El atletico de Madrid consigue una gran victoria

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Saúl abre la lata adelantándose a Manuel Pablo, del que le separan casi dos décadas. Después completan Griezmann y Correa. Poco Deportivo para el Calderón

 

Cantaba Gardel que no, pero Gardel no tenía razón. En lo que al Atlético respecta, el único argentino infalible es Simeone. Si es que Gardel era argentino, que ésa es otra, no vayamos a liarla en esta crónica. A lo que vamos: Manuel Pablo podría ser el padre de Saúl. No es una forma de hablar, escribir en este caso, porque entre el uno y el otro hay casi 20 años de diferencia, suficientes para el caso que nos ocupa. Y esa distancia inmensa se traduce en su actitud hacia el fútbol, y la vida si nos apuran, porque el uno se quedó en casa esperando lo que el otro salió a buscar, en este caso una pelota colgada por Filipe desde la izquierda. Llovía aquello del cielo y Manuel Pablo se relamía quizás pensando en el derechazo con que iba a despejar el aparente peligro, pero en lo que lo hacía Saúl ganó metros para meter la cabeza valiente y picarla inalcanzable para Lux, Poroto Lux para los amigos y para los que imprimen camisetas.

El Deportivo había decidido vivir el partido en el balcón de su área, pero tan cierto es que ese planteamiento le había ido bien a Sevilla y Villarreal en los últimos tiempos como que no es la blanquiazul una defensa similar siquiera a la de los dos equipos que habían rascado un empate en el Calderón. Distaba de ser la de Manuel Pablo la única costura visitante atrás, como bien se apreciaría al borde del descanso cuando una pifia de Arribas concedió metros a Griezmann para el recorrido y posterior disparo. Que éste se marchara fuera, en fin, no supone argumento en contra de la tesis aquí expuesta, léase la de que esa lata podía abrirse con relativa facilidad, de hecho ya estaba abierta.

Carrasco había tenido el segundo justo después del primero, pero Poroto atenazó su disparo entre las dos piernas, en una suerte tan poco vista como peligrosa para la integridad del portero. Las tres hasta ahora relatadas y un cabezazo de Giménez rellenaron el balance ofensivo en el primer acto de un Atlético que decidió tomarse el asunto con calma y que en ocasiones pudo confundirla incluso con la haraganería: el Deportivo apenas asustó -la única intervención de Oblak antes del descanso llegó en acción anulada por fuera de juego-, pero fue ganando confianza para tocar a la que comprobó que de momento no era tan fiero el rival como lo pintaban y que, por otra parte, estaba por debajo y no le quedaba otra.

Carrasco desató las hostilidades tras el descanso con un disparo maravilloso al que sólo el larguero pudo poner pegas. Apretaba por fin la escuadra rojiblanca, pero más allá del aspecto general que ofreciera el partido hubo un momento concreto en el que pasó de todo y nada bueno para el Deportivo. Porque a la que el Atlético se disponía a sacar desde la esquina Manuel Pablo se rompió, cuestión que apenas pudo extrañar teniendo en cuenta que al comentado dato de sus años añadía el de la inactividad. Víctor tuvo que tirar del chaval Rober, que se dispuso a defender esa jugada como si le fuera la vida en ello… pero sin atender a la línea. El Atlético, 11 hombres sin piedad, combinó desde la esquina, Koke a Carrasco, Carrasco a Koke, Koke a Griezmann, para que el francés aprovechara la posición válida y derrotara de nuevo a Lux con su disparo.

Es complicado hacer dos al equipo que no se deja hacer uno, de modo que aquello estaba liquidado. Lo tuvo Fede Cartabia tras la mejor acción visitante de la noche, pero topó bajo palos con… Saúl. El muchacho sirve lo mismo para un roto que para un descosido. Luego lo tuvo Jona, en un disparo que se marchó cerca pero se marchó, y conviene destacar llegados a este punto que el uruguayo dio mala noche a su compatriota Giménez. Porfiar porfió, más allá de que de poco sirviera. El partido estaba decidido, pero ni siquiera Liaño iba a llevarse una alegría en forma de gol a Oblak.

Sí llegó la tercera local, en diana que se apunta Correa pero que debería apuntarse Gabi. Porque el capitán provocó una falta en su propio campo y porque el capitán la puso larga cuando la pelota estaba aún en movimiento o eso parecía para habilitar la que por otra parte fue excelente maniobra del argentino. Para entonces Simeone ya había prescindido del partido a partido retirando a Griezmann y para entonces Víctor jugaba con tres delanteros, pero tanto daba, y prácticamente sin portero, que el amigo Poroto andaba renqueante. Tampoco era cuestión de cebarse, en todo caso, porque no hay motivo para marcar el sábado cada gol que te valga para el martes. Total, que 20 años sí es algo. Nos vamos haciendo viejos.

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