Olave hablo del penal atajado a Pavone y se refirio a la posibilidad de llegar a Boca

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Olave, el ídolo que dejó Belgrano, recuerda con Olé el momento top de su carrera: cuando mandó al Millo a la BN. ¿Y Boca? “Si surge, se verá”.


lub de sus amores, el que le dio todo, a pasar para siempre a la historia. Sin embargo, Juan Carlos Olave no le puso punto final a su carrera. Al menos no por ahora. Aunque, claro, sabe que quedan muy pocos cartuchos. La decisión más difícil, la de no continuar en Belgrano, lo llevó a frenar la bocha y pensar muchas cosas. Clubes interesados no le faltan, entre ellos hay una chance de Boca en caso de que no consiga un arquero titular. Pero deja atrás un carrerón. Un legado gigante, 382 partidos defendiendo el arco del Celeste (es quien más veces vistió esa camiseta) y un momento que será eterno para el fútbol argentino: ser parte vital del equipo que mandó a River al descenso en junio de 2011, atajándole un penal clave a Pavone en el Monumental. “Fue muy lindo. Ese ascenso valió más que un campeonato porque quedará para siempre en la memoria del fútbol del mundo”, recuerda el 1 en una charla mano a mano con Olé, después de lo que fue su último encuentro en el Kempes con la gente a la que se le coló en el corazón. Una tarde, frente a Central, que será inolvidable para él y su familia.

-¿Cómo venís llevando el post salida de Belgrano?

-Por ahora con normalidad. Un poco que no caigo en la decisión que tomé. No sé cómo seguirá esto. No lo tengo pensado. Mientras tanto, de vacaciones. Me va a saltar la ficha cuando sea 4 ó 5 de enero y arranquen todos a entrenar.

-¿Pero vas a seguir atajando?

-Hoy salí de Belgrano. No sé si surgirá algo que me motive. Quizá tome una decisión y deje el fútbol. Lo estoy procesando todo. Tuve una propuesta pero implicaba mudarnos y no era posible. Opté por decir que no. Pero igual no tengo claro nada. Es confusa una decisión así. Si tengo que dejar, dejo. Si hay algo que me motive, sigo un tiempo más.

-¿Y si es Boca?

-Hoy no la contemplo porque no hay nada en concreto. Si surge algo, se verá.

-¿Y por qué te fuiste?

-Se me había hecho un poquito rutinario todo. Fueron una serie de circunstancias. Me siento bárbaro físicamente, podría seguir jugando. Pero hay cosas que uno va madurando con la edad. Llevaba diez años ininterrumpidos en Belgrano y creí que era el momento adecuado. Hay que abrir paso a los más jóvenes.

-¿Necesitaste ayuda profesional para dar el paso?

-Desde junio del año pasado que venía madurando esto. Sentí que no era el momento adecuado. No estaba listo para tomar una decisión así. Pero me estaba preparando para esto haciendo terapia. Me ayudó mucho, me muestra que no tengo que apurarme para tomar decisiones. Tengo que tomármelo con calma porque el fútbol no es algo que vaya a reemplazarse de una manera tan sencilla. Uno corre el riesgo de quedar insatisfecho. El día que me decida, tiene que ser algo que me entusiasme y me lleve actuar con la misma pasión.

-¿Como ser DT?

-Posiblemente. Soy técnico recibido. Quiero darme un tiempo para prepararme. Me gustaría ser entrenador más adelante, no en este momento.

“No tengo claro nada. Es confusa una decisión así. Si tengo que dejar, dejo. Si hay algo que me motive, sigo un tiempo más”.

-Igual, te fuiste por la puerta grande, con el Pirata en Primera y vos en buen nivel…

-Se han dado muchos casos de futbolistas que los acompañan hasta la puerta para salir del fútbol. Yo no quería eso para mí carrera, menos en Belgrano.

-Encima no lograron clasificar a la Libertadores. Eso seguramente te hubiera pesado a la hora de tomar la decisión, ¿no?

-Posiblemente si levantaba la Copa Argentina, hubiera tomado la misma decisión. Lo que me faltó en Belgrano fue ganar un título y meterlo en la Libertadores. Si la hubiéramos ganado, tal vez era un momento para irse. Además, me hubiese ido feliz. Aunque el juguito de la Libertadores me podría haber atraído. Siempre fue una debilidad.

-Será porque debutaste en una Libertadores… (NdR: su estreno fue en Bolívar en 1997).

-Fue mi primera experiencia profesional, teniendo participación. Y fue maravilloso. Trasladándome a otro país, con otra idiosincrasia. Cambia todo el entorno. Participé de cuatro Libertadores y tienen un gusto especial.

