Guillermo caliente despues del partido ante Tigre con el rendimiento y con algunos jugadores

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Después del papelón en Victoria, y ya pensando en Racing, Guillermo se calentó en la práctica: les explicó a los futbolistas, de manera casi infantil, cómo jugar. El Melli, preocupado.

Las fotos del entrenamiento de Boca (Jorge Sánchez).

Guillermo es un rebelde. Siempre lo fue. Por lo menos cuando tenía la 7 en la espalda era picantón, si hasta se le zafaba la chapita bastante seguido. Adentro y afuera. En su época, una de ésas doradas que hoy generaron la franja de la nueva camiseta que no tuvo éxito el domingo, hacía falta un combo de todo eso para jugar en Boca. Y esa premisa, incluso hasta hoy en día, es palabra sagrada para él. Es una de las cosas que el Mellizo no negocia aunque en el plantel haya nenes como Tevez, Osvaldo y Orion. Por eso se calienta, por eso la mañana de ayer fue una de las pocas en la que ni siquiera tenía ganas para su humor ácido. La derrota con Tigre no fueron sólo tres puntos menos. No. Caló hondo, profundo. No tanto por el resultado, sí por esa “falta de rebeldía” que el propio Mellizo les dijo a los que la pasaron mal en Victoria, ésos que si bien no eran los de siempre saben que junio está a la vuelta de la esquina y ahora tienen una marquita al lado de su nombre en la planilla del DT. Y así anda Barros Schelotto, preocupado, enojón. Porque encima mañana deberá ir al Cilindro por la Copa, lo que pasó a ser el único objetivo del semestre.

Van 30’ y el técnico sigue en la mitad del campo reunido con Carlitos. Están hablando, solamente se ven gestos. Sobre todo del DT, que parece no entender los movimientos de algunos futbolistas que según él malgastaron una bala con sus rendimientos en el último 0-2. Garparía saber leer los labios, dan ganas, aunque el 10 se tape la boca cuando dialoga. De fondo se escucha a Gustavo, que mientras su hermano trataba de acomodar la estantería y poner la heladera en la cocina, se hace cargo de los trabajos de definición. “Ya está, vuelvan porque la pelota ya la perdimos. ¡Hicimos todo mal!”. Si hasta el propio Guillermo, emulando su época de medias bajas, se paró en el corazón del área (del 9 que tanto se habla) y explicó cómo definir con la pelota en los pies. Y si bien parecía que el reto iba para Chávez (de los más flojos el domingo), el que lo miraba fijo era Palacios. Pero el Tucu no fue el único… Desde las 10.01 hasta las 10.21, el entrenador dio un monólogo frente al plantel hasta que les pidió a cada uno (a todos, eh, también el desgarrado Jara) que se pusieran en su posición. ¿Para qué? Ir puesto por puesto dándoles indicaciones, retos puntuales y explicándoles -casi como a nenes- qué debían hacer; otra que Coqui Raffo con los pibes que recién arrancan.

Erbes pecó y tiró un centro de ésos que no le gustan al Melli y hubo reto; las pelotas terminaban en las manos de Sara y también hubo reto; Lodeiro controló mal, Carrizo descargó aún peor y otra vez el reto; Colazo cabeceó pésimo y, ya no era noticia, reto. Y seguían los gritos. “Para acá”, “Ahora para allá”, “Para adelante todos juntos”. Sólo Guillermo. El resto de su cuerpo técnico apenas miraba. Gustavo optó por hacer jueguitos para evitar ver qué cara ponían los jugadores ante la actitud de su mellizo. No es la primera vez que se lo ve enojado, o por lo menos molesto. Estuvo la vez de “los centros de mierda”, también la del lunes pasado cuando tras el 3-0 a Rafaela los bajó a la Tierra (“Espero más de ustedes”). Lo de Tigre lo terminó de alterar. Tanto que piensa jugar los próximos cuatro partidos con el mismo equipo y que no haya demasiado recambio. Porque encima los números no lo ayudan: de los 30 equipos del torneo, Boca es el que menos goles hizo de visitante: Tevez a San Martín. Y ni hablar en la Copa, donde no es el peor por el 1-1 de Carrizo en La Paz y porque Trujillanos no convirtió. Está bravo el ambiente. Encima, Avellaneda pinta difícil. El 7, más bravo que nunca, ya tomó nota.

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