¡El nuevo D’alessandro! Conoce la historia de superacion y humildad de Tomas Andrade en un mano a mano impresionante

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Tomás Andrade promete con su zurda y el Cabezón lo aconseja para seguir su camino. “No siento presión con la comparación, es un orgullo”, cuenta el pibe de 19 años que se levantaba a las 5.30 en Temperley y volvía a las 21 para llegar adonde está hoy.

Tomi Andrade es una de las grandes apariciones de River.

Es un nene. Sonríe como si estuviera en el patio de un colegio con la pelota en sus pies y disfruta de su primera producción con . Posa para las fotos y cuenta que su papá Gustavo, su madre Natalia, sus hermanos Catalina (18) y Baltazar (14), y su novia Paula se van a emocionar cuando vean la nota en el diario que leen todos los días en su casa de Temperley. Porque ellos se esforzaron a la par de él. “A mí nunca me faltó nada porque mis padres me dieron todo. Nunca tuvimos casa propia, hoy seguimos alquilando, y nuestro primer auto fue un Escarabajo que nos regalaron, pero no necesité colaborar con la casa. Yo siempre trabajé, entre comillas, para el fútbol”, dice Tomás Andrade, el zurdito de 19 años que ilusiona a los hinchas con su talento y su parecido con D’Alessandro.

-¿Por qué decís que trabajaste para el fútbol?
-Es una forma de decir. Es mi pasión, pero siempre le dediqué mucho al fútbol. De chico me iba con mi viejo a la plaza con los conitos: a patear, a pisar la pelota, a practicar técnica. Hoy lo sigo haciendo cuando puedo. Fui a un solo cumpleaños de 15 y porque era enfrente de mi casa… Y en mi primer año en River, en la Séptima, salía a las 6 de la mañana de Temperley en tren a Constitución, después me tomaba el subte a Retiro y de ahí otro tren hasta Núñez. Entrenaba a la mañana, iba al colegio del club a la tarde y después me tomaba el 28 para irme al gimnasio en General Paz y Lope de Vega. Recién después volvía a mi casa en el 28 y el 318. Terrible.

-Pero al final valió la pena tanto esfuerzo.
-Seguro, hoy valoro esas cosas, como también la decisión que tomamos con mi papá en la Sexta, de dejar el colegio para dedicarme de lleno al fútbol, porque si no me levantaba a las 5.30 y volvía a las 9 de la noche.

-¿Ya caíste del momento que estás viviendo?
-No sé, ja. Yo estaba seguro de que iba a ser así. Me acuerdo que un mes antes de que debutara en Reserva mis padres estaban viendo si iba a ir a algún club en junio, porque no pensaban que yo iba a tener la oportunidad de jugar en River. Y les dije que no: “Yo no voy a ir a ningún lado en junio porque voy a jugar en la Primera de River, yo estoy seguro de que voy a jugar acá antes o después de la pretemporada”. Por eso se me cayeron las lágrimas el día que debuté contra Vélez, se me vino ese recuerdo a la cabeza.

-¿Sos de River por herencia familiar?
-Mis abuelos Tito y Alberto son hinchas de River. Yo siempre fui de Temperley porque me crié a seis cuadras de la cancha del Gasolero, pero igualmente siempre miraba todos los partidos de River. Y cuando llegué al club, ¡uf!, fue algo increíble para mí. A partir de ahí ya fue algo muy fuerte lo que sentí por esta camiseta. Imaginate ahora que estoy con el plantel profesional…

-Menos mal que volviste de Inglaterra, ¿no?
-¡Gracias a Dios! Fue muy raro todo. Yo estaba en el Bournemouth, jugaba en la Reserva, apareció una gente italiana que me prometió llevarme a otro equipo que supuestamente me venía siguiendo hace rato: el Crystal Palace. River no me autorizaba a ir a ese club porque yo estaba a préstamo en el Bournemouth y ellos tampoco me dieron el permiso. Entonces hablé con los dirigentes de acá, rescindí con el Bournemouth y me fui al Crystal. Resulta que, cuando llegué, era un pibe más que estaba a prueba, ni me miraron. Me quedé en bolas, sin club, y tuve que volver. Me incorporé con los jugadores libres. Me entrené una semana con ellos hasta que me vio el Luigi Villalba y me sumó a la Reserva. Tuve un buen rendimiento y enseguida me llamaron para la Primera con Vélez.

