adelantó con goles de Daniel Onega y Jorge Solari a los 28 y 42 minutos de la primera mitad y parecía encaminarse a ser el primer club argentino en ganar la Libertadores. Según las crónicas de aquel partido, a River no se le podía escapar la victoria. Pero en el segundo tiempo Peñarol forzó el alargue gracias a los tantos de Alberto Spencer y Julio césar Abbadie.

Según el reglamento de aquel tiempo, debían jugarse 30 minutos de alargue tras los cuales, de persistir la igualdad, Peñarol ganaría la Libertadores por haber sacado una mejor diferencia en los encuentros de ida y vuelta. Finalmente, los uruguayos lo ganaron de contragolpe con tantos de Spencer y Pedro Rocha.

Una anécdota que también se recuerda de aquel partido fue que, con River 2-0 arriba, Antonio Carrizo, arquero del equipo argentino, tapó una pelota con el pecho, algo que los rivales tomaron como una provocación.

Desafortunadamente para River, los repercusiones del partido se extendieron a lo ocurrido en el torneo local. En el primer encuentro luego de esa final, cuatro días más tarde, el conjunto de Cesarini visitó a Banfield. Y un hincha preparó una cargada que quedaría en la historia: al momento de salir River a la cancha, soltó al campo de juego una gallina (en realidad era un gallo blanco) con una banda roja atada. Para cargar a River comenzaron a decirle “gallina”. Y apodo se perpetuó.

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