¡Emotivo! Leandro Vega revela su historia: de las carencias de niño al orgullo de poder ayudar en la casa donde vive con familia:”Mi familia no tenía para comer”

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“Mi familia no tenía para comer”

Leandro Vega revela su historia: de las carencias de niño al orgullo de poder ayudar en la casa donde vive con sus padres, sus dos hermanos, su mujer y su hija.

Lea Vega se saca de encima el sofocante calor de Orlando (@CARPoficial)..

Me veo acá y se me vie­nen a la cabeza muchos recuerdos y cosas… Cuando era chico, a veces mi familia no tenía plata para comer… Mis viejos siempre trataron que nunca me faltara nada y me acompañaron. De chiquito les decía que quería jugar en River. Veía a los jugadores en el Monumental y me emo­cionaba, y ahora estoy acá”. Sin levantar la voz, fiel a su cos­tumbre, Leandro Vega re­vuelve la memoria cuan­do se ve rodeado de los lujos del Gaylord Palms Resort de Orlando. Nada tiene que ver con su in­fancia en las bravas ca­lles de San Miguel, donde le tocó crecer sin que nada sobrara en la casa de Julio y Norma.

Su historia futbolera arrancó en Boca, donde vivió una mala experien­cia. “No me sentía cómo­do y no la pasé bien. Ahí le dije a mi mamá que no quería ju­gar más”, cuenta el zurdo de 20 años. Después tuvo un mejor paso por Argenti­nos hasta que llegó al soñado Ri­ver. También le costó porque su timidez le hacía difícil sumarse al grupo, pero la camiseta y el esfuerzo de su familia no lo dejaron aflojar. “Como lo sufría yo, sufría mi familia. Inclu­so estuve un año en la pensión, no me gustó mucho y preferí seguir viajando todos los días desde San Miguel. Mi mamá me pudo acompa­ñar hasta los 12 y des­pués me iba solo en colectivo. Una hora y media tenía de viaje. Por eso me pone orgullo­so haber luchado para lle­gar a Primera y poder ayudar a mis vie­jos. Hoy me doy el gusto de muchas cosas y lo va­loro. Ellos dieron todo por mí”, le cuenta a  y el tono de voz suena diferente: la emoción lo silencia por momentos.

-¿Qué les diste ya que te genere felicidad?

-Me reconforta que mi viejo no traba­je: era albañil y ese traba­jo es muy duro. El cuerpo no le daba más. Un día le dije que quería que dejara de trabajar y que yo la iba a pelear para brindarles todo, para que disfruten de grandes.

-¿Toda la vida fue albañil?

-Sí, o hacía changas. Lo que se podía. Cuando nací yo, no esta­ban en una buena situa­ción así que agarraba el trabajo que había. Hoy tengo la suerte de que si hace algo es para entretenerse. Me lle­na de orgullo que estén disfrutando en la casa donde vivimos.

-¿Siguen en la misma casa de toda la vida?

-Gracias a Dios nos vamos a mudar, pero siempre en San Miguel. Vivimos todos juntos: mis viejos, mis dos hermanos y mi mujer y mi nena de un año y medio.

-¿Y te tocó ayudar a tu papá en alguna obra?

-Mi hermano más grande trabajó con él. Alejandro, que tiene 31, tam­bién jugaba al fútbol, pero tuvo que dejar para cui­darme a mí en un mo­mento que mis viejos tu­vieron que trabajar los dos. Y el único que se pudo dedicar al fútbol fui yo.

-Así que por la pelota za­faste de la pala y el bal­de…

-Siempre jodía a mi viejo que quería ir a su trabajo y una día me lle­vó: me hizo cargar arena y cemento, y me di cuenta que no era para mí. Debía esforzarme en el fútbol para poder llegar a lo que vivo hoy.

¿Qué objetivos te planteás: la salida de Vangioni te abre chances?

-Busco mantenerme en Primera. Pienso en quedarme en River para pelearla y ganarme un lugar.

-¿Sabés algo de la chance de Central?

-Me enteré de que Coudet me quería, pero no más. Conmigo no se comunicó nadie. Si existe la chance, la analizaré, pero tengo la cabeza acá y me quiero ganar un puesto en River.

-El interés de Racing, en la negociación por Lollo, fue algo concreto.

-Si, de eso estuve al tanto y River dijo no. Eso me deja tranquilo de que me quieren en el club. Me pone contento que técnicos como Gallardo y Coudet me tengan en cuenta. Es importante para un pibe como yo, que tengo 20 años. Soy chico y no puedo volverme loco. Estoy centrado y sé lo que quiero.

-¿Te incomoda jugar de lateral izquierdo?

-Por ahí te cuesta el ritmo, pero trato de asumirlo porque quiero jugar siempre.

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