Las chicanas de Angelici a River por la Libertadores y el campeonato local que no caeran bien a D’onofrio

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Aunque no juegue la Copa, para Angelici su club sigue siendo la referencia a nivel internacional. Su familia, sus múltiples funciones y el valor del título: “Que tu clásico sea el segundo, se disfruta más”.

Angelici feliz
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Una carpeta con el seguimiento detallado de Paolo Goltz. Otra con el proyecto del arquitecto esloveno que promete una remodelación víable de la Bombonera. La caja de habanos Partagás, que se abre cuando comienza la charla entre Daniel Angelici y Olé y se cierra cuando el presidente se despide para reunirse con Guillermo y Gustavo Barros Schelotto. 45 minutos en la oficina presidencial del estadio para descubrir cómo piensa y vive la persona con mayor responsabilidad y decisión en el Mundo Boca.

-¿Qué le destacás al equipo campeón, como presidente y como hincha?

-Me parece que hace muchos años que no veo un vestuario con tanta comunión. Y destaco además el compromiso, el hecho de ser conscientes de saber que estábamos jugando sólo este torneo y teníamos que ganarlo. El objetivo era salir campeón, era una obligación y los jugadores estuvieron a la altura de las circunstancias.

-Naturalizás la exigencia que tiene el club. ¿Cómo repercute en vos?

-Boca demanda mucho tiempo, pero no sólo eso, sino todas las actividades que tengo.

-¿Tenés tarjetas personales?

-Sí, alguna tengo…

-¿Y qué dicen? ¿Presidente de Boca? ¿Vicepresidente de AFA?

-Ésta es de presidente de la Liga Sudamericana, tengo una de abogado, otra de presidente de Boca, otra de vicepresidente del Colegio Público de Abogados, una de vicepresidente 1° de la AFA, presidente de la Fundación Boca Social…

-La multiplicidad implica tiempo. ¿Cómo lo asimila tu familia?

-Durante la semana rara vez los veo porque arranco a las 8 y me acuesto a la 1, a las 2. Los sábados trato de estar con ellos y que los domingos vayamos juntos a la cancha. Pero los días de semana, difícilmente los veo. Aprovecho las vacaciones, estoy organizando para tomarme diez días sin tener que volver porque la mayoría de las veces tuve que interrumpirlas por una cosa u otra. Igual, este año me voy más tranquilo porque el libro de pases cierra a fines de agosto y hay un equipo que está trabajando.

-El lunes, en la fiesta del club, cuando no estabas con tu hijo te sacaba a bailar tu hija. Es raro verte en una situación de padre de familia. ¿Te replanteás en algún momento esa vida que llevás para no perder tanto?

-En los momentos importantes trato de estar, sobre todo cuando es una actividad del colegio. Pero los días se semana casi no los veo y es una costumbre que los chicos aceptan. Los sábados me quedo todo el día con ellos, pero sé que les puse una mochila que no buscaron. Afortunadamente siempre me acompañaron, desde mi mujer hasta mis hijos. El fútbol no es fácil por cómo se vive culturalmente. Si la pelota entra el presidente es un fenómeno y si no es un boludo, un ladrón, hincha de Huracán… Eso a los chicos les repercute más. Yo estoy más grande, sé a lo que vine a Boca, me quedan dos años y medio de gestión y me voy a ir tranquilo dejando algo que uno cree que está bien. El centro de entrenamiento en Ezeiza, Casa Amarilla renovada, una economía fuerte como nunca tuvo el club.

