INCREIBLE. El Burrito le pedí camisetas a los jugadores de River y tiene sus PREFERIDOS

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Ortega asegura que hoy tiene más piel de gallina que nunca. Su tatuaje, cómo vive los partidos, el placer de ver al equipo de Gallardo, el valor de Maidana y su nuevo rol de hincha, que incluye pedir camisetas para su hijo.

Reportaje al Burrito Ariel Ortega. ( Foto:Carlos Roberto Bairo)

“Esa frase me salió del alma. Quedó grabada en la gente. Y con el tatuaje, también en mí…”.

Las siete palabras que le bastaron a Ariel Ortega para conmover a una multitud acongojada por su despedida se reconvirtieron en un sello de su identidad. Un tattoo que tardó, pero en febrero de este año por fin se sumó a la colección que empezó con los nombres de sus hijos en el bíceps derecho y hoy acumula más de una docena en distintas partes del cuerpo del ju-genio.

“Gracias Dios por hacerme hincha de River”, se lee en una tipografía más suave que Sol (18), Tomás (15) y Manuela (13) a lo largo de su antebrazo. Y representa un rasgo de su personalidad que, a los 42 años y a cuatro de empezar a agigantar el mito del ídolo, lo distinguen tanto como los quiebres de cintura cuando se ponía los cortos.

“Siempre me gustaron los tatuajes y hacía mucho que tenía ganas de hacerme éste.Porque me trae a la memoria un momento hermoso. Pero no tenía tiempo o me daba fiaca. Hasta que me decidí”. Y consciente o inconscientemente, esa decisión fue una metáfora de su piel de gallina. La exposición de un sentimiento incomparable.

Entrevista a el Burrito Ortega

“Desde que me retiré, me fanaticé más con River”, confiesa hoy este hincha al que sólo sus abundantes canas le delatan su condición de ex jugador. Por lo demás, su aspecto es el de un futbolista en actividad. Con sus brazos marcados por los ratos en el gimnasio que le permite su trabajo como ayudante de campo y apenas cuatro kilos más que cuando entraba a la cancha, a Ariel Ortega no sólo se lo nota bien por su imagen exterior. Feliz por su trabajo de padre siempre listo y pleno por acompañar a Luigi Villaba en la Reserva, el Burrito se reencontró con River y también con el fútbol, al punto que jura haber vuelto a disfrutar de los partidos con los Senior que antes sufría. Pero lo más importante es que, dice, se reencontró consigo mismo.

Desde ese lugar usufructúa las rentas de la idolatría. Viaja con los veteranos a jugar superclásicos en las provincias, acepta invitaciones de filiales como las de Miami y Toronto para recibir en vivo el cariño de los fanáticos, asume como rutina los 9 contra 9 para los que cada miércoles cierran tres canchas de papi en un club a pocas cuadras del departamento de Núñez al que se mudó luego de su separación, cumple con los compromisos promocionales de su libro pese a que reniega de la exposición exagerada, sigue con el último año del curso de técnico y recibe el agradecimiento de los hinchas en todas las formas posibles (y no sólo de los de River: mientras se hacía esta entrevista, Sebastián, simpatizante de Vélez y encargado de La Parolaccia, le regaló el almuerzo).

El último Superclásico del Burrito

-¿Firmás más autógrafos ahora o cuando jugabas?

-Está parejo. Y sinceramente, me sorprende. Pensé que después de dejar iba a estar más tranquilo, pero la verdad es que adonde voy, la gente me sorprende…

-¿Se disfruta ser ídolo?

-Se disfruta más ahora que ya no tenés la adrenalina de cuando eras jugador. Que alguien te diga firmame el pie a la mañana y a la noche aparezca con el autógrafo tatuado para mostrártelo sólo te lo provoca la pasión que tiene el hincha de River.

“¡¡¡Ortegaaaaaa!!!!”. “¡¡Genio, Burrito!!”. “¡Volvé, Ariel!”. En el puente Labruna mientras se saca fotos aunque sea lunes a las dos de la tarde, desde un micro en la soledad de las inmediaciones de Ciudad Universitaria o donde vaya, Ortega es River. Y River, está escrito, es Ortega.

-Siempre voy a la cancha y te digo algo: desde que dejé de jugar, me fanaticé más con River. Y fue por mi hijo. Como Tomás está enfermito con River, vivimos ese sentimiento juntos. Al Monumental voy con él, y compartir eso es algo hermoso…

-¿Y cómo es la rutina del fanático Ortega?

Voy al palco en la Belgrano y Tomi, con unos amigos, ya se va a la platea.

