Figuras en los superclasicos de verano y desaparecidas luego

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Historias de futbolistas que marcaron goles en River-Boca amistosos y luego tuvieron un paso sin brillo por su club

Los superclasicos de verano son una moneda tirada al aire. Ganar genera un envión anímico y perder es una carta llena de incógnitas. Pero, a la vez, es una oportunidad única para jugadores sin tanto rodaje para mostrar su potencial en una vidriera más que interesante. Allí, surgieron figuras inesperadas que luego no tuvieron la misma suerte en River o Boca y debieron emigrar sin poder destacarse, pero con el recuerdo de una noche de gloria.

Viernes 7 de febrero de 2003. Estadio Malvinas Argentinas de Mendoza. A los 44 minutos del segundo tiempo, River le gana 3-2 a Boca por la Copa Revancha en el tercer clásico del verano y el conjunto xeneize tiene una tiro libre a su favor. La pelota cae en el área, la baja Miguel Caneo de cabeza, el defensor central César Alberto González saca un remate que da en Horacio Ameli, pero logra capturar el rebote y vuelve a disparar casi cayéndose. Esta vez, vence al arquero José María Buljubasich y marca el empate para el delirio de la tribuna azul y oro. Luego, su equipo ganaría en los penales.

“Es un recuerdo muy hermoso que tengo. Justo mi gol se dio en el cierre del partido encima. Siempre un Boca-River se vive de una manera muy especial pero en aquel le marqué mi primer gol a River en mi carrera y sólo tenía 20 años”, recuerda González, quien hizo las inferiores en Boca y debutó el 5 de febrero de 2002 en un partido ante Newell’s correspondiente al Apertura 2001 que terminó 2-2. Previamente, había disputado el superclásico en Mar del Plata, en el que los xeneizes derrotaron 4-0 a los millonarios y el partido se suspendió debido al escándalo en las tribunas.

“Bianchi por entonces nos decía que jugáramos tranquilos, que a pesar de que fuese un partido de verano los clásicos se tenían que ganar. Nos intentábamos mentalizar para calmar la ansiedad porque eran partidos de pretemporada y uno tiene mucho trabajo encima. Después el Virrey te hablaba y te hacía sentir el mejor jugador del mundo. Era un fenómeno, muy motivador”, cuenta el defensor central, hoy en Gimnasia de Concepción del Uruguay en el Federal A y quien tiene 34 años.

“Me acuerdo que cuando metí el gol salí corriendo como loco para el lado del córner. Me vinieron a abrazar todos, es un recuerdo muy lindo. Después llegamos a los penales, pateé el segundo penal y convertí. fue algo hermoso porque además sirvió para ganar”, agrega González, quien logró jugar 13 partidos entre Clausura y Apertura 2002 y Clausura 2003, más algunos minutos en la Libertadores y Sudamericana de 2002. Luego partió un año a Nueva Chicago y volvió a Boca para el Apertura 2004. Jugó solo cuatro juegos, ganó la Sudamericana -jugó tres partidos- y se fue a Almagro.

En una época en la que el Boca de Bianchi era el dueño de América, “Beto” siente que el momento le jugó en contra, pese a que la doble competencia le permitió tener rodaje en el torneo local. “Era muy difícil para un chico afianzarse en Primera con todos los monstruos que había. Pero yo en Boca viví un sueño. Integré los planteles que ganaron la Libertadores 2003 y la Sudamericana 2004 y eso es algo muy grande para un jugador. Lamentablemente, no fui a la Intercontinental porque pasé a préstamo, pero es todo un orgullo”, reflexiona González, quien luego también jugó por Juventud Antoniana de Salta, la CAI de Comodoro Rivadavia, Boca Unidos de Corrientes, Gimnasia de Jujuy, Gimnasia y Tiro de Salta y San Martín de Mendoza, entre otros.

