¿D’alessandro,el nuevo lider del equipo de Gallardo?

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D’Ale que sos vos. D’Ale, que el equipo te necesita. D’Ale, que ya va a salir. Por ahora, Andrés D’Alessandro, el D’Alessandro que todos conocen, está en estado de latencia. D’Alessandro, el retorno que más expectativas generó en River en los últimos años, aún está en eso: en expectativas. Lo malo es que por ahora son expectativas y lo bueno es que son expectativas, también: al contrario de lo que pasó con otros dilatados regresos, el Cabezón tiene un enorme crédito futbolístico abierto. Es que la lesión de arranque lo frenó y recién ahora asoma el jugador que Gallardo fue a buscar, el que poco a poco empieza a gritarles a los compañeros dentro de la hierba, el que pide la pelota: el que debe ser el dueño del equipo, hacerlo jugar. La derrota 1 a 1 del domingo frente a Banfield no dejó casi nada positivo para recortar. Casi: acaso lo único rescatable haya sido que el propio D’Alessandro empezó a soltarse, tímidamente, sí, pero a soltarse al fin, a tirar la Boba, a meter buenos pases, incluso a encarar y gambetear hacia adelante como en el penal que le hizo el Chiqui Pérez, a patear al arco con confianza como en el tiro libre que le sacó Arboleda. Para lo que puede dar el diez que juega con la veintidós, claro, es poco. Pero es algo. Y lo bueno es que físicamente, dicen desde el cuerpo técnico, está a la altura de todos: llegó muy bien desde Brasil, más allá del lomo que peló en la conferencia de prensa de su presentación cuando se probó otra vez la Banda. De hecho, en la evaluación física que el equipo de trabajo de Gallardo hace después de cada partido, el Cabezón fue el mejor en su debut oficial contra Belgrano, la única vez en la que jugó los noventa minutos de pe a pa. Y la lesión en su segunda función contra Godoy Cruz, creen el Muñeco y compañía y el propio D’Alessandro, se trató de una mera cuestión de estrés por todo lo que implicaba su vuelta al Monumental después de trece años y no de desgaste físico. Por eso en este parate Andrés no hará ningún trabajo especial: se entrenará a la par del resto como cualquier hijo de vecino, porque puede.

Ahora, cuando el equipo está en una nebulosa, en una dicotomía no resuelta entre lo que es jugar por la Copa y por el torneo local (que paradójicamente es, en definitiva, una especie de fase preliminar de la Libertadores 2017), es cuando tiene que aparecer D’Alessandro. Para marcarles el camino a algunos jugadores que parecen perdidos, que fueron contratados por su desequilibrio y lo que están haciendo irónicamente es desequilibrar a su propio equipo. Para potenciar a una estructura copera que, se vio en Bolivia, todavía existe. Para darle un poco de alegría a los hinchas y a los que gustan de su fútbol y, entonces, del fútbol en general. D’Ale que va.

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