Gallardo hablo de la previa con Boca y opino sobre el Melli

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Cuando se va un entrenador y viene otro, les pasa lo mismo a todos los futbolistas: tratan de que los vean porque dicen ‘arranco de cero a ver si éste me ve mejor de lo que me veía el otro’. Se generan nuevas expectativas”. Marcelo Gallardo conoce exactamente el cimbronazo que provoca un cambio de técnico en un equipo. Por eso, es consciente de que el reemplazo de Rodolfo Arruabarrena en Boca no es un detalle menor. Menos aún cuando se produce en la previa del primer superclásico oficial del año y el hombre que se va a poner ese buzo caliente que le sacaron al Vasco es un símbolo del club y con varios antecedentes exitosos ante River. Sin embargo, el Muñeco tiene claro que la presencia de Guillermo Barros Schelotto como flamante conductor de Boca no modificará demasiado la trascendencia del Súper del domingo. “El clásico es por la camiseta, más allá de quién esté sentado en el banco”, le dice Napoleón a Olé .

El Muñeco y el Mellizo son viejos conocidos. Como diría Francescoli, son dos “petisos bravos”, con inteligencia, picardía, ambición y coraje. Por eso tuvieron duelos picantes como jugadores. Con la pelota en los pies y cada uno mirando hacia el arco de enfrente, obvio, porque debido a sus posiciones en la cancha no se cruzaban demasiado. Además, Guillermo era más verbal que físico para meterle condimento a los superclásicos e incluso fue uno de los que más se encargó de separar en la famosa riña de la Libertadores 2004 en la que Gallardo agredió al Pato Abbondanzieri.

Obviamente, la clásica rivalidad River-Boca, Boca-River siempre se mantuvo presente entre Muñeco y el Mellizo, y se trasladó (de distinta forma, claro) a sus enfrentamientos como técnicos de River y Lanús: los dos empates 1-1 en los torneos locales del 2014 (segundo semestre) y del año pasado. En esos cruces, quedó en evidencia que sus equipos transmiten la personalidad y la convicción que tenían ambos como jugadores: van al frente, sin dudas.

Ahora, sentados en los bancos como técnicos, la identificación histórica de cada uno con sendas camisetas (Gallardo con la de River más que Guillermo con la de Boca porque el Mellizo no se crió en Casa Amarilla) potenciará el duelo, aunque es demasiado poco el tiempo que tienen los hermanos Schelotto para imprimirle su sello al equipo que dejó Arruabarrena. “No hay mucho para hacer en pocos días. Sí para decir, desde la palabra, tal vez a través de un mensaje. No mucho más que eso”, interpreta el Muñeco por su experiencia tanto de jugador como de técnico.

De todas maneras, Gallardo no gasta energías en analizar en profundidad lo que sucede en la vereda de enfrente y se enfoca en perfeccionar el funcionamiento de su River. Lo que sí imagina, por conocimiento y por antecedentes, es que el Mellizo intentará transformar a Boca, progresivamente, en un equipo de juego más directo.

Si bien las miradas que se enfocarán en Guillermo serán principalmente las de Boca, lógico, la figura del (ex) 7 bravo también provoca reacciones en River. Pero eso es algo de los hinchas, del famoso folclore. A Gallardo no le mueve nada (y tampoco lo diría si así fuera). Sólo habla por y con respeto hacia su colega. Porque para el Muñeco el superclásico excede hasta los nombres más emblemáticos. Lo que vale es “la camiseta”. Y a él sólo le importa la Banda.

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