Boca empato con Racing sin goles por la copa ¡Boca,sigue igual aunque este El Melli de Dt!

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Que las cosas cambien de un día para el otro es cosa exclusiva de los milagros que, como sabemos, nunca ocurren mientras se los espera. Guillermo asumió hace horas, y casi sin dormir tomó un par de decisiones rápidas. Recién en las próximas semanas tratará de inocularle a sus jugadores esa idea genial que tiene, acerca de que la táctica está para defender y la libertad individual para atacar.

Lo que se vio en el vacío de la Bombonera, donde volvimos a pagar otra cuota de la hipoteca en favor del Albert Einstein de las tribunas apodado El Panadero, fue un poco más de lo mismo. La diferencia con al partido del domingo pasado consistió en que no perdimos. En todo lo demás se repitieron la tenencia criteriosa de la pelota, el rol de Gago como conductor de todas las iniciativas y la impotencia para llegar al gol. El cambio de Chávez por Palacios le dio al ataque más volúmen físico pero menor velocidad, por lo que ganamos y perdimos al mismo tiempo. ¿Racing? Bueh, Racing: un equipo que hizo hombre en toda la cancha, no atacó nunca y recién en los últimos minutos salió un poco del sótano en el que estaba empalideciendo como Michael Jackson para ver si la moneda de la injusticia caía de nuestro lado. La última jugada del partido, con un tiro libre a su favor, reveló a fondo sus intenciones cuando ni uno solo de sus jugadores pisó el área de Orion aunque más no fuese para entrar en el cuadro de la tele. Pero también podemos hacer una lectura menos resentida y más realista y admitir que el resultado no nos favoreció, y que las estadísticas implacables de la Libertadores nos dicen que sólo logramos un magro 33% de los puntos que disputamos.

Tuvimos algunas chances pero nos faltó pólvora. Si buscamos la pérdida, el lugar exacto donde se pinchó el caño que lleva los ataques a su punto de explosión, no será fácil detectarlo. En cambio, sí podemos fechar su antigüedad, que viene de lejos pero recrudeció este año. Quizás sea una temporada de timidez en los jugadores dotados para desequilibrar, o de una exagerada contención mental que les impide asumir el riesgo de decidir sin red. Son problemas de desánimo que, quizá, Guille va a solucionar.

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