-Diste un gran paso pero ahora viene lo más difícil.
-Bueno, yo escucho a mucha gente que dice que llegar no es difícil sino mantenerse. Y eso es totalmente mentira. Llegar a Primera es muy difícil. A mí me costó mucho, he estado días y noches llorando en mi casa porque no tenía la posibilidad, o porque llegaban otros compañeros.

-¿Cómo encarás el desafío de mantener lo que mostraste al principio?
-Bueno, lo principal es jugar bien. Si uno juega bien va a estar quizá más tranquilo, porque todo gira en cómo uno rinde, son las reglas del juego. Pero lo tomo con mucha calma y trato de aprender siempre de los más grandes, de Andrés, de Piscu, que juegan en mi posición, de Marcelo, que también jugó en el puesto. A mí me encanta escuchar, aprender, y también pregunto porque ellos son muy abiertos conmigo. Andrés, por ejemplo, como yo quiero gambetear siempre me dice que con el tiempo voy a ir aprendiendo, que a él le pasaba lo mismo. Es un orgullo para mí y lo tengo que aprovechar para seguir creciendo, pero siempre tranquilo y sin olvidarme de dónde salí.

-¿Te aconsejan mucho en lo técnico D’Alessandro, Piscu y Gallardo?
-Más que nada Andrés y Piscu, porque Marcelo es el entrenador. Con los chicos tengo más contacto y siempre que tengo una duda les pregunto. El otro día, por ejemplo, Piscu me marcó que cuando vaya a recibir a la mitad de la cancha ya vaya perfilado y no de espaldas para rebotar, que rebotar siempre sea la última opción, que trate de perfilarme para ir para adelante. Es un lujo eso, a mí me encanta. Yo les hincho las bolas y la verdad que son dos fenómenos.

-¿Cómo nació tu admiración por D’Alessandro?
-El tema viene desde el baby. Yo siempre fui peladito, de chiquito, y siempre me gustó pisar la pelota. Yo jugaba en Lanús y el entrenador, era Roberto Madoery, me decía el nene D’Alessandro. Tenía 7 u 8 años. Y ya ahí quedó eso. Cada vez que me veían jugar decían “se parece D’Alessandro por cómo pisa la pelota”. Y obviamente que cuando todos me decían eso yo arranqué a mirarlo, y me di cuenta de era un fenómeno. Es un fenómeno. Yo no me comparo con D’Alessandro, no me gusta cuando dicen que soy el nuevo D’Alessandro. Yo soy Tomas Andrade y él es Andrés, ya ganó todo, la rompió en Brasil, jugó en Europa y está terminando su carrera. Yo estoy arrancando y tengo que hacer mi camino. Andrés fue y es un distinto. Yo no soy nadie todavía. Es la realidad.

-¿Te genera presión la comparación?
-Puede haber cosas del juego en que nos parecemos, porque usamos la misma pierna y caminamos medio raro, ja, ja. Pero no siento presión con que me comparen, sí es un orgullo que me comparen con un jugador de ese tamaño. Andrés me jode y me dice que soy su pupilo, ja, pero yo tengo claro que soy Tomás Andrade y que tengo que hacer mi camino.

-¿A qué otros jugadores admirás en tu puesto?
-Siempre admiré a los jugadores diferentes con la pelota. Neymar, Cristiano y obviamente Messi, el mejor. Eso en cuantos a los jugadores desequilibrantes, pero también me encantan Iniesta, Yaya Touré… Esos estilos me gustan.

