Napoleon nacía: A tres años del debut que cambió la historia de River

0
182

Marcelo Gallardo arrancó su ciclo contra Ferro, por la Copa Argentina.

Publicidad

Hacía mucho frío aquella noche del 27 de julio de 2014 en Salta. A pesar de ello, una multitud de hinchas de River acompañó al equipo en el estadio Padre Martearena, sin saber quizás, que estaban asistiendo a un partido histórico y trascendental en la vida del club de Núñez. No había mucho en juego, es cierto. Apenas el pasaje a la siguiente fase de la Copa Argentina. River enfrentaba a Ferro pero lo trascendental estaba del otro lado de la raya de cal. De traje gris y con un pelo que llegaba al cuello, el que se sentaba por primera vez de manera oficial en el banco millonario para conducir los destinos futbolísticos del club con más títulos en los torneos de la Asociación del Fútbol Argentino era Marcelo Gallardo. Otro hijo pródigo de la casa iba a tener la posibilidad de trabajar como técnico en el club de sus amores. No era la primera experiencia a pesar de su juventud (en aquel momento tenía 38 años), ya que había dirigido a Nacional de Montevideo, donde fue campeón del certamen uruguayo. Pero hacía dos años que no comandaba un plantel y le llegaba el gran desafío: ser el entrenador de River.

 

Difícilmente, muchos de los que asistieron a aquel partido imaginaban que esa noche estaría arrancando uno de los ciclos más exitosos de la historia de River y el de más títulos internacionales. Es que el período del Muñeco está marcado con el designio de lo internacional. Gallardo llegó con ese propósito: devolverle a su amado River la gloria fuera de los límites argentinos. Entonces, empezaron a llegar los títulos. Y cuando en el camino tuvo que decidir entre un torneo internacional o uno nacional, no lo dudó: jugó un pleno a la Copa Sudamericana. Claro, en el medio se cruzó Boca. Y cuatro meses después de su debut, un 27 de noviembre de 2014 hubo un click en la historia riverplatense. Fue la noche de Marcelo Barovero y el penal atajado a Emanuel Gigliotti y la del gol más gritado de los últimos tiempos, el de Leonardo Pisculichi. River eliminó por primera vez a su rival de toda la vida de una copa internacional, que luego terminó conquistando. Con esa Sudamericana se cortaba una sequía de 17 años sin títulos en el ámbito internacional. Demasiado para un club como River. Pero la faena no se detuvo.

Dos meses después, River le ganó la Recopa a San Lorenzo en el Nuevo Gasómetro y alzó ese trofeo que también faltaba en las vitrinas del Monumental. Por primera vez ganaba un certamen internacional fuera de Núñez. Después, otra eliminación a Boca, soportando el feroz ataque del gas pimienta. También dejó en el camino a la bestia negra internacional, el Cruzeiro, con una actuación memorable en Belo Horizonte. Y llegó la ansiada tercera Copa Libertadores, luego de 19 años. Y de yapa, al toque, agregó la Suruga Bank en Japón. A ese mismo país viajó unos meses después, en diciembre de 2015 para jugar el Mundial de Clubes. No pudo hacer nada ante la potencia del Barcelona, pero los hinchas que estuvieron allí presentes jamás olvidarán aquel viaje en el que más de 20 mil fanáticos cruzaron al otro lado del mundo para alentar al Millonario.

 

El año pasado River volvió a ganar otro título internacional, la Recopa, siendo bicampeón de un certamen de ese tipo por primera vez. Y a finales del 2016 se quedó con la Copa Argentina, logrando la clasificación a la Copa Libertadores 2017, el objetivo prioritario de este año.

Aquella noche en Salta River formó con: Marcelo Barovero; Augusto Solari, Jonatan Maidana, Ramiro Funes Mori, Leonel Vangioni; Sebastián Driussi, Leonardo Ponzio, Osmar Ferreyra; Manuel Lanzini; Lucas Boyé y Federico Andrada. De esos once jugadores, apenas quedan Ponzio y Maidana, hoy capitán y subcapitán, respectivamente. Luego ingresaron Ariel Rojas y Rodrigo Mora, quienes también están en el plantel actual. Aquel partido contra Ferro terminó 0 a 0 y River venció por 6 a 5 en los penales. Convirtieron Vangioni, Mora, Pisculichi, Rojas, Funes Mori y Maidana. Falló Lanzini y Damián Albil le atajó el remate a Ponzio. Son datos anecdóticos que decoran la escena de una magnífica historia que arrancó hace exactamente tres años en Salta. Y hoy, aquí en Orlando, Gallardo lo celebra comandando otra pretemporada como técnico de River, ése lugar en el que él quiere estar toda la vida.

Comentários no Facebook