MENSAJE DE VIDA. Pablo Alvarez hablo por primera vez luego de que su mujer falleciera de una dura enfermedad

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Por primera vez, mano a mano con , Pablo Alvarez habla de la muerte de su esposa y de cómo se aferra a sus afectos para sobrellevar el drama: “Tengo dos soles que, cuando vuelvo a casa, me llenan de energía”.pablo-alvarez-mensaje

 

La vida lo puso del lado de quienes fueron atravesados por el dolor más profundo. De los que le vieron la cara a esa angustia que quita el aire y oprime el pecho. Sufrió, como tanta otra gente, una desgracia que le cambió la mirada sobre las cosas para siempre. Ya nada será igual desde que el cáncer le ganó la batalla a la joven Anabel Balzano, su esposa, fallecida hace poco más de un mes, a los 32 años. Hoy con esa misma edad, Pablo Alvarez se reclina sobre el sostén que le brindan el amor de los dos hijos que ella le dejó. También intenta reconstruirse en una práctica, con un mate en el vestuario, una charla o todo lo que sea capaz de despejarlo un poco.

“Es difícil, es difícil seguir. Pero bueno… Primero y principal, me siento un privilegiado por poder laburar de lo que amo. Ella lo sabía desde el primer momento que estuvimos juntos y yo no era nadie en el fútbol. Ella quería que siguiera en esto”, le cuenta el defensor . Se le notan las ganas de hablar del tema. De hacer catarsis. De exteriorizar lo que su interior le dicta. Es como una descarga.

-¿Pensaste en retirarte?
-Sí. Me lo planteé por última vez en la mitad de su tratamiento. Pensé en largar todo para quedarme a su lado incondicionalmente. Pero me pidió que le diera para adelante. Y bueno… La familia, mis amigos, el fútbol y mis compañeros hacen que todo se me haga un poco más llevadero y me entrene con una sonrisa, como lo hice siempre.

-¿Te convenció fácil tu mujer para que no claudicaras?
-Ella se enojó mucho, me cagó a pedos mal. Incluso, hasta llamó a mi representante (Juan Cruz Oller), que estuvo siempre conmigo en persona o llamándome todos los días. Y le dijo: “Este pelotudo quiere hacer una cagada, paralo por favor”. Trataron de acomodarme un poco las ideas y seguí. Pero al principio sentía que no podía seguir. No porque no quisiera, sino que se me hacía imposible dedicarle al fútbol el tiempo que yo quería. Dos veces quise dejar todo. La primera, cuando nos enteramos de la enfemedad. La otra, hace cinco meses.

-¿Cómo trataste el tema con tus hijos?
-No lo entienden mucho, son chiquitos. Alina tiene ocho años y Felipe, cinco. La nena vio todo el proceso, se dio cuenta de cómo su mamá se iba deteriorando. Tampoco hay que ser hipócritas: venía haciendo un duelo interno, aunque obviamente que nadie está preparado para una situación así de extrema, por más que uno sepa cuál será el desenlace. Ellos tienen mucha contención de la familia, del colegio, de los profesionales (psicólogos)… Tratamos, o trato, de que lo afronten de la mejor manera. A pesar de la ayuda que les da uno, el proceso interno en sus cabecitas es muy personal.

-¿Vos tenés asistencia terapéutica?
-Siiií, siiií, siiií. Desde el primer día que empezó la enfermedad… Porque fue un golpe muy duro en todos los aspectos de mi vida. Ahora hay que pensar para adelante. Cuando vuelvo a casa tengo dos soles que me llenan de energía para seguir peleándola. Me dan las fuerzas, me debo a ellos.

-¿Aprendiste algo de esta vivencia tan dura?
-Uff. ¡Sí! Algo que ya me pasa desde hace rato. Por lo que me cuentan amigos o conocidos, la gente se hace problemas por cada boludeces… Realmente no saben lo que es un problema de verdad. Con la experiencia de vida que me tocó, trato de abrirles los ojos a los demás o de transmitirles calma para que no se preocupen por cosas insignificantes.

-Muchos jugadores dicen que al entrar a la cancha se olvidan de los problemas. ¿Lo lograste?
-Y… Se intenta. Ahora tomo al fútbol como un desahogo para mi alma. Para mi estado mental, para mi salud. Esto es mi cable a tierra: una cancha de fútbol, el entrenamiento, mis compañeros… Y mis hijos, que hacen que mi dolor sea mucho más leve y pasajero.

-¿Fue muy grande el desgaste mental que tuviste durante el proceso?
-A esto lo llevé y lo llevo adelante con mis virtudes y mis defectos. El tema es que no hay un protocolo a seguir. Nadie te puede adelantar que es lo que irás sintiendo ni decirte “te va a pasar esto o lo otro”. Es todo muy personal. En mi caso, cuando termino de practicar y voy a buscar a mis nenes al colegio, son el motor que me empuja.

-¿En algún momento deseaste que se adelantara el final para que tu mujer dejara de sufrir?
-Ella le venía peleando hacía mucho, por ese lado puede ser que sea como decís. Yo estuve ahí, no me la contó nadie, eh. Viví los dolores que ella atenía, cómo sufría. Me tocó a mí pasar por esto, el destino me puso este palo entre las ruedas y hay que saltarlo. Te repito: tengo dos criaturas que son lo que más amo en este planeta. Dos cositas que ella me dejó. Ellos dos son ella… Y al chiquito le encanta jugar al fútbol. ¿¡Cómo no se me va a caer la baba y no voy a querer seguir adelante?! Por más que esté hecho mierda, o me tenga que encerrar en una pieza a llorar, cuando salgo de ese cuarto inmediatamente veo a ellos y me hacen reír.

-¿Llorás mucho?
-Totalmente. Lloró en soledad para que no me vean. Fueron muchos años que ella estuvo acompañándome. Estoy muy orgulloso de haber tenido a mi lado a esa persona que me ha enseñado tantas cosas y me dejó hijos hermosos.

-¿Quedaste resentido con la vida?
-Si te lo negara sería un hipócrita. Te preguntás: ‘Por qué a mí, por qué me toca vivir esto, por qué le tocó a ella siendo una persona tan buena, joven y sana…”. Después empezás a ver otras cosas, tu mente se abre mucho más. Tuve la suerte de contar con una contención profesional, además de la de mi familia, amigos y compañeros: si no hubiera sido por ellos, me habría derrumbado.

-El equipo salió con un cartel en apoyo a vos. ¿Qué sentiste?
-Mucho respeto y cariño. La verdad, me sorprendieron para bien. Uno, a lo largo de toda esta carrera en la que ya no soy un pibe, es conocido en el ambiente. Lo que sembré empezó a verse. Pese a que a varios no los conocía desde hacía mucho tiempo, que mis compañeros estuvieran conmigo en ese momento, incluso en el velatorio, me dio orgullo.

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