-¿Qué te pide Gallardo?
-Que en la mitad de cancha trate de jugar simple, que no me haga golpear, y que de tres cuartos para adelante que gambetee, que cambie mucho el ritmo, que trate de tirar paredes con los delanteros y que llegue al área. Después, cuando no tengo la pelota, que trate de presionar al rival para tratar de recuperar rápido y estar cerca del arco contrario para atacar. Eso nos pide a todos, en realidad.

-¿Cuál es tu objetivo en este semestre?
-Primero está el objetivo grupal, que son dos: la Recopa y la Copa Argentina, que va a ser muy importante porque nos puede dar la clasificación a la Libertadores. Después, el objetivo personal a corto plazo es estar el domingo entre los 18 para viajar a Formosa, y luego mantenerme dentro de los convocados para que cuando me toque entrar, los minutos que sean, tratar de rendir al máximo por la camiseta y por mis compañeros. Ir de a poco y seguir creciendo pero con tranquilidad, porque recién estoy empezando. No me vuelvo loco.

-¿Te ilusionás con ganar la Copa Argentina para jugar la Libertadores?
-Y, es el gran objetivo. Para mí sería un sueño jugar la Libertadores, pero primero nos tenemos que concentrar en tratar de ganar la Copa Argentina.

-¿Podés disfrutar en la cancha a pesar de la responsabilidad que tenés?
-Mirá, la verdad es que yo disfruto cada vez que tengo la pelota. Si es por mí, la tengo todo el tiempo, no se la doy a nadie, ja. Sé que no se puede, ja, pero yo disfruto cada vez que agarro la pelota. Sea donde sea, eh, para hacer jueguitos, en mi casa, en las prácticas o en el Monumental. Para mí siempre hay que disfrutar de este juego, nunca me pasó de no hacerlo. Es un juego y hay que tomarlo con alegría, con responsabilidad pero con alegría. Siempre.

-¿Alguna vez jugaste en otra posición?
-Bueno, en el baby me gustaba jugar abajo porque cuando la agarraba el arquero me la daba a mí. Me gustaba jugar abajo para que me la dieran siempre, no para marcar, ja. En cancha de 11 siempre jugué de enganche o volante por izquierda o mediapunta, pero siempre ahí adelante.

-¿A la Boba la empezaste a tirar por D’Alessandro?
-No, yo no le llamo la Boba, no tengo una jugada que sea característica como tiene Andrés. Yo piso la pelota siempre. Ese día contra Vélez no quise tirar la Boba, quise pisarla y me salió así. A mi me encanta pisar la pelota. La Boba es una jugada que está buena y hay que aprenderla porque te saca de situaciones: la tirás para atrás y cuando el jugador la va a buscar vos la tirás para adelante, cambiás el ritmo y lo dejás atrás. Es difícil de hacer y a Andrés le sale muy bien. Hay que entrenarla para ver si me sale, ja.

-¿A la pierna derecha la tenés sólo de apoyo?
-Nooo, ja, ja. Con la derecha puedo pasar la pelota, tirar centros o rematar, pero a mí siempre me gustó jugar con la zurda. Si tengo que usar la derecha lo hago, incluso me entreno para eso porque es fundamental contar con ese recurso para no tener que acomodarte para tu pierna.

-¿Eras de hacer muchos goles en Inferiores?
-No, ni muchos ni pocos. Normal. De vez en cuando la metía, pero siempre me gusto mucho asistir a mis compañeros. Hoy me está gustando mas hacer goles, le tomé más el gustito y la estoy clavando seguido, por suerte. Espero seguir así.

-¿Tuviste que cambiar algo de tu juego para eso?
-Animarme más a entrar al área. Creo que hoy soy un jugador más punzante, de estar más cerca del arco y rematar más veces. Más que nada me cambió la cabeza en eso.

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