Mucho cuidado con el PSG de Ibra

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Primero la lesión de Diego Costa y después el gol de Ibrahimovic. Entre medias, dos paradas seguidas de Trapp. El Chelsea, irreductible hasta entonces, ya no dio para más. Los golpes ya eran demasiado duros. Se había acabado la Champions y la temporada para los ‘blues’. La marcha del campo de Costa ya lo presagiaba. Al Chelsea le quitaron los colmillos. Le remató la fiera sueca finalizando otra gran combinación parisina en la pasarela de Londres. ‘Au revoir’ otra vez.

Diego Costa salió con máscara y no aguantó con ella ni diez minutos. No se le puede atar. Tampoco lo hizo el PSG. El delantero de Lagarto encabezó el ataque de rabia del Chelsea para sentirse vivo en la eliminatoria y capaz de eliminar a su todopoderoso enemigo. A la hora de partido dijo basta. Se había acabado la guerra. El vacío en Stamford Bridge ya fue imposible de llenar.

Por si alguien dudaba, el PSG ya está preparado. Hay que contar con los de Blanc en la lista de candidatos a ganar la Champions. Y seriamente. Repiten en cuartos de final por cuarto año consecutivo, pero han dado otro pasito más. Cada año que pasa es más equipo. El PSG empieza y termina en Ibrahimovic, para lo bueno y a veces para lo malo. En Londres alzó la cabeza. Nunca ha ganado la Champions, tampoco el PSG. La mezcla puede ser explosiva.

Una trampa al PSG

Al Chelsea le podrían haber dado por muerto mucho antes. El temprano gol de Rabiot hubiese tumbado a muchos. El conjunto inglés es peor que hace unos años, pero algo le queda. Le sobra el orgullo de Costa, que tenía pintada la cara de azul. Su rostro lesionado desencajó después a Hiddink.

Un golazo de Costa igualó el partido. El Chelsea jugaba a lo que jugaba. Vivió del robo y de salir corriendo. El PSG, dueño y señor de la primera media hora, se acomodó. Salió con mucha personalidad y pronto se quedó con un partido que apuntaba a baile parisino. De verdad. El PSG tenía más fútbol, pero el Chelsea le puso rabia e intensidad. Y no se contuvo.

Diego Costa fue el primero que probó si Trapp se había puesto bien los guantes. A partir de ahí el PSG se quedó con la pelota. Abrió el marcador después de una fenomenal combinación entre Di María e Ibra. El sueco regaló el gol a Rabiot, llegador por sorpresa y titular por la baja de Verratti. Ibrahimovic colocó la pelota con un mando. Ni un centímetro más ni uno menos, justo ahí.

El tanto anunciaba una noche de baño y masaje que no fue tal… hasta que ocurrió lo que ocurrió (Costa, ¿por qué?). En Stamford Bridge no se recibe bien a nadie. El Chelsea resurgió. Presionó arriba y provocó los errores visitantes en la salida del juego, donde los de Hiddink colocaron trampas. En un abrir y cerrar de ojos, había robo y vida. Así llegó el empate. Diego Costa bailó con Thiago Silva en una baldosa y batió por bajo a Trapp. Lo celebró con rabia. Sin máscara. Pegándose unos golpes en el pecho que hubiesen tumbado a cualquiera. Había comenzado la guerra.

El PSG, mientras, pidió el descanso a gritos. Temió en cada balón jugado. Los de azul eran pirañas. Así se generaron unas cuantas llegadas que acabaron con la pelota lejos de los tres palos. El Chelsea había renacido. Para morir después. Fútbol cruel.

Costa, Motta, Di María, Ibra y se acabó

Diego Costa cayó en el 60′. Se tumbó y pidió el cambio. Llegaba tocado del tendón y tuvo que rendirse con todo el equipo. El gol de Ibrahimovic acabó con todo lo que se daba poco después de dos buenas paradas de Trapp (que no se olvide). Di María repitió el pase de Ibra en el primero y el sueco remató en la red. La jugada la inició Motta con otro pase milimétrico. Pertenece a la clase de futbolistas infravalorados que hacen mucho más de lo que parece.

El 1-2, ya saben, acabó con toda esperanza local. Aunque todo empezó con lo de Costa. El partido y la eliminatoria ya tenía un final feliz para el PSG. Quién sabe si esta es su Champions y la de Ibra.

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