Efecto Tevez: una frase que no cayó bien y puede generar tormentas en Boca

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Los dichos del capitán generaron malestar interno en el cuerpo técnico y los jugadores, y preocupación en los dirigentes; el Apache está incómodo y no desequilibra como en 2015

“No me quiero salvar, pero si entraban las dos pelotas de gol que metí, el puntaje era otro…” Una simple frase puede no significar un temblor interno. Pero viniendo de Carlos Tevez , el capitán de Boca , puede generar un efecto dominó de alcances inimaginables. Claro, como ayer el plantel tuvo el día libre, recién hoy el Apache volverá a verse con sus compañeros. Pero más allá de las repercusiones internas, ¿qué le pasa a Tevez? ¿Por qué no puede volver a deslumbrar como lo hizo en 2015? Hoy, más allá de la derrota con Lanús 1-0 en el debut del campeonato , es lo que más les preocupa a los Mellizos Barros Schelotto y a la mayoría de los dirigentes.

Si bien siempre es valiosa la actitud de Tevez de poner el pecho tras un resultado adverso, la frase que eligió no ayudó al mundo xeneize. Porque sorprende y deja en evidencia al resto.

El fondo de la cuestión es tema de debate por los pasillos de la Bombonera. Hay quien considera que el Apache pecó de honestidad brutal, pero el problema son las formas, el momento, el lugar y el rol del que habla. El equipo acababa de caer como visitante frente al actual campeón del fútbol argentino. Y que el ídolo resuma la derrota de esa forma fabrica temblores. No pensó en las consecuencias, sobre todo teniendo en cuenta su experiencia (en la Argentina y Europa), por ser el capitán y porque, en la escala de referentes, la distancia con sus compañeros se agigantó al estar lesionado Fernando Gago y habiéndose ido Agustín Orion y Daniel Díaz.

¿Cómo recibieron sus compañeros esas palabras? No lo tomaron bien, aunque el alcance del malestar será recién medible hoy. Es que, con su frase inicial, el Apache buscó salvarse, despegarse de la responsabilidad de la derrota en el Sur. Evidenciar que él considera que hizo un partido correcto, pero que el equipo no ganó y su actuación se menosprecia porque sus compañeros, en este caso Darío Benedetto y Cristian Pavón (receptores de esas hipotéticas asistencias), malograron las situaciones de gol. El mano a mano desaprovechado por el Nº 9 sucedió a los 17 minutos de juego, y en la otra, el Nº 7 no tenía un ángulo de tiro ideal como para inflar la red. Aun contando esos aportes, lo de Tevez fue demasiado poco para un jugador de su clase.

La que ofreció el Apache en la Fortaleza fue una versión terrenal. Fue un jugador más, con apenas pinceladas de su calidad. Metió dos o tres pases buenos, cierto. Pero en un esquema nuevo hecho a su medida (4-2-3-1), y que debería potenciarlo, tampoco brilla. No se saca rivales de encima, no encara en velocidad y apenas patea al arco (el primer remate fue a los 40 minutos de la etapa final). Además, ahora vestido como asistidor, de los 50 pases que realizó ante el Granate, sólo el 21 por ciento fueron hacia adelante.

No es la primera vez que el Nº 10 no mide sus declaraciones. Tal vez sea su estilo, a veces frontal, otras sanguíneo, pero hay cosas que los futbolistas sólo suelen decir puertas adentro, en busca de que la crítica constructiva surta efecto.

A mediados de febrero pasado, cuando Rodolfo Arruabarrena tambaleaba en su cargo como DT y Boca perdió como local 1 a 0 ante Atlético Tucumán, el delantero dijo: “La continuidad es algo que deberán decidir el entrenador o la dirigencia”. Aquel testimonio le valió un airado reclamo de dos compañeros apenas ingresó en el vestuario, y esa discusión acalorada derivó en que el 10, minutos después, modificara sus dichos y saliera a respaldar al Vasco en los pasillos del estadio xeneize. Tiempo después, a fines de marzo, y en medio de críticas a su rendimiento, el jugador consideró: “Yo no estoy en deuda”, eludiendo cualquier tipo de autocrítica o sentido colectivo en momentos adversos.

Se repite otra vez el concepto: el Tevez modelo 2016 no se acerca ni por asomo al que condujo a Boca a dos títulos en el segundo semestre del año pasado. Enemistado con el balón, falto de ritmo, con achaques físicos e incluso lejos del gol, el Apache no plasma en el campo de juego todo lo que se espera de él. No es casual que haya sido marginado del seleccionado argentino que compitió en la Copa América o que su ausencia en la primera convocatoria de Edgardo Bauza no sea noticia.

Pidió una licencia que también generó ruidos internos luego de la eliminación ante Independiente del Valle, para desintoxicar su cabeza, y se la concedieron, en una charla que no sólo involucró a Guillermo Barros Schelotto con Tevez sino también a Daniel Angelici. Volvió de jugar al golf en Uruguay y le dieron la cinta de capitán. Cambiaron el esquema del equipo para potenciar su figura, y así y todo el delantero sigue sin aparecer.

¿Cómo es la relación con el cuerpo técnico? Normal. No bien llegó Barros Schelotto, Tevez habló bien y marcó una diferencia en la preparación física a favor de los nuevos trabajos del PF Javier Valdecantos con respecto al ciclo del Vasco. Pero la relación entre el DT y Tevez se entibió, a tal punto que sin Wanchope Ábila (el delantero que quería Tevez como compañero de ataque), cuando Guillermo ubicó a Benedetto como delantero por afuera en la altura de Quito, el N° 10 lo criticó. Ante Lanús, ante malos pases o situaciones no bien resueltas, los gestos de Tevez terminaron exponiendo más todavía a un Benedetto que se siente obligado a pagar con goles los más de cinco millones de dólares invertidos en él.

Tras el día libre que recibió el plantel ayer, será cuestión de ver cuáles son las repercusiones y los ánimos hoy, cuando los jugadores vuelvan a verse las caras en la práctica prevista para las 9.30 en el Complejo Pedro Pompilio. Los dichos de Tevez no cayeron bien internamente, pero hoy empezará a verse el alcance real de su comportamiento.

Fuente LA Nacion

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