El Muñeco le gana desde el banco siempre a el Vasco

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En un partido muy táctico, Gallardo acertó con Ponzio como central y con los cambios. Y el Vasco lo sufrió.

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River está dulce. Boca está salado. River saca la sortija en la calesita hasta cuando no estira la mano. Boca se queda sin nada hasta en una piñata que reparten caramelos. El partido se moría en un triste empate, en un encuentro de experimentos tácticos de los técnicos, hasta que Palacios se mandó un macanón increíble al tocar al Pity, llegó el gol de Mora y así se definió un clásico, que no será muy recordadado por el juego… Pero quién le quita la alegría a Gallardo, quien se la jugó con Ponzio de primer central y Leo terminó siendo el mejor actor de la película, anulando nada menos que al capitán Tevez y luchando mucho para que Chávez no se destaque.

Boca no pierde por el sistema ni por lo que pensó Arruabarrena. Es más, si Boca tuvo una primavera en este olvidable verano fue porque el equipo tuvo un rato de juego asociado en el primer tiempo, con un 3-4-1-2 que desconcertó a su rival y si Tevez hubiese tenido un partido apenas aceptable, la historia no hubiera terminada en derrota. Los tres del fondo dieron seguridad; los laterales volantes cumplieron, Cubas mejoró y el que se destacó fue Meli. El problema fue que adelante no estuvieron en sintonía, sólo el esfuerzo de Chávez.

River no se encontró en el primer tiempo. Deambuló por el campo con ese 4-1-3-2 que intentó el Muñeco. Y el mayor problema era la desconexión de Nico Domingo, quien se sentía perdido y que hablaba constantemente con Ponzio, quien le solucionaba los problemas a todos. En el segundo tiempo, los cambios ayudaron al funcionamiento de River: Mayada hizo más que Lucho y Driussi le dio más movilidad al ataque, llegando por sorpresa. Pero la clave fue el crecimiento de Nacho Fernández, quien encontró más la pelota bajando a buscarla y no esperándola tan adelante.

Y en el mejor momento de River (que tampoco era una cosa de locos) y en el más flojo de Boca (sintió el esfuerzo del primer tiempo), llegó ese penal infantil, el fierrazo de Mora y otro triunfo millonario, el segundo en el verano, para seguir de festejo.

 

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