Polémica por la simpatía del Che: ¿era o no era hincha de Rosario Central?

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Si has hablado alguna vez de fútbol en ambientes politizados es probable que el tema haya salido. Si el escenario ha sido Argentina -o había alguna persona con ese origen de por medio- la probabilidad tiende a uno.

La conversación muchas veces va así.

El Che era de Central.

 — ¡No tienes ni idea, ni le gustaba ese engendro del capital llamado fútbol!

Ernesto Guevara de la Serna nació, algunos discuten si por azar o no, en la ciudad de Rosario, la segunda más grande del país. Una ciudad dividida en dos pasiones futbolísticas, la auriazul de Rosario Central y la rojinegra de Newell’s Old Boys.

Al futuro Che le recetaron actividad deportiva contra el asma que no le impediría dedicar su vida a tratar de liberar el planeta y más concretamente Cuba, el Congo o Bolivia. Sabemos que disfrutaba jugando al fútbol y que lo hacía de portero. A los dos años, su familia se mudó a Alta Gracia, en Córdoba y aquí empieza parte del entuerto.

Porque el Che jamás fue al estadio a ver a Rosario Central. Según cuentan biógrafos como Hugo Gambini se “hizo” de Central para marcar oposición a la mayoría social que formaban los hinchas de River y Boca. Se trataría así de una adhesión identitaria y consciente a los colores del equipo “canalla”.

A corroborar su tendencia auriazul contribuyó su gran amigo Alberto Granado, con quien el Guevara realizó su famoso viaje en moto por Latinoamérica, de Córdoba a Miami. Dijo incluso que Guevara era admirador del wing de Central Chueco García. Su hermana Celia también se lo confirmó a otro ilustre hincha de Rosario Central, el escritor anarquista Osvaldo Bayer.

Sin embargo hace un año Aleida Guevara, hija del revolucionario, pronunció unas palabras que sofocaron a la hinchad de Central: “mi papá no era de ningún equipo”.

En efecto, para gran parte de la masa social de Central, el Che Guevara es un símbolo del club, propio. La primera sede de este equipo, de tradición proletaria y nacido gracias en torno a los trabajadores ferroviarios de la zona, fue un vagón abandonado.

Hoy, en las paredes del estadio Gigante de Arroyito, el Che “vive” en Central.

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