El desafio de Gallardo: armar un nuevo River y que repita todo lo del 2015 ¡Mira su plan!

0
145

Mejoró al equipo campeón que heredó y cambió sobre la marcha sin que le temblara el pulso. Ahora Gallardo, con espalda, apuesta a ganador… a veces en exceso.

Publicidad

arcelo Gallardo está escribiendo otro capítulo de su vida profesional. Se le presenta un gran desafío. Armar un nuevo River.

Me propongo repasar con vos, querido lector, algunos puntos de la corta pero riquísima historia de Gallardo.

Llegó a Núñez en silencio, con el aval de su recordada diestra prodigiosa, a ponerse un buzo que dejaba Ramón Díaz campeón.

¿Qué había dirigido hasta ahí? Poco, Nacional de Montevideo.

De arranque, sus decisiones llevaron su marca: riesgo y convicción. Les dijo a esos jugadores que venían de dar una vuelta olímpica a media luz futbolística: “Señores, jugaron bien y salieron campeones, ahora quiero que la rompan.” Y así fue.

La defensa fue pedida entera para la Selección, hasta inventó a un tal “Daniel Alberto” Funes Mori. Rojas fue cerebro. Sánchez fue J. J. Kranevitter, el 5 total. Piscu jugó los seis meses más grandes de su vida. Teo fue sólo fútbol. Mora enamoró a River.

La Sudamericana, Boca incluido, lo diplomó de DT grande.

River era flor de equipo, pero también tenía algunas espinas. Bajones individuales, rivales que te estudian. Dejó de ser de Pisculichi y pasó a ser de Ponzio, muñeca del Muñeco mediante. No le tembló el pulso. ¿Mi fútbol bajó? Mi equipo cambia.

Lucha e inteligencia. Ponzio y el Colo. Barovero y Sánchez. Y volvió a ganar: Recopa y Libertadores.

Los libros de pases no fueron sus grandes éxitos. Sí, nadie podrá reprocharle malgastar un dinero que no sobra hace años (gestiones de Passarella–Aguilar mediante).

Se puso a la par de su Comisión Directiva. Y trajo jugadores que ahora le deben, y se deben a ellos mismos, mejores rendimientos, Bertolo–Martínez–Viudez (la excepción: Alario).

Aparece una nueva prueba, un nuevo River, su espalda es grande. Cuánto más fácil hubiera sido después de Japón cerrar este ciclo histórico, darle un abrazo simbólico al Monumental y dejar abiertas todas las puertas, ¿no?

Sus decisiones siguen siendo claras y apostando con la banda roja en su frente. A jugar… ¡y a ganador! Diría a veces hasta en exceso. ¿Quién soy yo para decir esto? Un admirador respetuoso de este director técnico con futuro de selección.
Esta nueva criatura arrancó sin el brillo de otrora, con triunfos superclásicos en enero y la vuelta de D’Alessandro.

Sus primeras elecciones fueron como aquel segundo semestre de 2014, un solo 5, Domingo, y varios violines, Lucho–Nacho–Andrés; Bertolo–Piscu–Pity, con una línea de 4 todavía no definida que no parece ser lo sólida de entonces. La idea trastabilla en Córdoba y frente al Tomba. Aparece una nueva lección vestida de conferencia de prensa… ”Nunca dije que nada es absoluto, cuando tengo que cambiar, cambio, de acuerdo con lo que veo”.

Llega Rosario Central, hoy en día el mejor. ¿Se puede jugar mejor sacrificando un violín y agregando una ayuda a Domingo? Creo que sí. ¿Este es el sistema? De su mano River está seguro de que no hay un solo sistema ni un DT esclavo de una idea, sino esclavo del bienestar del club.

La mejoría es evidente, parda con el equipo de Chacho. Arranca La Copa, pisa fuerte en Venezuela.

De lo que todos podemos estar seguros es que los éxitos no lo nublan, lo tienen alerta. Los errores rápidamente lo movilizan a replantear. Los caprichos, por lo menos hasta hoy, no figuran en su catálogo.

¿Saldrá otra obra tan exitosa como la del 2014/15? No lo sé. Odio los pronósticos y las adivinanzas en historias donde los protagonistas son humanos.

Sí tengo la certeza del trabajo, la inteligencia y la capacidad de un entrenador que el fútbol argentino, gracias a Dios, disfruta en nuestras tierras.

Comentários no Facebook