El historico jugador de San Lorenzo que no tuvo consuelo

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Los grandes también lloran. Como el Pipi Romagnoli, que miraba golpeado desde el banco de suplentes cómo sus compañeros sufrían contra Lanús, en el 0-4 de la final. Solito, pensante, casi al borde del llanto, así se vio al ídolo en el final. Después, en la entrega de premios, el símbolo de Boedo lagrimeó. Y está bien. Hay que tener en cuenta que, como bien dijo él, pudo haber sido su última final como jugador, tal como le había contado  en la semana.

No es titular para Guede y por eso tuvo su lugar en el banco. No le tocó entrar y vivió con dolor, como todos los Cuervos, el golpe en el Monumental. Con contrato hasta fin de año y poca continuidad en los últimos tiempos, habrá que ver si tiene revancha.

 

 

 

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