Bianchi y El vasco repiten el misma historia y el mismo FINAL

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Cuesta creer que, después de lo que esta misma dirigencia vivio con Carlos Bianchi en agosto de 2014, someta a Rodolfo Arruabarrena -un buen entrenador y un buen tipo- a un proceso de desgaste inútil. Si los dirigentes de Boca creen que el ciclo del Vasco terminó, no tiene sentido estirar la agonía. Al Virrey -un DT elegido por la gente y no por la CD- le hicieron daño extendiendo un plazo vencido, juguetearon con su nombre para pagar el precio de echarlo. Es mucho más caro faltarle el respeto actuando un apoyo que no era tal.

Ahora la historia se repite con el Vasco, al que sólo lo sostiene su propio voluntarismo de creer que podrá sacar adelante un proceso herido de muerte. Sin apoyo de los que mandan no se puede hacer mucho. Arruabarrena no se va por mal verano ni por un resultadismo extremo. Se va porque, aunque acumuló méritos al ganar el torneo de 30 equipos y en menor medida la Copa Argentina, siempre estuvo de prestado: tomó un cargo que era para otro. El Vasco agotó las vidas después de la eliminación contra River en la Copa Libertadores. Aunque fue el gas pimienta, el equipo jugó un pésimo primer tiempo. Imposible saber qué hubiera ocurrido en los últimos 45 minutos, pero lo que queda -aunque sea injusto, y lo es- es que a Japón el que viajó fue River…

Es cierto que es fácil para cualquier dirigente agitar el parche para que rajen al Vasco, porque el que pone el gancho es el presidente… A Angelici le cuesta apretar el gatillo y es entendible, pero de una vez tendrá que poner al técnico que siempre quiso para el equipo. Para que el apoyo sea real y no impostado…

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