Perú se gradúa de maestro en el arte de silenciar a la Bombonera

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Esos once jugadores peruanos que se plantaron hoy en la Bombonera tienen el alma de acero, el corazón de oro y solo nos queda agradecerles. Nos han permitido soñar, ilusionarnos con que somos los más grandes de este mundo. Agrandarnos y desaparecer los problemas de esta nación por noventa minutos. La justicia vino a través de una pelota y le empatamos 0-0 a la Argentina de Messi, en un estadio que hervía de aliento, que estallaba en júbilo y que no esperaba que este equipo sin estrellas le arrebate.

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Nos han hecho estar a solo 90 minutos de un Mundial de Fútbol.

Es que ya era hora de olvidarnos de la hazaña del 69. De tener nuevos héroes, de inflar el pecho con nuevas jugadas. Es momento de hablarles a las nuevas generaciones de un grupito de peruanos que nunca alcanzaron ser los fichajes más caros del mundo pero que sí hicieron que llevar la camiseta peruana en el pecho sea el máximo sueño de cualquier chiquillo de 10 años. Lo hicieron por nosotros, lo hicieron por todos y si no ganamos fue porque Romero, el arquero argentino, mide 1.92. Cinco centímetros menos y Guerrero se la clava al ángulo.

Los buenos alumnos del Tigre

Perú hoy fue el alumno aplicado de la escuela. Ricardo Gareca sabe a lo que juega y los once de la cancha tienen memorizado cada charla suya. Ordenaditos, todos con el mismo rigor, nunca se salieron del partido. Soportaron ese vendaval albiceleste que se convirtió en un tornado con la ayuda de la Bombonera. Perú fue el alumno aplicado que nunca se puso nervioso al enfrentarse al grandulón del colegio. Lo soportó, lo enfrentó como nunca y hasta casi se da el lujo de tirarlo al piso.

Porque Araujo y Rodriguez hoy se graduaron de murallas. Qué nivel del ‘mudo’ para no desesperarse nunca. Si para este partido había que estar fino, estos dos fueron pura elegancia. Cualquier chico que tenga el sueño de ser defensa debe ver este partido una y otra vez. ¿La clave? Gareca entrenó con su defensa por 10 días completos, Argentina solo 2. Quizás esa sea la fórmula. Dios ayudó al que madrugó.

La suerte, la bendita suerte que nos sacó de tantos partidos, también estuvo de nuestro lado. Como si un siglo de injusticias en contra de nosotros se hubiesen acumulado, esta tarde solo recibimos lo contrario. Ángeles acamparon en nuestra portería para que Lionel Messi -en modo Barcelona- y compañía la coloquen en el palo y los disparos argentinos se vayan afuera. Es que Argentina jugó bien. No es un secreto. Tuvo un 66% de control de la pelota y pudo meternos 4, acaso 5. Pero una combinación de suerte y orden dijeron que no, que se puede salir de Buenos Aires sonriendo.

Y claro, felizmente estuvo la suerte porque con el árbitro brasileño no podíamos contar. Cada falta a favor de Perú era galardonada con una tarjeta amarilla para un jugador peruano. Guerrero, Farfán y Tapia fueron los sancionados porque a Sampaio así se le ocurrió. Con una Bombonera hirviendo decir que el árbitro no sintió presión sería tan mentiroso como afirmar que Argentina está en el Mundial. Felizmente pudimos salir al frente, aunque Farfán fue el que más renegó: se perderá el partido de su vida ante Colombia.

Para hablar de Pedro David Gallese Quiroz hay que ponerse de pie, buscar adjetivos en el diccionario y aplaudir. ¿Qué se le puede decir a este joven de 27 años que hasta hace un mes tenía el dedo roto y por lo tanto, descartado para jugar un partido hasta por lo menos tres meses? Qué se le puede decir a un muchacho que pensó y pensó solo en recuperarse y vino 15 días antes a la Videna para no dejar de entrenar nunca, que puso en juego su contrato en México para cumplir el sueño de niño. Señores, lo de Gallese hoy, sin caer en la exageración, fue MONUMENTAL. Sacó sus cuatro brazos escondidos para taparle todo a Messi, cerrarle el grito de gol a Benedetto y aguarle la fiesta al ‘Papu’ Gómez.

Perú hizo que Argentina reniegue. El enojo fue porque este fue su mejor partido de los últimos cuatro. La vergüenza deportiva invadió el cuerpo de Messi para convertirse en el líder albiceleste. Dio hasta tres pases que Suárez en el Barcelona habría convertido en gol. Rigoni no es Suárez. Rigoni no la metió debajo del arco a los 61 y hoy están con un pie afuera del Mundial. Para colmo Gago, quien se presumía sería su salvador, tuvo que salir por una lesión en la primera pelota que tocó. Con el partido acabado ya se conoce que el infierno, por ahora, es azul y celeste: tiene rotura de dos ligamentos, en simple, no jugará, al menos, por los próximos cuatro meses.

El partido acabó y Paolo Guerrero, el líder de este equipo, fue claro: “Nos falta una fecha, nada está dicho”, lo mismo repitió Gareca en la conferencia. Es que el segundo nombre de esta selección podría ser la palabra humildad. Sueñan pero con los pies en la tierra. La ilusión y el éxtasis se lo dejan al hincha. ¡Cuántas lágrimas habrán caído hoy! Finalmente luego de casi dos décadas se nos permite creer y ahora a un partido de la gloria solo nos queda secarnos las lágrimas, hinchar el pecho y mirar el futuro con optimismo. Once muchachos demostraron que solo se necesita valor para dejar en silencio a todo un estadio. El fútbol les ha dado la oportunidad de convertirse en nuestros héroes y todo indica que no van a desaprovechar la oportunidad. Desde ya les damos las gracias.

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