Increibles historias: Las tres mejores anécdotas del primer Boca campeón de la Libertadores

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Las picardías de Lorenzo, las avivadas de Armando y los guantes de Gatti.

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1) El principal recurso ofensivo de Cruzeiro eran los remates de Nelinho, sobre todo en Belo Horizonte. Los había sufrido Independiente en 1975 y River en 1976. Boca también padeció la potencia del lateral: un tiro libre suyo, a 13 minutos del cierre, rompió el cero en el partido de vuelta y les permitió a los brasileños ir al desempate. “Felman, meta tres o cuatro piques fuertes de entrada. Aunque sepa que la pelota no va para usted, corra igual. Necesitamos cansar a Nelinho, que anda con una molestia”, le pidió Lorenzo al wing mendocino antes del choque en Montevideo. Velocista y obediente, Darío clavó un sprint tras otro en los minutos iniciales. Iban 17’ de la primera etapa y el DT Yustrich se vio obligado a realizar el primer cambio: entró Mariano y salió Nelinho, desgarrado.

2) Armando citó en La Estancia, un restaurant de la avenida Entre Ríos, para discutir los premios por la obtención de aquel trofeo que se había escapado 14 años antes. “Negociamos y no nos pusimos de acuerdo. Jugamos los tres partidos de la final sin saber cuánto nos iba a pagar”, cuenta Ribolzi. “En el vestuario del Centenario, ya con la Copa en nuestro poder, el Puma hizo pasar a los periodistas. Nosotros todavía nos estábamos bañando. Él se subió a un banquito, vestido con su traje cremita, y anunció que el club había resuelto premiar con tantos pesos, no me acuerdo cuántos, a los integrantes del plantel. ¡Era lo que nos había ofrecido y que nosotros habíamos rechazado! Un fenómeno”, se ríe ahora.

3) Gatti no se movió un centímetro de la raya para atajar el tiro de Vanderlei. Y se quedó debajo del arco, saltando, mientras llegaban sus compañeros. Ya en plena vuelta, el Loco se acercó a Mastrángelo y le entregó los guantes. “¿Por qué me los das?”, le preguntó su habitual compañero de habitación. “Son los que me habías regalado vos”, le contestó. Cuatro décadas después, Heber lo explica: “Yo soy de Rufino, el mismo pueblo de Amadeo Carrizo. Una vuelta, con él ya retirado y trabajando en Adidas, lo fui a visitar. Y entre otras cosas me regaló unos guantes. Fui a La Candela y se los di al Loco. Y con esos guantes nos dio la primera Copa. Mirá vos: los guantes que me había regalado una gloria de River… Por ahí los tengo. Si los llego a encontrar, les sacamos una foto. Ya estaban descosidos en aquella época, ni hablar ahora”.

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