Fabro que empezo en Boca y salio campeon en River,jamas cambia a su idolo: “Yo iba a la cancha sólo para ver a Riquelme”

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¿A su novia Larissa? No, a Román… Fabbro empezó en Boca, jugó en River y hoy está en Cerro, pero no cambia a su ídolo. “Yo quería ser él”, recuerda.

“Yo iba a la cancha sólo para ver a Riquelme”

Son mayoría de riquelmistas en la casa de la calle Austria, en el barrio Mburucullá, en Asunción. “Hola, Riquelme”, se presenta la persona que abre la puerta. Lo mismo las tres mujeres que están ahí. Es el hogar de Jonathan Fabbro, el argentino nacionalizado paraguayo que juega en Cerro Porteño y que desde hace cinco está en pareja con Larissa Riquelme, la chica que se hizo famosa durante el Mundial de Sudáfrica y que también participó de Bailando por un Sueño. “De los países a los que me tocó ir, Paraguay era en el que menos esperaba quedarme. Uno piensa que en Brasil, que en Chile… Pero acá encontré mi lugar. Mi familia se vino para acá. La familia de mi novia también me trata de la mejor manera… Todo eso fue importante”, cuenta Jony, quien se perdió el partido de ida pero sueña con estar en la Bombonera. En Paraguay desde hace mediados del 2007, Fabbro vive estos cruces con Boca como ningún otro en su equipo. Por los comienzos en Casa Amarilla y su última etapa en la Argentina con la camiseta de River. “Seguramente apueste algo con Carlitos y cambiemos la camiseta. Lo que él hizo es admirable: eligió el momento justo para volver, en su mejor forma, porque por el nivel físico del fútbol argentino le hubiera costado dentro de tres o cuatro años”, dice con conocimiento de causa, por la relación que mantiene a través de los años, igual que con Gago, el propio Riquelme y otros que eran juveniles en el primer ciclo de Carlos Bianchi, como Willy Caballero, Omar Pérez y Moreno.

-¿Qué recuerdos tenés de esos tiempos en Boca? -La verdad es que uno de los más felices. Fue debutar en Primera, hacer los primeros pasos en el fútbol. En ese tiempo yo quería ser Riquelme. Lo admiré mucho y lo sigo admirando por más que ya no juegue. Entrenarme a su lado fue una experiencia única. Cuando me tocaba ir a la cancha no miraba el partido, sino a Román, los movimientos sin pelota, trataba de copiarlo. Pero uno nace con eso.

-Hace poco lo quisieron traer a Cerro…

-Hubo una posibilidad, tratamos de hacer fuerza para que viniera pero fue a Argentinos. Hablé con él, le metí un poquito de interés personal más que nada, pero hubo otras cosas que no se pudieron cerrar. Hubiese sido fantástico.

-Fantástico, pero te habría sacado el puesto…

-Seee, pero iba a estar contento si un jugador como él venía a Paraguay, a Cerro.

-¿Qué te faltó para afirmarte en Boca? -Muchas cosas. No me di cuenta del lugar en el que estaba realmente. Lo que era Boca. Me faltó tener más responsabilidad para enfocarme. Saber que si tenés una continuidad en Boca te cambia la vida…

Cuando se fue, a Fabbro se le dio algo curioso. Pasó a Once Caldas y llegó a la final de la Libertadores 04 contra… Boca. Y si bien estaba préstamo y no pudo jugar, no sabía qué hacer. “Fue raro, ¿festejaba o no? Cuando terminara el préstamo debía volver”, cuenta. Después de esa experiencia, anduvo por México, Brasil y Chile, antes de llegar a Paraguay. “En Guaraní me sentí muy cómodo y ahí empezaron los trámites para mi nacionalidad”, recuerda. Y gracias a eso, jugó las Eliminatorias pasadas y ahora está bajo la órbita de Ramón Díaz, quien lo llevó a River en el 2013.

-¿Te costó ir a River? -No fue fácil, pero no dudé. Volver a la Argentina después de diez años, a un club tan grande como River, era una oportunidad única. Y fue una experiencia especial, porque a pesar de que no tuve continuidad pude salir campeón y sentir lo que se siente conseguir eso con un equipo así.

-¿Esa fue la mayor alegría de tu carrera? -No, debutar en Primera. Esa sensación, esa noche anterior… No podés dormir, comés mal, tenés unos nervios bárbaros… Era un partido que si ganábamos, Boca se clasificaba a la Copa. Ese momento de felicidad es más que una copa o algún título. No lo volví a sentir.

-¿Qué te genera cruzarte de nuevo con Boca? -Es muy lindo. Ojalá pueda estar en la Bombonera.

-Vos sabés lo que es jugar ahí, ¿cómo lo viven los equipos extranjeros cuando les toca? -Me tocó jugar con Cerro en la Sudamericana 2014 y sacamos un resultado medianamente bueno, porque perdimos 1-0, pero después de local fue peor y no pasamos. Vos lo ves por televisión y te imaginás lo que es, pero cuando llegás al estadio te das cuenta de la dimensión que tiene. La verdad que estar ahí adentro es dificilísimo.

-¿Qué siente el jugador? -Todo. Parece que se va a venir el estadio abajo. Son 50.000 que están muy cerca. Se siente mucho. Hay que tratar de manejarlo porque sino…

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