Boca es una fiesta en su casa y Riquelme es un espectador de lujo en su casa

0
258
Publicidad

¿Este es el mismo Boca que se arrastraba el domingo pasado? ¿Este es que el que no podía meterla? ¿Esta es el que tardó seis partidos en convertir? ¿Este es el que no podía ganar, hasta que lo logró en San Juan? De repente se destapó el equipo, con Arruabarrena haciendo pie como técnico en el temporal interno, con Tevez despabilado y veloz, con el equipo confiado desde ese arranque feroz al toque y con gol de Bentancur a los 35 segundos. Y una victoria, la del miércoles pasado, que llevó a ésta, por goleada contra Newell’s, que venía de meter cinco. Con un equipo más básico y clásico, con Riquelme sonriendo en la tribuna y la gente de fiesta, despidiendo a Carlitos en el cambio con el “que de la mano de Carlos Tevez, todos la vuelta vamos a dar”.

A no caer en la bipolaridad, en decir ahora que Boca está para campeón, que Boca es imparable, que ya no lo para nadie. Lo que sí se rescata y se vio, impulsado por ese gol temperanero, es que el equipo recuperó la tranquilidad y la confianza. Jugó sin urgencias, no hubo casi errores personales y Orion sufrió muy poco. Con un Tevez movedizo y un Palacios haciendo daño con su rapidez y verticalidad, con Lodeiro esta vez activo, esta vez increíblemente le sobraron goles. Fueron cuatro contra un rival que dejó muchos espacios y que dio poca pelea aun descontando en el segundo tiempo.

Ahora está felí, Boca, se puede decir ya que estuvo en cancha el gran ídolo. Después del temporal, real, nada ficticio, los referentes aparecieron y con dos triunfos seguidos lograron que Arruabarrena pudiera mantenerse, cuando seis días atrás estaba casi con los dos pies afuera. Y ahora va con más aire, con otro ánimo a ese arranque de Copa, esa Copa que tanto quería dirigir el técnico.

 

Comentários no Facebook