San Lorenzo dio vuelta un 2 a 0 ante Belgrano y le alvo la cabeza a Guede

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San Lorenzo perdía 2 a 0 con Belgrano, que sorprendió con un doblete de Luna, pero lo dio vuelta con más amor propio que fútbol y con los cambios de Guede. El Ciclón cortó una racha de ocho partidos sin triunfos.

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El festejo de los jugadores con su gente. Volvió al triunfo San Lorenzo.
El resultadismo, un mal inoculado en el fútbol argentino desde hace ya unos cuantos años, sigue vivito y coleando y parece difícil de erradicar. El análisis de un partido sólo en función del marcador final es el no-análisis. Porque si así fuera, habría que decir “ganó tal equipo” y punto. Nada para discutir ni comentar. Pero la histeria y la intolerancia que impera en las tribunas de las canchas argentinas no tiene que confundir. Cada partido tiene su propia lectura, su propia historia. Y el de San Lorenzo-Belgrano es un buen ejemplo. La sensación, tras los 90 minutos, es que ni Pablo Guede era el padre de la derrota en el 0-2 parcial ni fue el héroe de la victoria tras el 3-2 final. Desde que el ex entrenador de Chicago y Palestino arribó al Ciclón, con su promesa de aplicar un juego ofensivo, los cultores del “ganar como sea” posaron la lupa sobre cada una de sus acciones y dejaron en un rol secundario la performance de los futbolistas, quienes son, en definitiva, los verdaderos protagonistas de este deporte. ¿Guede tiene la culpa del mal retroceso de sus jugadores en la acción que terminó en el 1-0 del Pirata? Sí. Es su responsabilidad como entrenador que el reposicionamiento defensivo, luego de una pelota perdida, sea ordenado para evitar espacios que puedan ser aprovechados por el rival. Ahora, ¿Guede también tiene la culpa de que los centrales no salten en un tiro libre al área y que Torrico reaccione tarde y mal? Seguro que no. El DT, Guede o quien fuera, puede fijar las marcas pero los encargados de llevar a cabo el plan son los futbolistas.
Hasta ese 0-2 inesperado, porque fueron las dos únicas ocasiones de gol que tuvo Belgrano en una muestra de apabullante eficacia, San Lorenzo mostraba sus buenas intenciones: posesión de pelota y utilización de las bandas para avanzar en campo rival. Esa estrategia chocaba con dos problemas: la falta de precisión (vital para llevar adelante cualquier táctica que tenga el dominio del balón como prioridad) y la carencia de profundidad (clave para que el toqueteo no resulte inútil). Con los dos goles del Pirata llegaron el desconcierto, los nervios, la desesperación… Los defensores, en lugar de sacarla limpia desde el fondo, empezaron con los pelotazos. O sea, de tener la pelota pasaban a dividirla. Sin dudas, no era negocio ante un rival al que le gusta esperar agazapado, siempre listo para contragolpear.
En ese momento de incertidumbre, con muchos ya pidiendo la salida de Guede tras ocho partidos sin triunfos (nueve con la caída parcial ante el conjunto de Zielinski), apareció la lucidez de Ortigoza. Es cierto que al Gordo le cuesta jugar como único volante central y que sus mejores producciones siempre fueron como doble cinco. Pero el volante pensó cuando nadie lo hacía y la abrió para la subida de Montoya. El pibe metió el centro al área a la carrera y Sebastián Blanco apareció de sorpresa, como si fuera el 9 del equipo y cabeceó para el descuento. Al rato, un tiro libre encontró a Cerutti totalmente solo por el segundo palo y el testazo del Pocho no pudo ser desviado por ningún rival en su destino a la red. De un 0-2 desesperante a un 2-2 esperanzador.
https://www.youtube.com/watch?v=ClInbCkwgsE
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