Bou conocio al niño que lloro por su posible ida de Racing:” me conmovio” ¡mira el emcionante video de Tomas!

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La Pantera recibió a Tomás, el niño que quebró en llanto por su posible ida, y le dio su camiseta. “Me conmovió”, dijo el punta.

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No existe en el mundo entero algo tan genuino y enternecedor que una sonrisa o un llanto espontáneo floreciente desde el alma de un niño. De un niño como ese, por ejemplo, cubierto de una sensación estremecedora. “Ese” es el rubiecito tímido en apariencia, desbordado por una situación que lo deja pensando si se trata de algo real o de un cuento de fantasía. Lo supera lo que ve. Son las 11.30 de una mañana nublada y el momento mágico está por producirse en el playón del Cilindro. Tomás Echegaray, de seis años, todo vestido de Racing (medias, pantalón y camiseta), se queda paralizado al ver que su ídolo camina hacia él. El encuentro, gestado por  , se cristaliza. Gustavo Bou acaba de cruzar el portón para conocer -y sobre todo sentir- a ese pequeño que, a través de un video, el sábado conmovió a él y a muchos cuando estalló en un llanto desconsolado, de solamente pensar que el delantero puede irse de Racing a mitad de año.

Gustavo no quiso ir a la cita con las manos vacías ni hacerlo esperar demasiado. Antes de bañarse, recién terminada la práctica, abre la puerta trasera de su auto y retira una bolsa que lleva en su mano derecha. De adentro saca una camiseta con su número (el 7) y se la obsequia a Tomasito, que está inmóvil, maravillado, sin poder pronunciar palabra alguna. Se limita a contemplar a la Pantera, como si levitara en el cielo académico. Son minutos inolvidables los que atraviesa este chico y su familia. Son instantes que muestran a Bou en otro de sus tantos gestos impulsados por su corazón. Del corazón de un tipo solidario, humilde, sensible. Humano. Sin aires de estrella.

“Hola Tomás, cómo andás, esto es para vos. ¡Pensé que eras más grande!”, rompe el hielo el punta, previo a entregarle la casaca. “Vení, estirala bien. Pero bien, eh. Te la voy a firmar”, le avisa. A Tomy lo acompañan su mejor amigo (Mateo), su padre (Cristian), su hermana (Sabrina) y su abuelo (Ismael). Papá le explica a la Pantera que la reacción de su hijo en su hogar impactó a todos, que sufre por imaginarlo afuera de la Academia.

Gustavo intenta interactuar con el visitante, que lo mira a los ojos con el amor más puro y especial que el fútbol es capaz de generar. “¿Por qué llorabas?”, lo consulta. Y ahí llega el desahogo. Y aparecen las lágrimas otra vez, como en esas imágenes que empezaron a viralizarse por las redes sociales en la tarde-noche del sábado pasado.

Tomás no puede contener más sus ganas de llorar de alegría y suelta una explosión en medio del silencio, de la cámara que graba todo (a cargo de su hermana), de ojos húmedos a su alrededor. Sensibilizado, dominado por un aluvión de ternura, Bou lo alza, lo abraza de un modo paternal, lo mima, lo eleva hasta las nubes… Y le ruega: “No llores, vas a ver que pronto voy a volver a jugar y, si Dios quiere, a hecer goles”. Un rato después se confirmará que Bou viajará a Belo Horizonte para estar en el banco de suplentes, ya recuperado de un edema alrededor de la cicatriz de un desgarro en el bíceps femoral de la pierna izquierda. Es decir, volverá a quedar concentrado luego de siete juegos entre Libertadores y torneo local.

Tomás se aferra al entrerriano como si se resistiera a soltarlo para que el momento no se consuma nunca. Para que se haga eterno. Los bracitos rodean su cuello. Gustavo se derrite, incluso más que cuando vio el video en el que el nene derramaba lágrimas frente a su padre, mientras comía una factura gigante más por nervios que por hambre ( e envió el video del nene y Gustavo, inmediatamente, pidió el teléfono de un familiar para acordar un encuentro. “Por supuesto que me gustaría verlo para saludarlo y regalarle una camiseta”, le anunció a este diario. Cumplió: al día siguiente, habló con la hermana del chico, le pidió que fueran al Cilindro. Es la historia de un amor.

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