¡La Bombonera juega! Conoce el historia de Boca en la Libertadores y cuantas veces pudo revertir un resultado desfavorable

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La Bombonera juega: del 2000 para acá, Boca revirtió 4 series de local y, siempre que lo logró, fue campeón.

El Cata Díaz estuvo en la remontada del 2007.

Supo ganar partidos, clásicos, torneos, copas. Le hizo temblar las piernas a Marquinhos, el 7 del Flamengo, en la Libertadores del 91; le “respiró en la nuca” a Conde, el arquero de Nacional, en la serie de cuartos de esta edición, y promediando el campeonato pasado, en un caso sin precedentes para el fútbol mundial, le atajó un penal a Agustín Díaz, de Atlético de Rafaela. La Bombonera, se sabe, tiene vida propia. Es un jugador más. El jugador número 12, ese mito viviente que nada tiene que ver con los delincuentes de la segunda bandeja. Sin aire ni calefacción, sin techo ni césped móvil, con capacidad real para menos de 50.000 personas y un solo ascensor, ningún otro estadio de casi 80 años podría ser elegido el mejor del mundo si no tuviera la magia, el hechizo, el encanto de la cancha de Boca. La mística, que le dicen. El principal arma a la que se aferran hinchas, jugadores, dirigentes y cuerpo técnico para dar vuelta la serie ante Independiente del Valle (la ida fue 1-2) y meterse decididamente en la pelea por el título. Sobran antecedentes que grafican el peso de la Bombonera en este tipo de circunstancias. Del 2000 para acá fueron cuatro las series coperas en las que el Xeneize perdió fuera de casa y revirtió el resultado en el templo de Brandsen 805. Fueron dos por Libertadores y dos por Sudamericana. Y el desenlace siempre fue el mismo: el equipo terminó quedándose al final con el trofeo.

“Quizá nos costó jugar en la altura, como a todos, pero vamos a ver si ellos aguantan la presión de jugar en la Bombonera”, avisó Guillermo. “Ellos contaron con la ventaja de jugar en un ámbito y una superficie en la que se sienten más cómodos que el resto de los equipos, pero nosotros vamos a contar con la Bombonera y nuestra gente”, agregó Agustín Orion. “La Bombonera es brava, a mí se me hacía difícil jugar cuando iba con otra camiseta”, confió el Cata Díaz. Y el Chaco Insaurralde tampoco anduvo con vueltas: “Debemos aprovechar la Bombonera para pasar”.

La primera gran remontada fue en la Libertadores del 2000, cuando el Boca de Bianchi dio vuelta un 1-2 ante River con goles de Delgado, Román de penal (fue la noche del caño a Yepes) y Palermo (con la muleta). Y la última fue en la Copa del 2007, también con Riquelme de protagonista, en semis y ante un rival de menor jerarquía. El 1-3 en Colombia, frente al Cúcuta, había dejado al equipo de Russo con un pie y media afuera. JR frotó la lámpara en medio de la neblina y el 3-0 dejó a Boca ahí de otro título.

Vuelta y vuelta…

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