-Y de jugar la Libertadores pasaste sin escalas a la Liga Cordobesa…

-Jugué en la cancha de Barcelona de Guayaquil con 50 mil personas vestidas de amarillo. Quedamos eliminados en cuartos. Y al mes estaba jugando de nuevo en la Liga Cordobesa. Sin desmerecerla porque me forjó una personalidad y la compartí con gente que amaba el fútbol. Veía muchachos muy apasionados, que salían de su trabajo y se mataban entrenando por el amor por el deporte. Capté eso y lo volqué a mi carrera. Pensé dejar todo, pero seguí jugando al fútbol porque era Las Palmas. Es un club que me moviliza, tengo amigos… no tenía la misma pasión porque estaba golpeado.

-Bueno, ahora tu hijo (Thiago, de 17 años, delantero) juega en Las Palmas. ¿Te tienta?

-Sin dudas que pesa la oportunidad de jugar con mi hijo. Poder compartir un campo de juego con él, en un partido oficial, ya sea de la Liga de Córdoba o de Nacional B sería un recuerdo imborrable para los dos. Es algo que quiere toda la familia y la gente del club. En Las Palmas siempre me pidieron que volviera. No sé si llegaré a jugar muchos partidos, pero sí me voy a dar el gusto. Y a mis amigos también. Voy a respetar la memoria de mi abuelo, que fue uno de los fundadores.

-Vos la tuviste que luchar mucho para llegar a Belgrano, ¿tratás de inculcarle eso a tu hijo?

-Hubo mucho sacrificio, resurgir, caerse, levantarse, luchar. Estoy contento que haya sido así porque esto me fortaleció como persona. Me costó debutar en el arco que yo quería que era el de Belgrano. Recién lo hice a los 25 años.

-¡Pero valió la pena! Debutaste ganando en la Bombonera (NdeR: 3-1 al Boca de Bianchi en el 2001).

-Es un partido tan importante para mí como el día del Ascenso. Para mí era debut o despedida. Tenía 25 años, sin un nombre que me avalara y necesitaba un espaldarazo. Si no iba a tener que volver a vender diarios con mi viejo. Ramacciotti me dio muchísima confianza. Apostó por mí ahí, en Gimnasia y siempre. Hasta el último día que jugué, me llamaba y me daba indicaciones.

-Después te tocó volver a la Bombonera y que la gente te ovacionara…

-Me aplaudieron antes, después me volvieron a putear, ja, ja. Antes del partido, por lo que fue aquel ascenso contra River, recibimos algunos aplausos. Era raro. Sabíamos que podía suceder algo así. Fue gracioso. Pero duró unos minutitos nada más…

“Tengo muchísimo respeto con Pavone. Fue el mejor jugador de River el día de la Promoción”.

-Y eso que habías estado en River, ja…

-Sólo estuve. No tuve la oportunidad de jugar. Mi paso casi no quedó registrado. No tengo ninguna identificación con River. En cierta forma le di una alegría al hincha de Boca.

-Bueno, no tendrás registro pero en River segurísimo que te registran.

-Los hinchas de River se van a acordar de mí y me lo hacen saber siempre.

Olave le atajó el penal a Pavone en la Promoción del 2011

-¿Te acordás cómo vivieron esa semana previa?

-No creíamos que íbamos a jugar la Promoción con River. Cuando pasó, empezamos a verle el lado positivo. Estábamos entusiasmados. En ese torneo en un momento estuvimos últimos. Para nosotros era una final y no importaba con quién. Luchamos tres años seguidos por lo mismo y entendíamos que River no estaba acostumbrado a jugar ese tipo de definiciones. Sacamos ventaja de su nerviosismo. La gente no se acuerda quién ascendió directo ese año, pero sí de que Belgrano ganó la Promoción. Había mucho morbo. Sacamos la diferencia en Córdoba y en River fue más parejo.

-Y ahí te luciste atajándole el penal a Pavone. ¿Alguna vez te dijo algo?

-Tengo muchísimo respeto con él. Vivíamos en el mismo edificio en La Plata y en el 7-0 de Estudiantes me hizo un gol. Destaco siempre que el mejor jugador de River de ese día fue Pavone. Había hecho un gol y empujó un montón.

-¿Y después de eso cómo fue jugar contra River?

-Para ellos nunca más fue lo mismo jugar contra Belgrano. Volvieron a Primera y la primera fecha jugaron contra nosotros. Era morboso, casi armado. Y les ganamos de nuevo. Desde aquel momento, para ninguno de las dos hinchadas fue igual.

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