-En la primera gestión faltaban los éxitos deportivos. Ahora, se suman cuatro títulos al famoso balance por el cual ninguno va al Obelisco. ¿Te sentís cuestionado? El otro día te insultaron en Mar del Plata, a veces se ven encuestas en la que te criticaban…

-Me parece que la pasión hace que siempre haya una oposición. En el club está. Y además se mezclan muchísimas cosas: yo estoy identificado con Mauricio (Macri) y nunca renegué de eso, sino todo lo contrario, siempre lo agradecí. A veces la política se mete. Lo de Mar del Plata tiene que ver con que desarmé una peña de la ciudad y no porque hayan estado vinculados a una lista opositora, sino porque tenían un cúmulo de carnets que le vendían a la gente para que viniera a la cancha, nunca tienen elecciones y funcionan como dueños de la peña. Y en nuestra gestión hicimos que todas tuvieran personería, que todas tuvieran elecciones y que ningún presidente pudiera estar más de dos períodos. Y a aquellas que no respetan eso no las hemos reconocido. Eso molesta.

-¿El hincha y el socio entienden que ocupar diferentes espacios se hace en función de defender los intereses del club?

-Algunos sí, otros no lo sé. Hoy en la AFA hay mucha presencia de Boca, como no la hubo nunca. Luego de la reforma del Estatuto, Boca tiene lugares importantes: vicepresidencia 1ª, la presidencia del Tribunal de Disciplina, del Tribunal de Alzada, la presidencia de la Comisión de Ética, del Comité Electoral, la tesorería de la Superliga. Es una presencia importante, pero que no es para beneficiar a Boca sino para tratar de trasladar lo que hicimos en el club a la AFA y a la Superliga.

-¿Pero qué significa ganar cada una de esas batallas y que después pueda tener una mirada negativa desde adentro?

-Hay una mayoría de socios que confía y me sigue respaldando. Estamos muy bien en algunos sectores y no tanto en otros, como los jóvenes. Ahí se mezclan muchísimas cosas y el tema Román (Riquelme) es uno.

-¿Te molesta o sentís la necesidad de aclararlo? Quedaste como el que estaba en contra de la Bombonera, el que echó a Riquelme, el que le cortó el contrato a Bianchi…

-Después de cada uno de esos hechos hubo una elección y la ganamos muy bien. Esto es democracia, pero conduce y gobierna el que más votos saca. Podemos equivocarnos, pero no es casualidad que cerremos un balance con 400 millones de superávit, que haya 180 millones en caja, las obras… Todo es producto de un trabajo.

-Mencionaste la importancia de Boca a nivel nacional y eso se traslada a lo deportivo. ¿A nivel internacional se perdió esa preponderancia?

-No, no se perdió. Boca sigue siendo la referencia, sin dudas.

-¿Más allá de los títulos de River en los últimos tiempos?

-Sí, claro. Boca es el más conocido de Sudamérica. Por los 18 títulos que tiene, por todo el prestigio.

-¿Pero está la urgencia por recuperar terreno?

-Sí, claro. Sabemos lo que quiere el hincha, la deuda que tenemos los directivos y los jugadores, que es ganar la Libertadores.

-Más allá de los pedidos de los técnicos, ¿como presidente te podés dejar lugar para una apuesta tuya?

-Lo he hecho. Barrios, por ejemplo. Pavón, Calleri… Esos son los que acertamos, te puedo nombrar también los que nos equivocamos, pero ésas no fueron tanto dinero. Después, el técnico es el que los pone o no.

-La de Barrios fue una grande. Estaba en Tolima, sin tanta repercusión…

-Pasaron dos cosas. Por un lado estaba en Colombia y me ofrecieron a Fabra y a Barrios. Y el técnico me había pedido a Sebastián Pérez. No soy muy cabulero, pero me entusiasmó la idea de volver a tener tres colombianos.

-¿Es la apuesta que más disfrutás?

-La de Benedetto también. Fue muy cuestionado cuando invertimos 5 millones de dólares en él. Les voy a contar algo que nunca dije: antes de debutar, a la semana de haberlo pagado, llegó una oferta de 7,5 millones de Arabia. Hubiéramos ganado 2,5 millones sin que se hubiera puesto la camiseta. Pero no lo evaluamos y él tampoco porque quería jugar en Boca.

-¿Lo ves con ganas de quedarse?

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