Esteban Pollo Herrera es otro de los casos. También por la Copa Revancha en Mendoza, pero dos años antes, el máximo goleador de las inferiores de Boca marcó en el 1-0 del tercer superclásico de 2001. Fue uno de los pocos recuerdos de Herrera, quien había debutado el 28 de marzo de 1999 en el empate 1-1 ante Gimnasia de La Plata. En el Clausura 2001, disputó siete partidos y marcó un gol ante Colón. Jugó el Mundial Sub-20 y partió a préstamo a Talleres. Cuando retornó al conjunto de la Ribera no tuvo lugar y terminó yéndose por la puerta chica al ascenso del fútbol italiano. Hoy, tras pasar por Grecia, Perú, Chile e Indonesia, está sin club a los 34 años.

River también tiene sus figuras de verano. El 17 de enero 2006, el superclásico se mudó a Salta. En medio de la salida de Reinaldo Merlo y la llegada de Daniel Passarella a la dirección técnica, el conjunto millonario, que venía de perder 3-2 en Mar del Plata, viajó con mayoría de suplentes al norte para jugar ante Boca y con Héctor Pitarch como DT. Se puso en ventaja con goles de Jonathan Santana y Daniel Montenegro y el tercer tanto llegó de los pies de un joven Gustavo Oberman, quien convirtió a los 21 años su único gol en un superclásico.

“Tengo un recuerdo muy lindo. Siempre jugar un clásico tiene una connotación especial. Es importante más allá de que sea un amistoso. Los jugadores lo vivimos como un partido por los puntos y se festeja igual porque para el que pierde es muy duro. Si ganás, es sólo un amistoso y casi una obligación. pero si te toca perder sabés que es contra tu clásico, llegan las dudas en la previa y se complica el panorama”, cuenta Oberman, quien arribó a River para el Apertura 2005 desde Argentinos Juniors.

Su gol llegó a siete minutos del final para decretar el 3-0. Roberto Abbondanzieri intentó salir jugando, pero el delantero millonario le anticipó el pase y definió con el arco libre. “Más que un error del Pato creo que le leí la jugada. Él pecó un poco de confianza y yo intuí lo que iba a hacer. Frené la carrera para poder encontrarme con la pelota pero no esperaba que fuese tan despacio. Cuando se me tiró definí por abajo. Fue un momento muy lindo”, recuerda el delantero de 30 años, quien viene de jugar en San Marcos de Arica en Chile y se encuentra en la Argentina analizando propuestas.

Entre el Apertura 2005 y el Clausura 2006, Oberman jugó 14 partidos y marcó un gol el 7 de septiembre de 2005 en la victoria 3-2 ante Colón de Santa Fe. Además, jugó 5 partidos en la Libertadores 2006 y sufrió una expulsión. “Algunos se acuerdan de ese gol, pero yo soy uno más. No me recuerdan demasiado por haber sido importante en River, obviamente. Pero yo estoy contento por cumplir mi sueño, el que todos los hinchas tienen y estoy feliz con eso. Me hubiera gustado que las cosas se dieran de otra manera”, cuenta Oberman, reconocido hincha del millonario.

 

Uno de los casos más recordados en el mundo River es el de Daniel Fonseca, un delantero uruguayo que llegó a principios del 2000 tras jugar en Napoli, Roma y Juventus. Le marcó un golazo de tiro libre a Boca en Mendoza, pero, a los dos meses, se fue en medio de una pelea con Ramón Díaz, por entonces DT, y sólo llegó a jugar 185 minutos con la camiseta millonaria.

Diego Galván llegó a River para el Apertura 2005 y jugó ocho partidos. Se fue a préstamo a Estudiantes y retornó en 2007. Aquel año, en Mar del Plata, marcó un gol de cabeza para ganarle a Boca por 2-0. Pero en el Clausura sólo fue titular en ocho encuentros, ingresó en otros ocho y retornó a Estudiantes sin pena ni gloria. Un caso similar es el de Rodrigo Rojas. El volante paraguayo llegó a préstamo de Olimpia en 2010 y el 20 de enero le marcó a Boca en la victoria 3-1 de River en Mar del Plata. Tras su promisorio debut, jugó 19 partidos entre Clausura y Apertura -14 de titular-, no rindió y se fue a Libertad de Paraguay, pero con su noche de gloria en el bolsillo.

 

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