Arruabarrena está inseguro y el plantel lo siente. ¿A qué juega el equipo?

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A un día de la final de la Supercopa, Boca pulula entre nombres y sistemas.

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4-3-1-2, con Lodeiro de enganche y Tevez y Chávez arriba.

3-5-2, con Insaurralde por Lodeiro y Peruzzi y Silva al medio.

4-4-2, con Gago adentro en lugar de Peruzzi, Meli de 4, el reingreso de Lodeiro y Osvaldo y Tevez al ataque.

Cuando Arruabarrena se sentó por primera vez en el banco de Boca tenía claro cuál era su idea de juego. Quería un equipo corto pero ancho, con extremos que abastecieran al centrodelantero y volantes que llegaran al área por el medio. Ese era el ideal, el objetivo. O al menos lo era hasta que pasó lo que pasó en aquél fatídico cruce contra River.

Esa Copa Libertadores cambió al Vasco. Ya no hubo extremos, volantes con llegada ni idea de juego: la idea pasó a ser Tevez. Salió campeón porque la llegada de Carlitos le dio un envión anímico importante a un equipo devastado desde lo futbolístico, e incluso así necesitó de alguna manito extra para conseguirlo. Repasemos los partidos clave: por el campeonato, 0-1 vs. San Lorenzo, 1-0 vs. River y 1-3 vs. Racing; y 2-0 vs. Central por Copa Argentina. ¿Hubo una notable superioridad de Boca en alguno de ellos? No, no la hubo, pero Tevez se encargó de que no quedara en evidencia.

Ahora, con el Apache bajo, esa falta de juego se potencia, haciendo que Boca caiga siempre en el mismo agujero, ese en el que también cayó Tevez. Entonces cambian los nombres, varían los sistemas, pero el equipo no aparece. Reencontrarse con la idea es la única solución aparente. El tiempo dirá si lo consiguie.

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