Bomba. Batalla confeso a que IDOLO de River que no esta mas en el club llama para pedirle consejos

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Batalla íntimo con  los consejos de Trapito, la banca de Gallardo y la historia de un hincha de River que además es el arquero titular de la Primera: “Estoy cumpliendo un sueño”.

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Qué querés hacer cuando seas grande? Una de dos únicas respuestas posibles: astronauta o jugador de fútbol del equipo del que sos hincha. Si el niño se inclina por la segunda opción, en Argentina una buena mayoría dirá “jugar en River”, a secas. Son quimeras, amores prácticamente imposibles que de pibe parecen completamente lógicas pero que en la adultez suenan ilusorias, proyectos de vida no cumplidos que de todas maneras no te frustran por lo ridículamente improbables que eran. Algunos, a lo sumo, llegan a periodistas, masajistas, analistas de videos, utileros o dirigentes: futbolistas frustrados que pudieron entrar al business mas no a la grama del Monumental. Cómo será. “Increíble, no tiene precio”, responde alguien por ahí. Uno que sí cumplió el sueño de millones de niños: y no es astronauta. Es Augusto Batalla, un hincha de River que además ataja en la Primera del club.

-¿Ya te acostumbraste a ser el arquero de River?

-Uf… Mirá, la realidad es que aunque cada día me siento más cómodo, más tranquilo y con más confianza, es muy difícil darse cuenta de que sos el arquero titular de la Primera de River. Yo soy hincha de toda la vida, y de chico iba al club, entrenaba en el sintético y veías a Carrizo, a Lux, y pensabas “qué locura”. Lo veía muy lejano. Hoy me toca y lo tengo que asimilar. Y los chicos me hacen sentir que ese es mi lugar. Eso ayuda.

-¿Es el arco más grande del mundo en serio?

-Ja, todos los arcos miden lo mismo, pero a veces quedás más expuesto. Porque por ahí te llegan una vez y te la clavan en un ángulo, y no tenés la posibilidad de cambiar la trayectoria de la pelota. Y es River: todo se mira con una gran lupa y siendo tan joven eso pasa el doble.

-También te juega a favor: por la edad es lógico que se te tenga más paciencia, ¿no?

-Seguro. Tengo 20 años y estoy asumiendo esta responsabilidad: no es fácil, y está bueno que haya gente coherente y tenga esa paciencia, pero no deja de ser el arco de River. Por suerte desde el primer minuto que entré a la cancha la gente me apoya muchísimo, confía en que puedo ser lo que el arco necesita, defenderlo. Eso me llena, me da confianza y estoy eternamente agradecido. Y ni hablar con la gente del club que conozco desde los cinco años que me alentó siempre…

-Ser hincha y estar desde tan chico también te da cierto handicap…

-El sentimiento por los colores suma. Y es así tal cual: si ves una foto mía de bebé, tenía los pañales de River. Es la parábola del sueño de cualquier hincha: si te preguntan de chiquito siempre vas a decir: “Jugar en la Primera de River”. Yo soy un hincha que está cumpliendo ese sueño.

-¿Cómo arrancás?

-¿Con el arco? Yo hasta los cuatro años jugaba de cinco, y bastante bien eh, pero un día faltó el arquero y dije voy yo. A partir de ahí empecé “papi, comprame unos guantes”, y ya me había fijado la idea de ir a River. Mis viejos, que son más de otro palo, de caballos de carrera y de trote, fueron muy abiertos y me ayudaron mucho. Imaginate que yo jugaba a la pelota entre las patas de los caballos, ja.

-¿Cómo fue cuando Gallardo te dijo que ibas a ser el arquero titular?

-Fue en el último partido con Gimnasia: dio la charla en la concentración y cuando terminó me dijo “Augusto, ¿te podés quedar dos minutos?”. A mí sinceramente jamás se me ocurrió que me iba a decir eso: que confiaba en mí, que me había preparado para esto y que iba a tener la posibilidad. Después del partido lo hizo público. ¡Imaginate cómo estaba yo! Tantas veces ver a los arqueros de River y ahora iba a tener la 1 en la espalda, es un sueño cumplido que tengo que defender todos los días.

