Cristiano Ronaldo volvió a pedir silencio al Camp Nou tras el gol que supuso el 1-2

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Cristiano volvió a hacerlo. No es la primera vez que pide calma en la caldera del Camp Nou. Tras marcar, se dirigió a una grada que no dejó de increparle durante todo el partido y repitió un gesto que ya se ha convertido en un clásico de los Clásicos: manos extendidas, palmas hacia abajo, pidiendo tranquilidad. Un gesto que el Camp Nou vio ayer por cuarta vez.

 

Las dos primeras fueron en 2012. El 21 de abril, Cristiano hacía el 1-2 -como el pasado sábado- para lanzar de forma casi definitiva al Madrid de José Mourinho a la conquista del título. Medio año después, el luso repetía gesto en la Copa del Rey. El Madrid ganaba en la vuelta de semifinales al Barça, 1-3, con doblete del goleador portugués, aunque no acabaría por conquistar el título.

 

Era el décimosexto gol de Cristiano en un encuentro de la máxima, una respuesta, quizá, a los que le reprochan no aparecer en los grandes escenarios. No lo hay mayor que el Clásico, que volvió a decidir el de Madeira, autor además de un remate al travesaño y de una asistencia a Bale que no se convirtió en gol por no se sabe qué arcanos.

En el momento justo

El triunfo del Camp Nou llegó en el momento ideal de la temporada para el Madrid. Tras un curso trufado de problemas de toda índole, el equipo logró el mejor espaldarazo moral posible en el momento adecuado: cuatro días antes de iniciar ante el Wolfsburgo la pelea por meterse entre los cuatro mejores equipos de Europa.

 

El subidón se dejó ver sobre el propio césped del Camp Nou. Los jugadores hicieron piña para celebrar una victoria que, además, les sirve para compensar a su afición tras la puñalada del 0-4 de la primera vuelta. Pero todo eso queda atrás ante la importancia de lo que viene. La Champions es, desde hace meses, el gran objetivo blanco en esta temporada. La victoria en Barcelona supone el mejor combustible anímico para un grupo al que han asediado demasiadas dudas desde agosto del pasado 2015.

 

Los balones de la Champions, como metáfora de la realidad blanca, presidieron ayer la sesión de recuperación en Valdebebas. Pero el triunfo en Barcelona tiene un valor añadido. También siembra dudas en el eterno rival, que se encamina a un duelo durísimo en los cuartos europeos frente al Atlético. Y quién sabe si el desgaste de esa eliminatoria puede tener un coste de puntos en Liga. Desde el Madrid se insiste en considerar la Liga como una quimera, pero ya ha habido en Valdebebas más de una mirada de reojo al calendario. La temporada se va a jugar sobre todo en el frente europeo, pero el triunfo del sábado puede abrir las puertas de otro, totalmente inesperado.

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