-En unos años terminan los dos en la popular…

-Nooo, je. Es imposible. Es imposible porque te vuelven loco y no lo disfrutás. Si ya estando en el palco medio que me pongo incómodo con el griterío y las puteadas… Me las aguanto por acompañar a mi hijo, que cuando River pierde se pone tan mal que no va al colegio. Si fuera por mí, a River lo vería solo, que me gusta más.

-¿En serio?

-Cuando juega de visitante lo veo solito, en el living de mi departamento: televisor, una picadita y a disfrutar.

-¿Te da placer ver al River de Gallardo?

-Contra Banfield, River la rompió. Y con Defensa fue hermoso porque los dos entrenadores propusieron atacar y no tuvieron miedo de perder. Por eso fue fantástico. De lo mejor que vi en los últimos tiempos…

Lo mejor de Defensa 3 – River 3

Gallardo le devolvió la identidad a River. Desde que llegó, propuso un fútbol de ataque, de intentar, de arriesgar

-¿Te hubiese gustado jugar en el equipo del Muñeco?

-Sí, me hubiese gustado. El hincha de River y todos los que hemos jugado estamos contentos con su propuesta. Gallardo le devolvió la identidad a River. Desde que llegó, propuso un fútbol de ataque, de intentar, de arriesgar… River estaba en el fondo del mar después de haberse ido a la B. Y si Almeyda fue fundamental para rescatarlo, con la llegada de Marcelo se volvió a acomodar a nivel mundial donde se merece y donde siempre tuvo que haber estado.

-¿Es el entrenador que hubieras querido tener?

-Pero es la esencia de River. Tiene que dirigir de esa forma. A mí me ha tocado estar en equipos que creaban diez situaciones en los primeros diez minutos y esas cosas pasan solamente en River. En otro club es muy difícil que pasen…

-Está bien, pero en su última etapa Ramón ganaba sin soltar las palomas…

-Son etapas y momentos. Tenés que tener la suerte de contar con los jugadores. Ramón, en su momento, tuvo la suerte de agarrar la camada del 96: al que le tocaba entrar era mejor que el que salía. Y Marcelo, lo mismo: ha agarrado una camada de pibes muy buenos. Gracias a los jugadores que tuvo… Lo han ayudado para lograr todo lo que ha logrado. Porque un entrenador solo no puede.

-Hablando de jugadores, ¿vos pensás que River es Maidana y diez más?

-Sí, sin dudas. Estando él en la defensa, es otra cosa. Y cuando no está, se nota mucho. A todos los que han jugado con él los ha potenciado. El hincha de River está muy identificado con su juego. El es el que sostiene todo. En los momentos difíciles, él y Barovero siempre aparecieron.

-Al lado tuyo que le paraste un cambio a Ramón, lo de D’Alessandro con el Muñeco fue una chispa. ¿A Gallardo se lo hubieses hecho?

-¡Se lo hubiese hecho a cualquiera! Bielsa también me sacó en la Selección y me fui empacado y nos puteamos un poquito. Pero es un momento de calentura. Andrés es un jugador al que no le gusta salir y se calentó. Marcelo mismo también se habrá calentado. Si es recontracalentón…

Gallardo le puso los puntos a D´Alessandro

-¿En el fútbol actual ves a alguno parecido a vos?

-Me gustan los jugadores que gambetean y arriesgan por más que la pierdan. Me gusta Cerutti, el pibe de San Lorenzo. Y el Pity Martínez también. En Huracán la rompió. Aunque muchas jugadas no las termina bien: tiene que entender que hacer una buena jugada y dar un pase intrascendente no sirve.

-El día que las termine bien va a ser Ortega.

-No sé si Ortega, pero va a ser bueno para él. Se va a sentir mejor.

-¿El ídolo de Tomás sigue siendo el que tiene la 10?

-Nooo. Como todos los hinchas: su ídolo es el jugador que se pone de moda… Ahora, Alario, viste. En su momento fueron Barovero, Ponzio. Eso sí: como fondo de pantalla lo tiene a Messi.

-¿Así que tuviste que empezar a pedir camisetas autografiadas para él?

-¡Siiii! Por un hijo, cualquier cosa. Es lo que más contento lo pone. Se las pedí a Leo Ponzio, a D’Alessandro, a Pisculichi. Y firmadas, je. Hago la rutina que hace cualquier hincha. Y la verdad que los chicos del plantel son buena onda.

-¿Y alguno te pidió una firmita a vos?

-Si me pasó, no me acuerdo.

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