-¿Qué pensabas cuando se hablaba de Armani? Sin menospreciar a Bologna, era campeón de la Libertadores, hubiera llegado con otra espalda…

-Sí, entiendo lo que decís, pero yo sabía que cualquiera que viniera iba a pelear mi lugar: Armani, el Beto, o el que sea. Yo estaba entrenando focalizado, porque iba a tener la posibilidad y a partir de ahí, dependía todo de mí, yo me forjo mi futuro. Y si las cosas se daban igual, venía Armani, y el equipo ganaba la Recopa y arrancaba así, yo seguía en el mismo lugar…

-¿Seguiste en contacto con Barovero?

-Claro, hablo semanalmente con Marcelo. Más allá de lo profesional, tenemos una relación que va más allá. Charlamos de la vida. Y después de cada partido hablo con él: yo veo los de él y él mira los míos y después los comentamos. Me ayuda mucho, tiene siempre las palabras justas.

-¿El mejor consejo que te haya dado?

-Un consejo que me inculcó es una frase que siempre nos repetíamos para mentalizarnos: mantenerte bien en la semana, con las comidas, con el descanso, jugar, tratar de hacer las cosas bien, rebobinar, ver el partido, analizarlo, corregir y ya focalizarse en lo que viene. Y repetirlo. Mantener esa estabilidad, en la misma línea, aprender.

-¿Es tu espejo?

-En el arco somos muy diferentes. Miro mucho fútbol pero espejos no tengo. Siempre te referencian con alguien, pero a mí me gustaría ser Augusto Batalla. Obviamente Marcelo me ayudó muchísimo, como otros arqueros.

-¿Por ejemplo?

-Mirá, cuando fuimos sparrings de la Selección para mí fue una especie de curso acelerado sobre cómo ser arquero: Sergio (Romero), Mariano (Andújar) y Agustín (Orion) estaban todo el día corrigiéndome cosas. Fue muy loco.

-Como jugar con Messi…

-Puf, sí, a veces hacían fútbol reducido y me decían “quedate a atajar un rato”. Yo me volvía loco, jugar en el equipo con Messi… No te lo olvidás.

-¿Te pasa lo mismo con D’Alessandro?

-Sí, ni hablar. Son tipos que yo veía jugar de pibe y que siempre admiré. Compartir plantel con él, como pasó con Lucho, Javi (Saviola), Aimar, Leo Ponzio, es muy loco para mí, los ves y no lo podés creer. Incluso a Marcelo (Gallardo): sus goles a Boca los mamé de chico.

-¿Alguno te caga a pedos?

-El que me apuntala muchísimo es Leo Ponzio. Tengo una gran relación con él, lo escucho mucho, es noble, de códigos. Cuando habla sabés que hay que escucharlo, por algo es capitán y ganó tanto.

-¿Ya pegás algún grito como en la Sub 20, cuando hacías las arengas?

-En las Selecciones lo hacía porque el grupo me daba ese lugar. Hoy siendo tan joven me toca aprender de los más grandes. Por algo Dios nos dio dos orejas y una sola boca: para escuchar más que hablar. Sabe más el que más escucha, y yo hoy tengo que hacerlo. Si algún día ser referente, ahí hablaré.

-¿Estudiás rivales?

-Sí, me encanta. Veo todo. Más allá de estudiar delanteros, me gusta analizar cómo nos van a atacar, dónde generan juego los rivales, etc.

-¿En su momento te bajoneó no ir al Madrid?

-No, obviamente viene el Madrid o el Barsa y te tiemblan las piernas. Hubo contactos formales, pero no se dieron los tiempos. Y para cualquier joven puede ser duro, pero a mí me potenció.

-Te habrá generado cierta presión, también.

-Claro, ibas a jugar con Reserva y de 100 ojos, 98 me miraban a mí. “Ese es el pibe que quiere el Madrid, a ver cómo ataja”, decían. Y había que demostrar, pero es la misma linda presión que tengo hoy.

-¿Te quedaron ganas?

-Yo quiero atajar en River muchos años. Y después, pasar a un grande de Europa. Pero hoy estoy cumpliendo un sueño acá.

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