Analisis del SUPERCLASICO

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Carlitos hizo un penal increíble, Boca se descontroló y River ganó el Súper manejando muy bien los tiempos.

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Se inauguró la temporada de verano. Con pocas certezas futbolísticas, pero con muchas puntas para tejer una idea de lo que será el futuro inmediato. River, sin brillar, tuvo más aplomo. Y Boca fue un tsunami. Lo tapó el agua y no llegó a explotar el potencial de su plantel.

Igual, esto recién es el comienzo. Porque no se sabrá cuál es el Boca verdadero, si el que comenzó más lúcido (Barovero salvador manoteó al corner una carambola) o el que se descontroló luego. Tampoco si River vivirá al ritmo de Pisculichi o a la auspiciosa conducción de Nacho Fernández, un cerebral que en un pase magistral demostró que tiene una lectura veloz del juego y sus circunstancias. Por ahí parece poco, ¿pero importa? Sin dudas, el talibán que vive en la mente del pibe Silva definió gran parte del juego. Mientras River mantuvo el ritmo cansino que impuso la zurda del creativo Piscu, el equipo del Vasco jugó al ritmo frenético de Osvaldo y Cía. Cada pelota, para el Xeneize, fue la última. Y se pasó de rosca. Bandera roja. Mar picado. Picadísimo. Y, por si fuera poco, Tevez le dio una manito al Muñeco y su ballet. Un penal insólito que aceleró aún más el ritmo cardíaco de un Boca que ya no pudo hacer pie.

Con uno más, con la ventaja, el Millo le bajó las pulsaciones al ritmo. No lo aplastó, más bien administró los tiempos con posesión. Bien el fondo millonario, sobre todo con un Balanta que se morfó a Osvaldo. Nacho Fernández tuvo momentos lúcidos que marcan su calidad. El final pandillero, el todos contra todos, llevó el agua hasta las carpas. Esto continuará. En las montañas.

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